La clase también nos atraviesa

Estamos acostumbradas a hablar en términos como que hay diferentes feminismos y no solo uno, que tenemos que saber ver aquello que nos atraviesa (las intersecciones, como por ejemplo la raza), que lo personal es político…Pero yo me pregunto, no será que hay términos que hemos olvidado y que otros se han convertido en mantras o mainstream?

mujeres-trabajando

Parece ser que hablar de clase duele a la vista, hay quien piensa que está pasado de moda. Yo digo, una cosa es que resulte oxidado e incompleto decir que todo se soluciona con la lucha de clases, i la otra es substituir palabras, hablar de desigualdades o precariados, de las injusticias, sin decir las cosas por su nombre. Verdad que da rabia cuando le sacan cafeína a los feminicidios? Mucha. Pues a mí también me duele sacarle contenido a la clase social y teorizar en tal exceso que acabamos aceptando condiciones de vida muy muy esclavas. Y sí, chicas y chicos, la clase nos atraviesa de mala manera. Y no me es posible obviar eso en mi práctica y en la teoría feminista.

Antes de ponerme a teorizar, que no siempre me sale porque con que no pude acabar de pagar los estudios el autodidactismo llega donde puede, y que coño que no tengo ganas, utilizaré esto de que lo personal es político. Y es que no me sale de otra manera:

La señora que se mofaba de mi padre ( ella no sabía que era mi padre) porque él no es tan locuaz como ella en catalán, aunque lo habla mucho con acento andaluz, y también porque fruto de la escasa formación tiene una letra jeroglífica, esta señora clasista, llevaba puesta una chapa contra la violencia de género.

El señor que se reía de mi madre por que hace faltas cuando escribe en catalán porque ella tiene estudios pero no tiene formación super superior ni es de las que ejerció una profesión liberal (él no sabía que ella era mi madre) es de estos progres que te los encuentras en las manis  contra las guerras, contra el racismo y las del 25N en Barcelona.

La señora que me dijo que debía ir al psicólogo por que llevaba cresta, botas y fumaba porros en la puerta del colegio de un barrio de clase media alta que no era mi barrio  (aunque yo tenía una media de notas brutal) era mi tutora y nos enseñaba que las mujeres podíamos hacer lo que quisiéramos, supongo que se refería a las de su barrio, no a las del mío. En esta misma escuela uno de los profesores consideraba que mi barrio era peligroso, un profe que nos enseñaba lo guay que era la economía cooperativa.

Cada día tengo que planchar la ropa a la gente, hombres y mujeres, que son progres, que van a manis, que llevan chapas contra las violencias, contra la penalización del aborto, las guerras etc. I estas mismas me tratan como si fuera la criada a su servicio. Algunas llevan rastas y los pelos a lo progre, la ropa progre, algunas hasta se pasaron por el 15M, o están en movidas vecinales…pero ei, yo tengo que cumplir mi función porque estoy a su servicio.

Dentro de las que trabajamos fuerte, sí, hay niveles. Hay quien no ha vivido tantas y tantas veces como yo el hacer todas fuerza des de pequeñas en casa, mirando ofertas de trabajo en los periódicos ( La Vanguardia, El Segundamano…) porque mi padre, otra vez, había quedado en el paro. Eso sí, he sido muy feliz. O el tener que vivir en 20 metros cuadrados a la fuerza. O en un barrio más abajo en el que la policía no entra y te suben los olores y las cucarachas de los bajantes del edificio cada día. O bien explota el contador del edificio. O cualquier cosa infumable.

Hay quien no ha vivido el discursillo clasista benevolente y piadoso, de quien viene a traerte montañas de ropa, mientras la noche anterior has tenido que hacer guardia porque a una vecina adicta a la cocaína y maltratada le quieren quitar el hijo, o a la otra el ex la amenaza con un hacha, o vienen a buscar a los chavales sin papeles del parque para expulsarlos, o resulta que no tenías dinero para el butano o para la luz y has tenido que tirar cable de la vecina, o pasar un frío del diablo por que justo ese año nieva. Eh y sonríe.

Hay quien no ha pasado meses cenando arroz hervido o pasta sin nada. I mientras, verdad, las señoras con la chapita del símbolo feminista apretando para tener la ropa a punto, o rápido, o perfecta o vaya usted a saber. Ah, sí! y hablándome en castellano.

Hay quien no ha tenido que escuchar el discurso clasista de las encargadas de los presos de la cárcel. Aquella señora tan formada en cosas sociales que me quería hacer pasar por el aro textualmente, y que se pensaba que soy sumisa, tan lista y liberada ella.

I la verdad es que yo sí. Y estoy harta. No son mis compañeras, como tampoco lo son las que están organizadas en espacios donde se le lame el culo al empresario cuando los/las trabajadores/as mueren en las fábricas, o que consideran que un aspirador o una escobilla para el baño es un regalo precioso para las trabajadoras. Ni con las que se piensan que el sistema de turnos que enferma al compañero, a los compañeros, no está tan mal, o aquella que…da igual. Para mí la cosa es fácil, o se desclasa o no hay diálogo, que no. Que no tengo por qué compartir nada con el machista que no quiere dejar de serlo pero tampoco me siento afín para nada con quien ejerce poder de clase. Ya sé que esto me acota mucho el campo de acción y que queda feo decirlo pero es así.

Y es que no le daré más vueltas. Si tenemos que contemplar y señalar todo lo que nos atraviesa no nos olvidemos la clase, que también es vieja, mata y crea sumisiones. La sororidad también la quiero escoger y no bebérmela como un dogma. Llamadme selectiva.

Mireia Redondo Prat

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