Defendiendo la Autodefensa (I)

Este texto consta de tres partes. En ésta se incluye la intro y la parte de análisis. Las siguientes hablarán del concepto de autodefensa/acción directa a no confundir con punitivismo ( autogestión, autoorganización, acción contra el sistema, construcción de espacios, que entendemos por pedagogía…); las herramientas que tenemos ( las limitaciones de los protocolos, la colectivización de la responsabilidad, la creación de prevención y educación, líneas de actuación contra la burocratización…); notas sobre los límites del lenguaje no violento, de los conceptos como sororidad o empatía, señalar a las malas feministas…

INTRO

Quería empezar diciendo “de un tiempo a esta parte estamos en una peligrosa, no diré deliberada porque espero que no, confusión entre autodefensa y punitivismo”, pero sobra el “de un tiempo a esta parte”. Desde que tengo memoria los machismos que sufrimos dentro de los MMSS y la manera de afrontarlos es uno de los debates por excelencia. El método de denuncia y la manera de encararlo, si es que se afronta, dentro de nuestros espacios es una discusión central. Paremos. Volvamos a leer la última frase. Si no os habéis dado cuenta de la tristeza que contiene es que efectivamente nos queda mucho por hacer: el debate SIGUE siendo el método de denuncia de las agresiones que se dan en nuestros espacios y no el hecho de que aun se den agresiones y silencios.

Se está poniendo una enorme cantidad de energía negativa en cuestionar los métodos y esto no es nuevo y ocurre cada cierto tiempo, cada cierto tiempo que uno o varios casos de agresiones salen a la palestra y se mantienen ahí ( y no se acaban de resolver ). Quizás alguien dirá que una respuesta agresiva o violenta a una agresión es funcionar como lo hace el patriarcado. Esto me parece bastante esencialista: plantear que el uso de la violencia es solamente una herramienta patriarcal cuando es precisamente la no respuesta habitual lo que reafirma el sistema. Plantear, por ejemplo, que las mujeres no usamos la violencia es directamente mentira, como lo es el decir que los feminismos no las usan ( solamente hace falta ojear la historia de las mujeres obreras, las mujeres antifascistas o las feministas autónomas ). Precisamente el sistema heteropatriarcal nos expropia de muchas herramientas, una de ellas es el uso de la violencia; nos dice que les mujeres debemos ser y somos pacíficas, inactivas, sumisas, pedagógicas, pacientes, sufridoras etc. Entiendo pues que seguir diciendo que el feminismo es igual a usar métodos no violentos, pacíficos y pedagógicos es seguir perpetuando una serie de estereotipos que se supone que queremos cuestionar.

Así también entiendo que las feministas tenemos más de una herramienta, no solamente una, y que cada herramienta es solo eso, una herramienta, no un objetivo. No nos basamos únicamente en la pedagogía y de hecho cuando hablamos de hacer pedagogía nos podríamos preguntar a quien exactamente necesitamos hacer y queremos hacer pedagogía, o sea, con quién queremos gastar más energía para nuestro objetivo que, salvando las múltiples diferencias, entiendo que sería nuestra liberación, dicho rápido y mal. ¿Haremos pedagogía hacia nosotras mismas? ¿Hacia otras mujeres que serian nuestras iguales ( mujeres precarias de clase trabajadora )? ¿Hacia nuestros compañeros y en espacios mixtos?¿Qué cantidad de energías destinaríamos a cada lugar?

Alguien dirá que después de tanto tiempo de proponer denuncias públicas y acción directa  o colectivización si no ha funcionado quizás tendremos que cambiar. Este argumento cae por su propio peso por el simple hecho que estos métodos casi ni se han puesto en práctica y porque las carencias son más profundas, anteriores y globales, y es eso precisamente lo que hay que abordar ( parecerá simple pero acabar con las opresiones será la única manera de evitar la aplicación de cualquier medida ).

Por último pensemos qué supone para las agredidas convivir con los agresores, o qué supone para muchas saber que tal o cual son unos babosos, machistas, etc y siguen en nuestros espacios. ¿Resultará que el hecho que, por ejemplo, en mi caso, cada vez que vaya al barrio de Sants tenga que preocuparme por si tendré síntomas de estrés post traumático es un sacrificio muy feminista para no dañar al agresor o a los colectivos. Ansiedad por la causa, muy bien, muy innovador no? Creo que utilizamos mucho el “cuidémonos” pero que luego no lo aplicamos o lo usamos de arma arrojadiza para, directamente, justificar la falta de responsabilidad colectiva en nuestras maneras de funcionar.

Alguien dirá que necesitamos construir y que por ese motivo las denuncias públicas y el no aceptar a los agresores en nuestros espacios está muy mal, que es punitivismo. Mantener a machistas y al machismo en nuestros espacios no cambia absolutamente nada ni nos diferencia de cómo va el mundo ni hace temblar las bases del sistema. Es más de lo mismo. Ahora bien, quizás el tema está en los ojos que miran: no aceptar machistas ni machismos en nuestros espacios  NO PARTE DE LA FILOSOFÍA DE CASTIGAR SI NO DE LA NECESIDAD DE CREAR ESPACIOS SEGUROS PARA TODAS. O sea que podemos poner el foco en el que siempre es importante, él, y lamentarnos de que se le pida que se vaya, o podemos desviar el foco, innovar por una vez, y considerar lamentable que una o varias compañeras están mal. A ver, ¿cómo miramos? ¿A quién miramos? Me parece mucho más saludable una gestión o mejor dicho un afrontamiento colectivo y me parece que herramientas mucho más veneradas, como los protocolos, fomentan más el punitivismo. ¿Por qué pienso que es más saludable? Porqué el grupo realmente lo trabaja, no se adhiere simplemente a una mecánica, y al trabajar la cuestión se va avanzando hacia la prevención y sensibilización. El objetivo no es protocolo ni es el taller pedagógico, el objetivo es cero agresiones.

Total que al final me he animado a escribir y esta chapa es solamente la primera parte. Antes de seguir solo quiero decir que sí que es cierto que se ha ido avanzando, que en algunos casos se han encarado las cosas con  mucha dignidad y honestidad, pero que la tónica general es una resistencia colectiva tremenda a usar métodos que no sean o bien legalistas o bien pedagógicos ( entendiendo pedagogía como silencio y sacrificio ), y al mismo tiempo, de manera inevitable, un montón de mujeres con un malestar tremendo y miedo a hacer nada público porque ya saben que las criticarán por haberlo hecho público. Houston tenemos un problema.

ANÁLISIS. VIOLENCIAS DE GÉNERO, ESPACIOS SEGUROS, CARENCIAS

Cuando damos propuestas pensadas para afrontar colectivamente las agresiones y los machismos dentro de nuestros espacios es porque estamos asumiendo que estamos espacios que nos parecen especiales. Se supone que son nuestros espacios de confianza y seguridad. Pensemos por un momento qué significa para nosotres emocionalmente nuestra asamblea/militancia. Nos identifica y mucho. Nos identifica porque es un espacio emocional, con relaciones fuertes, es una postura ante la vida, es lo que somos y el cómo somos. Es así porque queremos crear oasis y semillas de transformación pero también, aunque sea tácitamente, son espacios que por definición no deben tener nada que ver con el mundo hostil que nos rodea. Hemos asumido que no somos seres de luz (¿ lo hemos asumido?) y que no son espacios libres de agresiones, pero eso no significa que tengamos que dejar que ocurran o que tengamos que dejarnos llevar por las mismas dinámicas del mundo hostil. Son espacios muy nuestros en los que, no nos engañemos, depositamos grandes dosis de expectativas de que van a ser confiables, seguros, y donde encontraremos apoyo. Una expectativa que dado el discurso que damos hacia afuera debería de poder ser también exigible internamente. Por eso cuando se da una agresión machista es especialmente doloroso para la agredida y para muchas de nosotras, ya aun es más doloroso el hecho que de manera automática se usen todos los mecanismos de negación, juicio, duda etcétera que desembocan en no creer a la agredida, no admitir la respuesta de la agredida, no tomar medidas, o disciplinar continuamente a aquellas que perturban la “paz social”

Entiendo que también es doloroso, por el mismo significado que tiene para nosotras la militancia o el activismo, para el entorno del agresor que se le pida que abandone el espacio, ya que a menudo estos espacios son nuestra vida. Por eso aparece siempre el “pobre, estará excluido o vetado de un espacio que le encanta, qué hará”. Ah pero es que exactamente eso también le pasa a la agredida pero no nos exclamamos igual. Simplemente damos por supuesto que ella aguantará o que al final las mujeres se van, porque claro como hemos crecido en ambientes machistas y no sabemos exactamente cómo afrontar nada, y resulta que no vemos claro que ÉL tenga que marchar, ELLA al final desaparece. Pero claro, no duele igual que ellas abandonen porque no se lo hemos requerido, no nos escandaliza de la misma forma porque nos autoengañamos pensando que no ha formado parte de ninguna decisión. Pero sí que ha formado parte de una decisión, de un posicionamiento, el de no mover, ni remover, ni tomar determinaciones, todo a costa de las agredidas. Dolorosamente prescindibles por el bien de la paz social. No nos hemos tenido que responsabilizar, no hemos encarado ( ni nosotras ni el grupo ).

Al final la emocionalidad de él y de su entorno son lo importante y la emocionalidad de ella la reprobable. Se entra en la perversión de la imposición de emocionalidades ya que la respuesta emocional de ella no es bienvenida pues perjudica la emocionalidad de él. Y volvemos otra vez a tener que parar y reflexionar sobre  dónde ponemos el foco de la culpa, en quien ponemos el foco de la responsabilidad, en quién el de la permisividad, y entonces veremos cómo quizás estamos innovando muy poco. Hay una perversa imposición de emocionalidades, y digo imposición porque la cosa no está solo en que el agresor ha agredido primero y la agredida simplemente responde como cree adecuado. La cuestión está en quién ha perpetrado un abuso y quién no está en disposición de exigir una comprensión exquisita…Apelar a la emocionalidad del agresor post denuncia pública/respuesta como centro del enfoque mientras se desprecia la emocionalidad de la agredida es una imposición. Se sigue planteando que la agredida es cuestionable y el agresor cuidable. Y esto no significa que no haya carencias en, por ejemplo, como plantear el cuidado de las persones que son cercanas al agresor o al machista y lo quieren, y tienen que pasar un mal trago, pero estas carencias solo nos pueden llevar a pensar como las abordamos para poder completar la manera de colectivizar esto, y de ninguna manera nos debe llevar a dejar de usar todos los medios que tenemos a nuestro alcance, incluyendo la acción directa.

Me parece muy osado decir que no se hace suficiente pedagogía y creo que es un autoengaño más. Aquí tenemos que ser muy serias porque llevamos suficiente tiempo ya como para poder hacer un cómputo completo de todas las charlas, debates, talleres, gestalts, batucadas, exposiciones, documentales, cineforums, lecturas, webs, libros, artículos, jornadas, explicaciones, yo que sé que más. Nunca hemos dejado de hacer o de organizar para tratar el tema de los machismos. De todo hemos hecho y hacemos. Y que unas hagan más cosas de un tipo que de otro no es contradictorio, o sea de la misma manera que no se puede obligar a todas a usar la acción o a exponerse, tampoco se puede hacer lo contrario, y si nos toca reaprender a convivir, pues se reaprende. Y a ver, que después de tanta pedagogía, aun sabiendo que hemos avanzado, también sabemos que EL PROBLEMA sigue estando ahí. Lo que nos pasa es que no da una pereza tremenda y comprensible conflictuar hacia adentro.

Esto que nos pasa de que nos preocupa mucho qué será del agresor cuando nos abandone, mucho más de lo que nos preocupa qué será de la agredida, no es cosa exclusiva de los MMSS, pasa en todas partes. No podemos analizarlo como si lo pudiésemos desligar de todas las dinámicas que se dan cada vez que se señala una actitud machista o un agresor. Si lo miramos como algo anecdótico que nos pasa solo a nosotras lo estaremos vaciando de contenido. Resulta más benévolo y cómodo pero no nos saca del atolladero del que se supone que queremos salir.

Para empezar recordemos siempre que las violencias machistas dentro de las relaciones afectivas i/o sexuales tienen la particularidad de que son perversas porque se dan en espacios y momentos de intimidad y confianza. Por eso están más normalizadas e invisiblizadas, pero por eso son más peligrosas y más difíciles de afrontar. No solo se rompe un espacio/momento de confianza plena para cometer un abuso o traspasar de manera flagrante unos límites, sino que el hecho de que se dé en momentos generalmente íntimos nos hace entrar en el fango de “las versiones”. Ya entraré luego pero solo quiero apuntar que pensar en versiones es pensar en los términos de la justicia burguesa, y dudar de lo que dice la agredida es actuar como actúa el sistema entero, pensar en mediaciones cuando hay abuso o agresión significa poner a la misma altura y consideración a la agredida y al agresor, y esto también es lo que hace el sistema entero. Otra vez no innovamos.

Pero es que además cuando esto pasa en nuestro espacio de activismo o militancia son dos confianzas las que se rompen. Si el espacio no responde la ruptura es enorme. Dos pilares de tu vida, la persona en que confiabas y el espacio en el que confiabas, ya no solamente no son sitios donde agarrarte si te caes, es que directamente han traspasado tus límites y no te han apoyado. Eso no supone reparación ninguna. ¿Dónde está la reparación si no hay espacio de confianza? ¿Dónde está la reparación si es el espacio el que te exige a ti? Será quizás el dolor del grupo el que se verá reparado, pero si aun no entendemos que el dolor del grupo no es el único objetivo y nos olvidamos de reparar lo que ella ha pasado significa que tenemos que reflexionar mucho en qué entendemos por reparación. Y la reparación es uno de los pilares esenciales que no excluye otras herramientas como la Acción Directa.

Los mecanismos que se generan en las relaciones de violencia machista, los mecanismos que empapan nuestras actitudes ante las relaciones largas, cortas, casuales, da igual, tiene que ser observados y tenidos en cuenta cuando encaramos una denuncia por agresión dentro de nuestros espacios, si no estaremos fallando en los mismos puntos siempre. Obviamente si fallamos es porque lo intentamos, que ya es. Alguien dirá que por eso aun tenemos que centrarnos en la pedagogía interna. Pero precisamente porque sabemos que nos equivocamos, que no somos seres de luz, entonces tenemos que entender primero, mucho antes de presionar a la compañera que hace demasiado ruido, que no estamos libres de agresores ni de machismos, ni estamos libres de los miedos que nos generan los conflictos, ni estamos libres del miedo que nos hace aguantar para que el colectivo no nos haga el vacío. De lo que sí nos podríamos librar es de cuestionar de manera continuada a las compañeras que usen la Acción Directa y la denuncia pública, en redes, en colectivos mixtos…Y no es porque no se puedan hacer críticas o aportaciones, es porque poner bajo crítica precisamente a las mujeres que hacen acción y denuncia es simplemente ponerlas en la picota y lo sabemos. Los errores humanos no pueden ser siempre el escudo tras el cual nos escondemos y señalamos a las malas feministas, las del ruido, ni tampoco puede ser nunca una estrategia positiva o feminista. Más tarde entraré en los mecanismos que se dan por parte de los colectivos para no responsabilizarse y que acaban siendo armas contra las feministas ruidosas.

Llevamos trabajando el tema desde hace años desgraciadamente, acompañando a muchas en su resignación, miedo y silencio, a otras en total exposición pública. Y eso nos tendría que hacer reflexionar: aun hay agresiones y agresores. Las agredidas se van, enferman, hay literatura y experiencia para afrontar las agresiones que se ha leído o explicado poco, vemos claro lo que hacen en otros lugares ( las zapatistas o las kurdas ) pero no nos lo aplicamos. Seguramente ha habido una mala transmisión, agotamiento y abandono, y muchos dolores como para estar hablando de lo mismo durante años. También sabemos que son temas y literaturas que cuesta hablar colectivamente. Tenemos los mismos puntos muertos: publicar sí o no, anonimato sí o no ( ojo que no se considera igual que salga el nombre del agresor que el de la agredida, si ella no da el nombre se le resta credibilidad, si sale el nombre de él al pobre se le estropea la vida, vayamos con cuidado porque hay que masticar bien lo que nos pasa ), denunciar fuera o no…pero los casos siguen apareciendo. Confundimos sacar a los agresores con ser policías, dudar de la agredida con ser cuidadosas con el agresor y el grupo, confundimos el chantaje emocional con la sororidad y el cuidado de la integridad del grupo, confundimos herramientas con objetivos etc. Y no pasa nada por confundir siempre y cuando no se convierta en un estado permanente para evitar el conflicto. De hecho el conflicto ya existe, la cuestión es encararlo sin excusas.

Toda confusión, dolor o carencia tiene solución y es reparable, pero que ninguna solución pase por cuestionar la autodefensa y los espacios seguros.

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Defensant l’autodefensa (i III)

Bé, doncs, enceto ja la última part d’aquesta defensa de l’autodefensa abordant tota la part de mecanismes, eines i dinàmiques que despleguem i/o podem posar en pràctica que em queda per assaltar.

Una altra de les bases de l’AD/ADF seria el Suport Mutu o Sororitat i entenc que hauria de ser la primera eina a posar en pràctica quan ens arriben notícies d’agressions. Ho entenc com a indiscutible com entenc com a indiscutible el Suport concret i real en cas de, per exemple, casos d’acomiadaments, vagues, desnonaments etc. Per què hauria de posar en dubte l’agredida, negar-li el suport o donar-li només amb la boca petita i petit comitè? Podem apagar els mecanismes misògins que se’ns desperten cada cop que surt un cas i donar la calidesa i el soroll que fan falta?

Segons el meu parer la Sororitat és un concepte plenament polític i el seu sentit no varia en funció de si l’agredida em cau bé o malament. Ni tant sols depèn de si jo hauria fet les coses d’una altra manera. El suport es practica i prou, ja que sense aquest és pràcticament impossible construir res de nou. Realment a algú se li acut construir sense les agredides, sense donar el suport necessari? És constructiu i innovador condicionar el suport a que elles es “comportin bé”? Ni és constructiu ni és innovador i de fet no se surt de cap dels cànons que se’ns imposen. Només hi ha certs supòsits en els que no donem suport, i són supòsits bàsics com no donar suport a feixistes, classistes, racistes, transfobes, homòfobes, explotadores i tota aquella que no sigui la nostra igual i que plantegi una societat vertical. És així perquè el suport mutu i la sororitat es dónen entre iguals i mai han de ser una excusa per apuntalar a qui explota o agredeix. Per la resta, el suport es practica i si no ho fas simplement estàs posicionant-te, per omissió. La sororitat no és romàntica, no és ser amigues, i sobretot, no és una excusa per no afrontar les agressions col.lectivament. I tot i així tenim certs problemes amb això.

El primer problema és últimament habitual i justificat amb voltes teòriques i és el posar en dubte les dones que denuncien públicament, esgrimint arguments ja gastats. Per moltes paraules boniques i ben sonants que hi posem, assenyalar públicament les dones que denuncien les agressions és reforçar els ja coneguts “els draps bruts es renten a casa” o “no diguis res pel bé de la família i del què diran”. Això no només no té res de sororal si no que a més té un alt component repressiu exemplificant: si fas pública l’agressió el grup t’aïlla o et difama o et fa una contracampanya. I això naturalment és un càstig a una que ja persuadeix a les altres que puguin estar pensant en fer públic res o mostrar suport incondicional. Un càstig és punitiu, per posar les coses al seu lloc ara que sona tant aquesta paraula. El mecanisme del càstig a la que fa pública l’agressió és nou? No. És una mostra de suport? No. És una manera més de bloquejar i anular qualsevol iniciativa d’encarar la gestió que no sigui la que el col.lectiu vol, i en casos en que es pressiona a l’agredida el que el col.lectiu vol és el silenci de l’agredida i procurar que l’agressor estigui bé. No només s’imposa l’emocionalitat post denúncia de l’agressor, no només el col.lectiu no s’ho treballa, el que resulta inquietant és que el grup veu un problema en l’agredida i no en l’agressor, no veu greu que una companya no hagi trobat suport i seguretat. I en comptes de frenar, la castiguen a ella.

Cada cop que veig articles, comunicats i tesis assenyalant companyes que opten per fer denúncia pública (cosa que ens ha de fer pensar en la quantitat de companyes que ho pateixen en silenci per por al que s’exposen si ho fan públic) penso que, a més, això és carnassa i la carnassa no construeix, destrueix. Destrueix perquè lluny de crear debats on es puguin compartir (que no imposar, ni unificar) estratègies el que es fa és invalidar les que no resulten còmodes. Destrueix perquè resulta altament competitiu i sistèmic erigir-se com a bona feminista que no qüestiona les dinàmiques. De fet destrueix perquè usa la mateixa semàntica patriarcal i cristiana de les bones i les dolentes. I fer-ho públicament pot ser utilitzat, que esperem que no, com una plataforma per ser ‘la’ o ‘les’ avantguardes de ves a saber què.

Si el feminisme ve per canviar d’arrel, que sigui real. És obvi que la sororitat no és frenar debats incòmodes dins els col.lectius per por a ser qüestionada jo també. I és obvi també que la sororitat no és evitar debats estratègics, però entenc que plantejar els debats no és sinònim d’exposar ni trepitjar les altres, i encara menys de renunciar a principis bàsics com el Suport o l’Acció Directa en tota la seva amplitud. Els debats es fan per fer xarxa i crear, no per trepitjar o erigir-se.

Per seguir avançant, voldria parlar una mica del ja mític ‘cuidem-nos’ i del llenguatge no violent entre nosaltres. Em semblen dos conceptes genials, però també em sembla que s’usen constantment com a coartada per no afrontar debats i directament per justificar agressions i agredir. Cuidar no significa ser l’esclava que reparteix empatia i comprensió a dojo sense plantejar els propis límits. Cuidar no significa deixar de dir el que molesta. Cuidar mai significa suportar i mai significa silenci a no ser que estiguem plenament d’acord amb el que ens diuen els anuncis del Corte Inglés. Si no podem debatre mai sobre agressions ni dir qui agredeix per què el col.lectiu pateix no ens estem cuidant, estem acumulant ferides. Si no vols entendre i respectar els meus límits és que el problema que tens és enorme. I si com a grup no ens escandalitza és que consentim a petits dictadors en comptes de fer espais segurs i obrir debats importants.

Cuidar-nos és lluitar i fer soroll perquè no dir res i no fer res és seguir sense moure’ns del lloc on som. I per cuidar de vegades cal ser valentes i posicionar-nos.

Que hem de buscar maneres de fer les coses millor? Obvi. Que això no ha de voler dir deixar de cuidar les agredides ni renunciar a allò bàsic? També. Quan la proposta és no cuidar a les agredides i no fer dels nostres espais uns espais segurs, estem renunciant a tot, també a posar la vida al centre. Que jo sàpiga com a feministes al primer que renunciem és a aguantar res per mandat social sobretot si per paciència cristiana i mariana resulta que hem d’emmalaltir, doncs no té sentit aguantar renúncies a casa nostra. Demanar paciència i compartir espais amb segons qui és un maleït càstig diví.

I què dir del parlar-nos bé o malament. Poca cosa excepte la base:

Hi ha mecanismes passius de sobra coneguts per nosaltres que serveixen per agredir amb total impunitat i intimitat i fer veure que l’altra és la rabiosa. Són els mateixos mecanismes que es poden aplicar a qualsevol comunicat i text ben escrit i ple de floritures i tecnicismes que acaben fent el mateix: bloquejar i difamar les respostes a les agressions. Es poden aplicar xantatges emocionals, pressions, llum de gas, menyspreus, amenaces de suicidi, i una infinitat de mecanismes amb un llenguatge de saló de te que espanta, i això és de primer curs sobre violències. Així que sí, cuidem-nos i parlem-nos bé però que ningú ens prengui el pèl. Una bona resposta a temps en el to que sigui ens salva de mesos i anys de malaltia.

Fer servir termes que espanten la nostra coherència llibertària i feminista (de voler canviar el món i explicar) pot impressionar a l’inici, però un cop hem sortit de l’escàndol hi podem pensar millor. Això ens passa amb el terme punitivisme que diuen que ha vingut per a quedar-se. Doncs benvingut sigui. Què és punitiu?

Comencem la llista. Punitiu és:

Castigar l’agredida per fer denúncia pública

Jugar al joc de les versions

Sotmetre a l’agredida i al grup de suport a un judici digne de la justícia burgesa i punitiva

Negar les agressions i de retruc difamar les agredides per a que la resta els aïlli

Negar la possibilitat de l’autogestió en casos d’agressions

Negar la quantitat de pedagogia que es fa des de fa anys i panys per pintar l’ADF com una enemiga

I podriem seguir, oi. Usar el terme punitivisme per qualificar d’Acció Directa no només és confús, també és deliberadament irreal, i segurament no ho consentiriem ni un pèl en altres lluites. Bàsicament per què d’afrontar, s’afronta ben poc i perquè no acceptar agressors i agressions és un mínim molt mínim vital. Des de quan anem a mínims tan mínims i li diem punitivisme? Primera notícia.

No em voldria allargar massa més ja que en les dues parts anteriors he apuntat ja el que em semblen molts altres aspectes de tot el tema de les agressions. Només voldria insistir en la idea de que proposar deixar de banda la única eina que tenim, l’AD/ADF és revisionisme pur i dur i és deixar-nos totalment nues i exposades, per tant més que una proposta és una condemna. Plantejar debats sobre la premissa que l’error són les respostes i no les agressions és exactament el mateix. Aprofitar les agressions i el mal afrontament col.lectiu per a carregar contra l’ADF té un nom, que ja trobareu vosaltres mateixes. Les propostes concretes sobre com afrontar les mancances són tan necessàries com el no fer de la nostra lluita una mera performance, un mer lema o una lluita d’avantguardes.

De debats se n’han obert molts i hem passat, per exemple, de dir consentiment a plantejar també la qüestió del desig sense que això ens hagi mogut un pam ni ens hagi obligat a renunciar a res. Així doncs la resta de debats els podem afrontar exactament igual, sense cedir un pam en allò bàsic, i exactament aquest és el nus de la qüestió.

Tot el text de defensa de l’autodefensa és una proposta concreta, per tant tornar a repetir el mateix resultaria cansat. He fet un repàs sobre la no necessitat de fomentar la presència d’agressors en els nostres espais, sobre com usar protocols o sobre com mirar els mecanismes que despleguem. Concretar més a nivell individual quan en som moltes que en parlem, en debatem i ho practiquem seria força poc real. Espero que aquest text sigui una eina més de les moltes que hi ha ni que sigui per a debatre. Però sobretot espero que de la mateixa manera que moltes hem après i seguit amb l’AD/ADF, ho feu moltes, cada vegada més, avançant juntes per acabar amb el capitalisme i l’heteropatriarcat per tots els mitjans possibles i necessaris!!

Contra tota autoritat Acció Directa i Autodefensa Feminista