Una superviviente cualquiera contra la Academia. De víctimas y justícia restaurativa

Mirad, yo no tengo formación académica en cuestiones de género, de atención a víctimas o cosas por el estilo. Tampoco tengo formación académica en derechos laborales o economía pero no por eso no tengo la capacidad para discernir si sufro o no discriminaciones laborales, explotación o acoso. Sé que soy una trabajadora y que vivo en condiciones concretas por esta razón, bien y porque ya sabéis, la lucha de clases que ahora no hace falta que os cuente.
Si por ejemplo sufro acoso sexual laboral me reconozco como víctima de este acoso. Las consecuencias de tal acoso pueden llevarme a enfermar, perder el trabajo y un largo etcétera. Y mi lucha, en caso de tener energías, no siempre tengo que hacerla desde el papel de la vikinga a la que nada afecta ni desde el quiebre total. Porque depende del momento, de la persona y de mil factores más el cómo se afronta este acoso. Hay personas que necesitan más o menos tiempo de recuperación, si es que se recuperan del todo, que necesitan más o menos acompañamiento, que aceptan o no que han sido víctimas y que son supervivientes… La cuestión es que yo sé, sin formación alguna, que contra estas situaciones me puedo organizar para evitar ser víctima de discriminaciones y condiciones terribles en el trabajo y para facilitar el no verme sola.
¿Qué quiero decir con todo esto? Que me pasa lo mismo con lo que decía al inicio, con las cuestiones de género, las agresiones, el machismo. Sé perfectamente que he sido víctima y soy superviviente. De hecho uso los dos conceptos indistintamente y no siempre los vivo de la misma manera, para mi no son estáticos. Me explico: no estoy siempre igual con mi mochila y con esto no me refiero a que sea un alma en pena sino que a veces me dan energía, a veces me definen, a veces no, pero nunca lo siento como un peso porque no los vivo mal, o sea, el agresor es el responsable ni me siento culpable ni nada parecido. No ha sido siempre así, he pasado por momentos mierdosos por largo tiempo. Era exactamente el tiempo que necesitaba, guste o no guste. Ahora bien, yo lo que no haré es aplicar mi manera de procesar, digerir, mis tiempos, mis comportamientos, a todas las víctimas y supervivientes como si una sola manera de afrontar fuera el absoluto. Y esto sí que es cierto que solamente lo entiendes cuando basas el acompañar en la escucha activa, en una parte más de una lucha, en un apoyo lleno de contenido y en una propuesta que nace de la autootganización y no desde las academias, la falsa neutralidad de las grandes teorías y el confundir el “yo” con el “nosotros”.
Tenemos la manía de pensar que la formación académica y la titulación son garantía de algo pero los diplomas sin conciencia o sin perspectiva quedan vacíos, y no hace falta tener títulos para actuar con conciencia y perspectiva. Pero seguimos actuando desde la visión de que alguien con títulos tiene más peso. Una contradicción más. La cuestión es que de la misma manera que no podemos decir que un sindicalista liberado, profesionalizado, viva el trabajo como el currante que ahí se queda, que está ahí día tras día y que sufre, o que alguien formado del relaciones laborales pueda defender los intereses de las trabajadoras, en cuestiones de género podríamos abrir el mismo debate, sería interesante. No porque piense que desde la academia o la profesionalización no se sufran violencias machistas sino porque ninguna de las dos condiciones o maneras de hacer o herramientas tienen porque ser honestas ni tienen porque sentar cátedra.
De la misma manera que podemos encontrar profesionales de la atención fantásticas, nos podemos encontrar profesionales que digan a una víctima que se está haciendo la víctima.
Bien, para no enredarme aquí, sigo. Una de las cuestiones que me tenía atrapada estos días es la imagen y el papel de “víctima”. Creo que últimamente se está utilizando desde diversos sectores la imagen de las víctimas y las víctimas mismas como una tribuna desde la cual tener razón y referenciarse. Esto que muchas veces se acompaña de un llamamiento al “feminismo responsable” es peligroso por varios motivos:
-En un afán por definir una sola imagen de víctima, una víctima tipo, se descarta precisamente la estructuralidad de la violencia machista. Plantear, además, que hay mejores o peores formas de vivir y afrontar psíquicamente y emocionalmente las agresiones no solamente es altamente impositivo, supone una colaboración directa con todo el discurso de deslegitimación de las víctimas. Esto es una irresponsabilidad absoluta.
-Percibo cierta aversión hacia las víctimas a las que les cuesta más tiempo superar ciertas situaciones, o hacia las que no se muestran fuertes y sanadas. Yo lo que veo es aversión hacia la vulnerabilidad y hacia la tan denostada debilidad.
-El hecho de que a alguien le suponga una molestia la vulnerabilidad para elaborar su hipótesis me hace pensar que la neutralidad ni es real ni es positiva, que aparcar todo lo que se refiere a la vulnerabilidad cuando hablamos de agresiones y abusos es altamente irresponsable y altamente sistémico. Y que si la causa (teórica) descarta el dolor y el acompañar, entonces no es una causa válida.
-La confusión, no sé si deliberada, entre ser víctima/superviviente y victimizarse no sólo es ofensiva (que no es lo mismo que provocadora), también es altamente irresponsable. Escrito más bonito: saberse víctima de una opresión/agresión no es sinónimo de “hacerse la víctima”, ese mecanismo que por cierto usan muchos agresores para justificar su falta de responsabilización. Verbalizar que eres o has sido víctima y expresar qué es lo que necesitas para sanar y reparar es sano, no es victimizarse. De hecho cada vez que alguien supone que por estar dolida, jodida o identificarte como víctima, no piensas con claridad, pides demasiado, exajeras o vaya usted a saber, lo único que hace es infantilizarnos y repetir el esquema heteropatriarcal según el cual somos demasiado emocionales, demasiado infantiles, demasiado histéricas, poco racionales y necesitamos tutoría y conducción. Y es altamente irresponsable. Que además sea precisamente en las violencias machistas donde más se repita este discurso de que las víctimas no pensamos claro y nos revictimizamos me lleva a pensar en el alto componente misógino del tema.
-Todas sabemos que los medios, el sistema judicial, el sistema legal y el sistema político ni son la solución ni tienen interés en transmitir una imagen de las víctimas que no sea la de la absoluta dependencia del sistema. Sabemos que se usa y se usará el feminismo como un lavado de cara y un caballo de batalla electoral. Que se apropiarán de lemas. De luchas. Sabemos que siempre estamos en estos debates sobre qué hacemos y cómo cuando una lucha se convierte en masiva, qué tiene de positivo, qué peligros entraña. Sabemos que el sistema marca una agenda. Y que hay colectivos que lo consideran importante. Pero esto, segun mi parecer, no nos tiene que llevar a pensar que lemas como “nos están matando” son hacerse la víctima. Que nosotras tengamos debates y carencias, que nos cueste tejer, hacer contradiscurso o llegar, que el sistema sea una basura, no son argumentos para dejar a las víctimas colgadas o dejar de lado reivindicaciones y luchas reales.
-Que se nos encorseta en el papel de dóciles, víctimas dependientes e impotentes, lo tenemos claro desde hace ya tiempo. Que de ahí deduzcamos que entonces lo que hay que hacer es dejar de visualizar las violencias que recibimos me parece irresponsable. Como alternativa tenemos la autodefensa y la colectivización de la gestión de las agresiones, que por cierto tiene muchas denominaciones como justícia restaurativa de la que luego hablaré. Por otra parte si hay víctimas que viven el proceso desde la visión sistémica de lo que debe hacer una víctima quizás és una mejor alternativa acompañar y dar herramientas más que reprocharle que se comporta como una víctima dependiente.
-A veces pienso que la aversión hacia hablar y mirar a la cara a las víctimas y agredidas, sobre todo a las que no se muestran asépticas o super sanadas, también tiene que ver con la aversión a ver y mirar a la cara a victimarios y agresores, sobre todo en nuestros espacios. Que no digo que sea fácil si el agresor es nuestro amigo/hijo/hermano/compañero, pero esto no justifica cargar contra las víctimas, la autodefensa y otros principios. Ciertamente es una de las grandes carencias: cargar contra la agredida para proteger al compañero, caer en querer imponer el ritmo y el dolor del entorno a la víctima, no saber acompañar colectivamente (porque no lo tiene que hacer la agredida ni su grupo de apoyo) al entorno, y, para mi la más perversa, no querer hacer hacer un debate colectivo. ¿Pero desde cuando las carencias nos llevan a la renúncia? Y esto me conecta con el tema de siempre: desresponsabilizar a agresores y colectivos para responsabilizar a las víctimas por partida doble.
Seguro que me dejo muchas aristas y algunos puntos no los desarrollo más porque en otros textos los he tratado.
La manera de construir o imponer una manera de ser o nombrarse víctima juega un papel tan importante como, por ejemplo, la manera de delimitar lo que es una agresión, a la hora de ver como afrontamos las agresiones ya que son los primeros pasos. Si estos pasos fallan, falla la manera de afrontar por mucho que las herramientas sean consideradas alternativas. Por ejemplo no se puede considerar gestión colectiva si el colectivo no lo considera agresión. Así debemos poner sobre la mesa, para empezar, el peso del “nosotras” y ser muy muy honestas. Sabemos, porque no somos nuevas, que si la asamblea o colectivo decide que eso no es agresión, no lo será ya que lo que no se nombra no existe (bueno, no existe a corto plazo, sabemos que nos estamos haciendo trampas al solitario). Entonces no podemos confiar en que el nosotros sea honesto, no se equivoque, o no se autoengañe. Tampoco podemos hablar de justícia restaurativa o feminista o no punitiva si no empezamos admitiendo la ofensa/agresión, sin reconocer las agresiones usar estas herramientas es una quimera y una trampa. ¿Por qué?
-La justícia restaurativa efectivamente no se basa en el castigo ni en el sistema judicial/legal que es profundamente patriarcal. También hay de decir que no excluye que la agredida utilice el sistema de manera simultánea. Pero la primera base para que se pueda aplicar es que al agresor admita que ha agredido y quiera reparar.
-La justícia restaurativa requiere también una consciencia colectiva de reparación y el colectivo tiene que aportar en positivo.
-No se presiona a la agredida para que tenga prisa en “perdonar” ni siquiera en que lo haga.
Y se le pregunta qué necesita y se actúa según ese criterio.
-Se parte de la voluntad de sanar a las agredidas (sabiendo que no siempre será posible sanar del todo) y hacer avanzar el colectivo hacia la prevención y sensibilización.
-Se trabaja con el agresor pero no como centro. Y el trabajo no se basa en justificar sino en responsabilizarse, haciendo pedagogía pero de verdad, no pasando un texto para leer ni dando una palmadita en la espalda.
-No es una mediación,no funciona como tal. Se descarta la mediación ya que en casos de abusos no se puede aplicar una mediación, sería vaciar de contenido absolutamente todo.
Esta propuesta no está lejos de lo que se hace desde la Autodefensa Feminista (acompañarla a ella, reconocimiento de la agresión, no usar mediaciones, hacer debate colectivo, reparación, no imponer tiempos a la agredida, hacer un grupo que lo trabaje con el agresor si hace falta…). Entonces no acabo de entender por qué perseguir o atacar a la ADF poniendo como excusa y escudo la justícia restaurativa, que son clavaditas y más cuando quien lo hace no reconoce las agresiones!!
El antipunitivismo no es “vamos a convivir con agresores, no reconocemos las agresiones ya que los agresores sufren… “. El antipunitivismo parte justamente del reconocimiento y la necesidad de reparación y responsabilización no solamente de la víctima. Tenemos que ser muy serias y no usar el comodín del antipunitivismo para evitar hacer el trabajo colectivo y evitar mirar a la situación cara a cara.
En fin, voy acabando que ya estamos a julio y la cabeza me funciona a ratos. Pienso que cuando se abren estos debates hay que hilar fino, estar todas e ir con cuidado. Y sobre todo no perder de vista que la consecución de un mundo mejor no se hace desde grandes hipótesis sino desde nosotras y nuestras cotidianidades. Así, como lema, que no nos deshagamos nosotras de las herramientas de la Autodefensa Feminista.
Feliz verano!

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Defendiendo la Autodefensa ( i III)

Bien, pues empiezo ya la última parte de esta defensa de la Autodefensa y abordaje de toda la parte de mecanismos, herramientas y dinámicas que desplegamos y/o podríamos poner en práctica que me queda por asaltar.
Una de las bases de la AD/ADF sería el Apoyo Mútuo o Sororidad y entiendo que debería ser la primera herramienta a poner en práctica cuando nos llegan notícias de agresiones. Lo entiendo como indiscutible como entiendo que es indiscutible el Apoyo concreto y real en, por ejemplo, casos de despido, huelgas, deshaucios etc. ¿Por qué tengo que poner en duda a la agredida, negarle mi apoyo, dárselo solamente de boquilla o en petit comité? ¿Podemos apagar los mecanismos misóginos que se nos despiertan cada vez que sale un caso a la luz y darle la calidez y el ruido que hacen falta?
Según mi parecer la Sororidad es un concepto plenamente político y su sentido no varía en función de si la agredida me cae bien o mal. Ni siquiera depende de si yo hubiera hecho las cosas de otro modo. El apoyo se practica y punto, ya que sin éste es imposible construir nada nuevo. ¿Realmente a alguien se le ocurre construir sin las agredidas, sin dar ese apoyo necesario? ¿Es constructivo e innovador condicionar el apoyo al hecho de que ellas se “porten bien”? Ni es constructivo ni aporta nada nuevo, y de hecho no se sale de los cánones que nos imponen. Sólo existen ciertos supuestos en los que no damos apoyo y son supuestos básicos como no dar apoyo a fascistas, clasistas, racistas, transfóbicas, homófobas, explotadoras y toda aquella que no sea nuestra igual y que plantee una sociedad vertical. Es así porque el Apoyo Mútuo y la Sororidad se dan entre iguales y nunca deben ser una excusa para apuntalar a quien explota o agrede. Por lo demás el Apoyo se practica y si no lo haces simplemente te estás posicionando… por omisión. La Sororidad no es romántica, no es ser amigas y principalmente no es una excusa para no afrontar las agresiones colectivamente. Y seguimos teniendo problemas con esto.
El primer problema, últimamente habitual y justificado con vueltas teóricas, es poner en duda a las mujeres que denuncian públicamente esgrimiendo argumentos ya gastados. Por muchas palabras bonitas y bien sonantes que le pongamos, señalar públicamente a las mujeres que denuncian agresiones es reforzar el ya conocido “los trapos sucios se lavan en casa” o el “no digas nada por el bien de la familia y del qué diran”. Esto no solamente no tiene nada de sororo sino que además tiene un alto componemte represivo ejemplificante: si haces pública la agresión el grupo te aísla o te difama o te monta una contracampaña. Y ésto naturalmente es un castigo a una que persuade a la demás que puedan estar pensando en publicar algo o mostrar su apoyo incondicional. Un castigo es punitivo, pongamos las cosas en su lugar ahora que tanto suena esta palabra. ¿El mecanismo del castigo al hacer pública la agresión es nuevo? No. ¿Es una muestra de apoyo? No. Es una manera más de bloquear y anular cualquier iniciativa de encarar la gestión que no sea la que el colectivo quiere y, en los casos en los que se presiona a la agredida, el colectivo lo que quiere es el silencio de la agredida y procurar que el agresor esté bien. No sólo se impone la emocionalidad post denúncia del agresor, no sólo el grupo no se lo trabaja, lo que resulta inquietante es que el grupo ve a la agredida como un problema y no al agresor, no ve grave que a una compañera no se le haya proporcionado Apoyo y seguridad. Y en vez de parar la castigan a ella.
Cada vez que leo artículos, comunicados y tesis señalando compañeras que optan por hacer denuncia pública (cosa que nos tiene que hacer reflexionar sobre la cantidad de compañeras que lo sufren en silencio por miedo a lo que se exponen si lo hacen público) pienso que eso es carnaza y la carnaza no construye, destruye. Destruye porque lejos de crear debates donde se puedan compartir (que no digo imponer, ni unificar) estrategias lo que se hace es invalidar las que no resultan cómodas. Destruye porque resulta altamente competitivo y sistémico erigirse como buena feminista que no cuestiona las dinámicas. De hecho destruye porque usa la misma semántica patriarcal y cristiana de las buenas y malas mujeres. Y hacerlo públicamente puede ser utilizado, esperemos que no, para ser la o las vanguardias de vete a saber qué.
Si el feminismo está para cambiar desde la raíz, que sea real. Es obvio que la sororidad no es frenar debates incómodos dentro de los colectivos por miedo a ser cuestionada yo también. Y es obvio que la sororidad no es evitar debates estratégicos pero entiendo que plantear los debates no es sinónimo de exponer a las demás ni pisarlas y menos aún de renunciar a principios básicos como el Apoyo o la Acción Directa en toda su amplitud. Los debates se hacen para tejer redes y crear, no para pisar o erigirse.
Para seguir avanzando, querría hablar un poco del ya mítico “cuidémonos” y del lenguaje no violento entre nosotras. Me parecen dos conceptos geniales, pero también me parece que se usan constantemente como coartada para no afrontar debates y directamente para justificar agresiones y agredir. Cuidar no significa ser la esclava que reparte empatía y comprensión a tope sin plantear los propios límites. Cuidar no significa dejar de decir lo que me molesta. Cuidar nunca significa soportar y nunca significa silencio, a no ser que estemos plenamente de acuerdo con lo que nos dicen los anuncios de El Corte Inglés. Si no podemos debatir nunca sobre las agresiones ni decir quién agrede porque el colectivo sufre no nos estamos cuidando, estamos acumulando heridas. Si no quieres entender y respetar mis límites es que el problema que tienes es enorme. Y si como grupo no nos escandaliza es que consentimos a pequeños dictadores en lugar de crear espacios seguros y abrir debates importantes.
Cuidarnos es luchar y hacer ruido porque no decir nada y no hacer nada es seguir sin movernos del lugar en el que estamos. Y para cuidarnos a veces hay que ser valiente y posicionarse.
¿Que tenemos que buscar la manera de hacer mejor las cosas? Sin duda. ¿Que esto no tiene por qué significar dejar de cuidar a las agredidas ni renunciar a lo básico? También. Cuando la propuesta es no cuidar a las agredidas y no hacer de nuestros espacios unos lugares seguros, estamos renunciando a todo, incluso a poner la vida en el centro. Que yo sepa como feministas a lo primero que renunciamos es a aguantar nada por mandato social sobre todo si es con paciencia cristiana y mariana hasta enfermar, pue no tiene sentido aguantar renuncias en nuestra casa. Pedir paciencia y compartir espacios con según quien sí que es un castigo divino.
Y qué podemos decir del hablarnos bien o mal. Poca cosa excepto la base:
Existen mecanismos pasivos de sobra conocidos por nosotras que sirven para agredir con total impunidad en la intimidad y hacer que la otra sea la “rabiosa”. Son los mismos mecanismos que se pueden aplicar a cualquier comunicado y texto bien escrito y lleno de flores y tecnicismos que acaban haciendo lo mismo: bloquear y difamar las respuestas a las agresiones.
Se pueden aplicar chantajes emocionales, presiones, luz de gas, menosprecio, amenazas de suicidio y una infinidad de mecanismos con un lenguaje de salón de te que asusta, y esto es de primer curso de violencias. Así que sí cuidémonos y hablemos bien, pero que nadie nos tome el pelo. Una buena respuesta a tiempo en el tono que sea nos salva de meses y años de enfermedad.
Usar conceptos que asusten a nuestra coherencia libertaria y feminista (de querer cambiar el mundo y explicar) puede impresionar al inicio, pero una vez hemos salido del escándalo lo podemos pensar mejor. Esto nos pasa con la palabra punitivismo, que dicen que ha venido para quedarse. Pues le damos la bienvenida. Qué es punitivo?
Empecemos la lista. Punitivo es:
Castigar a la agredida por hacer denuncia pública
Jugar al juego de las versiones
Someter a la agredida y al grupo de apoyo a un juicio digno de la justícia burguesa y punitiva
Negar las agresiones y de paso difamar a las agredidas para que el resto las aíslen
Negar la posibilidad de autogestión en casos de agresiones
Negar la cantidad de pedagogía que se hace desde hace años y pintar a la ADF como la enemiga
Y podríamos seguir, verdad. Usar la palabra punitivismo para calificar la AD no sólo es confuso, también es deliberadamente irreal y seguramente no lo consentiríamos, ni un poco, en otras luchas. Básicamente porque afrontar se afronta poco y porque no aceptar agresores y agresiones es un mínimo vital muy mínimo. Desde cuando vamos a míminos tan mínimos y lo llamamos punitivismo? Primera notícia.
No me quiero extender mucho más porque en las dos partes anteriores ya he apuntado lo que me parecen muchos aspectos de todo el tema de las agresiones. Solo quiero insistir en la idea a de que proponer dejar a un lado la única herramienta que tenemos, la AD/ADF es revisionismo puro y duro y es dejarnos totalmente desnudas y expuestas, por tanto más que una propuesta es una condena. Plantear debates sobre la premisa que el error son las respuestas y no las agresiones es más de lo mismo. Aprovechar las agresiones y el afrontamiento erróneo para cargar contra la ADF tiene un nombre que ya encontraréis vosotras mismas. Las propuestas concretas sobre cómo afrontar las carencias son tan necesarias como el no hacer de nuestra lucha una mera performance, un lema o una lucha de vanguardias.
Hemos abierto muchos debates y hemos pasado, por ejemplo, de hablar de consentimiento a plantear también la cuestión del deseo sin que esto nos haya movido ni un palmo ni nos haya obligado a renunciar a nada. Así pues el resto de los debates los podemos afrontar exactamente igual, sin ceder un palmo de lo básico, y exactamente este es el nudo del debate.
Todo el texto de defensa de la ADF es una propuesta concreta, por tanto volver a repetir lo mismo sería cansado. He hecho un repaso sobre la no necesidad de fomentar la presencia de agresores en nuestros espacios, sobre como usar protocolos o sobre como mirar los mecanismos que desplegamos. Concretar más a nivel individual cuando somos muchas las que lo hablamos, debatimos y practicamos sería poco realista. Espero que este texto sea una herramienta más de las muchas que hay, ni que sea para debatir. Pero sobre todo, espero que de la misma manera que muchas hemos aprendido y seguido con la AD y la ADF, lo hagáis muchas, cada vez más, avanzando juntas para acabar con el capitalismo y el heteropatriarcado por todos los medios que sean posibles y necesarios!!
Contra toda autoridad Acción Directa y Autodefensa Feminista

Una supervivent qualsevol contra l’Acadèmia. De víctimes i justícia restaurativa

Mireu, jo no tinc formació acadèmica en qüestions de gènere, d’atenció a víctimes o coses per l’estil. Tampoc tinc formació acadèmica en drets laborals o economia i no per això no tinc capacitat per discernir si pateixo o no discriminacions laborals, explotació o assetjament. Sé que sóc una treballadora i que visc en condicions concretes per aquest motiu, bé i perquè ja sabeu, la lluita de classes que ara no cal que us expliqui.
Si per exemple pateixo assetjament sexual laboral, em reconec víctima d’assetjament. Les conseqüències de tal assetjament poden portar-me a emmalaltir, perdre la feina i un llarg etc. I la meva lluita, en cas de que tingui energies, no sempre he de fer-la des del paper de la viquinga a qui res l’afecta ni des de la total rompuda. Perquè depèn del moment, de la persona i de mil factors més el com s’encara aquest assetjament. Hi ha persones que necessiten més o menys temps de recuperació, si és que es recuperen del tot, que necessiten més o menys acompanyament, que accepten o no que han estat víctimes i que són supervivents… La qüestió és que jo sé, sense formació ninguna, que contra aquestes situacions em puc organitzar per evitar ser víctima de discriminacions i condicions terribles a la feina i per facilitar el no veure’m sola.
Què vull dir amb tot això? Que em passa el mateix amb el que deia a l’inici, les qüestions de gènere, les agressions, el masclisme. Sé perfectament que he sigut víctima i sóc supervivent. De fet utilitzo els dos termes indistintament i no sempre els visc de la mateixa manera, per mi no són estàtics. M’explico: no estic sempre igual respecte la meva motxilla i amb això no em refereixo a que sigui una ànima en pena si no que de vegades em donen energies, de vegades em defineixen, de vegades no, però mai ho sento com un pes perquè no els visc malament, o sigui, l’agressor és el responsable i no em sento ni culpable ni res semblant. Tampoc ha estat sempre així, he passat per moments molt merdosos per períodes llargs. Era exactament el temps que necessitava, agradi o no. Ara, jo el que no faré és aplicar la meva manera de processar, de pair, els meus temps, els meus comportaments a totes les víctimes i supervivents com si una sola manera d’afrontar fos un absolut. I això sí que és cert que només ho entens quan bases l’acompanyament en escolta activa, en una part més d’una lluita, en un suport ple de contingut i en una proposta que neix de l’autoorganització i no des de les acadèmies, la falsa neutralitat de les grans teories i el confondre el “jo” amb el “nosaltres”.
Tenim la mania de pensar que la formació acadèmica i la titulació són garantia d’alguna cosa però els diplomes sense consciència o sense perspectiva estàn buits, i no cal tenir títols per actuar amb consciència i perspectiva. Però seguim actuant des de la perspectiva que algú amb títols té més pes. Una contradicció més. La qüestió és que de la mateixa manera que no podem dir que un sindicalista alliberat, professionalitzat, visqui la feina com un treballador que no en surt, que hi és dia a dia i que pateix, o que algú format en relacions laborals pugui defensar els interessos de les treballadores, en qüestions de gènere podríem obrir el mateix debat, seria interessant. No perquè pensi que des de l’acadèmia o la professionalització no es pateixin violències masclistes si no perquè cap de les dues condicions o maneres de fer o eines té perquè ser honesta ni té perquè pontificar. De la mateixa manera que podem trobar professionals de l’atenció fantàstiques, ens podem trobar professionals que diguin a una víctima que s’està fent la víctima.
Bé, per no enredar-me aquí, segueixo. Una de les qüestions que em tenia atrapada aquests dies és la imatge i el paper de la víctima. Penso que darrerament s’està utilitzant des de diversos sectors a la imatge de les víctimes i les víctimes com una tribuna des de la qual tenir raó i referenciar-se. Això, que a més sovint s’acompanya de la crida al feminisme responsable, és perillós per diversos motius:
-En l’afany per definir una sola imatge de víctima, una víctima tipus, es descarta precisament l’estructuralitat de la violència masclista. Plantejar, a més, que hi ha formes millors o pitjors de viure i afrontar psíquicament i emocional les agressions no només és altament impositiu, suposa una col·laboració directa en tot el discurs de deslegitimació de les víctimes. Això és una irresponsabilitat absoluta.
-Percebo una certa aversió a les víctimes a les que els hi costa superar més temps certes situacions, o que no es mostren fortes i sanades. Jo el que veig és aversió a la vulnerabilitat i a aquella debilitat tan denostada. El fet que a algú li suposi una molèstia, la vulnerabilitat, per a elaborar la seva hipòtesi em porta a pensar que la neutralitat ni és real ni és positiva, que aparcar tot el que fa referència a la vulnerabilitat quan parlem d’agressions i abusos és altament irresponsable i altament sistèmic, i que si la causa (teòrica) descarta el dolor i l’acompanyament no és una causa vàlida.
-La confusió, no sé si deliberada, entre ser víctima/supervivent i victimitzar-se no només és ofensiva (que no és el mateix que provocadora), també és altament irresponsable. Posat més bonic: saber-se víctima d’una agressió/opressió no és sinònim de “fer-se la víctima”, aquell mecanisme que per cert utilitzen molts agressors per justificar la seva falta de responsabilització. Verbalitzar que ets o has sigut víctima i expressar què necessites per a sanar i reparar, és sa, no és victimitzar-se. De fet cada cop que algú suposa que per estar dolguda, fotuda o identificar-te com a víctima, no penses amb claredat, demanes massa, exageres o ves a saber, l’únic que fa és infantilitzar-nos i repetir l’esquema heteropatriarcal segons el qual som massa emocionals, massa infantils, massa histèriques, poc racionals i necessitem tutoria i conducció. I és altament irresponsable. Que a més sigui precisament en les violències masclistes on més es repeteixi el discurs de que les víctimes no pensem clar i ens revictimitzem em fa pensar en l’alt component misògin del tema.
-Totes sabem que els mitjans, el sistema judicial, el sistema legal i el sistema polític ni són la solució ni tenen interès en transmetre una imatge de les víctimes fora de l’absoluta dependència al sistema. Sabem que es fa i es farà servir el feminisme com a rentat de cara i cavall de batalla electoral. Que s’apropiaran de lemes. De lluites. Sabem que sempre estem en aquests debats sobre què fem i com fem quan una lluita esdevé massiva, què té de positiu, quins perills hi ha. Sabem que el sistema marca una agenda. I que hi ha col·lectius que consideren que això és important. Però això segons el meu parer no hauria de portar a concloure que lemes com “ens estan matant” és fer-se la víctima. Que nosaltres tinguem debats i mancances, que ens costi teixir, fer contradiscurs o arribar, que el sistema sigui una deixalla no són arguments per deixar les víctimes penjades o per deixar de banda reivindicacions i lluites reals.
-Que se’ns entafora amb calçador en el paper de dòcils, víctimes dependents i impotents, ho tenim clar des de fa temps. Que d’això en deduïm que llavors el que cal és deixar de visualitzar les violències que rebem em sembla irresponsable. Com a alternativa tenim l’autodefensa i la col·lectivització de l’afrontament de les agressions, que per cert té moltes denominacions, per exemple justícia restaurativa i que més tard en parlaré. I que d’altra banda si hi ha víctimes que viuen el procés des de la visió sistèmica del que ha de ser una víctima potser resulta millor alternativa acompanyar i donar altres eines que no pas retreure-li que es comporta com una víctima dependent.
-De vegades penso que la aversió a parlar i mirar a la cara a les víctimes i agredides, sobretot a les que no es mostren asèptiques o bé super sanades aviat, també té a veure amb l’aversió a veure i mirar a la cara a victimaris i agressors, sobretot en els nostres espais, cosa que no dic que sigui fàcil si l’agressor és el nostre amic/fill/germà/company, però això no és justificació per carregar contra víctimes, autodefensa i altres principis. Certament és una de les grans mancances: carregar contra l’agredida per protegir el company, caure en voler imposar el ritme i el dolor de l’entorn a la víctima, no saber acompanyar col·lectivament (perquè no ho ha de fer l’agredida ni el seu grup de suport) a l’entorn, i, per mi la més perversa, no voler fer un debat col·lectiu. Però des de quan les mancances ens mouen a renunciar? I això em connecta amb el tema de sempre: desresponsabilitzar agressors i col·lectius i responsabilitzar per partida doble a les víctimes.
Segur que em deixo moltes arestes, i alguns punts no els desenvolupo més perquè en altres textos n’he parlat.
La manera de construir o imposar una manera de ser o dir-se víctima juga un paper tant important com, per exemple, la manera de delimitar el que és una agressió, alhora de veure com afrontem les agressions ja que són els primers passos. Si aquests passos fallen, falla la manera d’afrontar per molt que les eines siguin considerades alternatives. Per exemple no es pot considerar encarament col·lectiu si no es considera agressió. Així, hem de posar sobre la taula, per començar, el pes del “nosaltres” i ser molt i molt honestes. Sabem, perquè no som noves ni nous, que si l’assemblea o el col·lectiu decideix que allò no és agressió, no ho serà, perquè el que no s’anomena no existeix (bé, no existeix a curt termini, sabem que ens fem trampes al solitari). Llavors, no podem confiar en què el nosaltres sigui honest, no s’equivoqui o no s’autoenganyi. Tampoc podem parlar de justícia restaurativa, o feminista o no punitiva si no comencem admetent la ofensa/agressió, sense reconèixer les agressions usar aquestes eines és una quimera i una trampa. Per què?
-La justícia restaurativa efectivament no es basa en el càstig ni en el sistema judicial/legal, que és profundament patriarcal. També cal dir que no exclou que l’agredida usi el sistema de manera simultània. Però la primera base per a que es pugui aplicar és que l’agressor admet que ha agredit i que vol reparar la situació.
-La justícia restaurativa requereix també una consciència col·lectiva de l’agressió i de la reparació. I el col·lectiu ha d’aportar en positiu.
-No es pressiona a l’agredida per a que tingui pressa en “perdonar” ni tant sols en que ho faci. I se li pregunta què necessita i s’actua segons aquest criteri.
-Es parteix de voluntat de sanar a les agredides (sabent que no sempre serà possible sanar el 100%) i de fer avançar el col·lectiu cap a la prevenció i sensibilització
-Es treballa amb l’agressor, però no com a centre. I el treball no es basa en justificar, si no en responsabilitzar-se, fent pedagogia però de veritat, no passant un text per llegir ni donant un copet a l’espatlla.
-No és una mediació, no funciona com a tal. Es descarta la mediació ja que en casos d’abusos no es pot aplicar una mediació, seria buidar de contingut absolutament tot.
Aquesta proposta no és gens lluny de la que es fa des de l’Autodefensa Feminista (acompanyament per ella, reconeixement de l’agressió, no usar mediacions, fer debat col·lectiu, reparació, no imposar tempos a l’agredida, fer un grup que ho treballi si cal amb l’agressor…). Llavors no acabo d’entendre perquè perseguir o atacar l’Autodefensa posant com a excusa i escut la justícia restaurativa, quan són clavadetes i quan, a més, ho fa qui sovint no reconeix les agressions!!
L’antipunitivisme no és “anem a conviure amb agressors, no reconèixer agressions perquè els agressors pateixen… “. L’antipunitivisme parteix just del reconeixement i la necessitat de reparació i la responsabilització no només de la víctima. Hem de ser molt serioses i no agafar el comodí de l’antipunitivisme per evitar fer tota la feina en conjunt i evitar mirar la situació cara a cara.
En fi, vaig acabant que ja estem a juliol i el cap em funciona a estones. Penso que quan s’obren aquests debats s’ha de filar prim, ser-hi totes i anar amb cura. I sobretot no perdre de vista que la consecució del món millor no es fa de les grans hipòtesis si no des de nosaltres i les quotidianitats. Així, com a lema, que no ens desfem nosaltres d’eines com l’Autodefensa Feminista.
Bon estiu!

Defendiendo la Autodefensa (II)

Acabé la primera parte diciendo que abandonar la Acción Directa es un error. Creo que en las argumentaciones contrarias a afrontar colectivamente las agresiones se tiende a crear cierta confusión con los conceptos Acción Directa y Autodefensa Feminista. Y de esto va esta segunda parte. Tengo que decir antes de seguir que esto también pasa en otras luchas, no solamente en la lucha feminista, pero creo que en ésta la voluntad de confundir parece mayor y la resistencia a usar todas las herramientas que tenemos a nuestro alcance y la resistencia a realizar cambios colectivos conscientes, parecen mayores también. Y la situación se alarga en el tiempo.

Entiendo la Autodefensa Feminista (ADF) como un reflejo igual y concreto de la Acción Directa (AD). Y entiendo la AD como todo el conjunto de acciones y estrategias que de manera autoorganizada realizan las personas que sufren una situación de discriminación/opresión y la quieren cambiar. La AD puede ser individual y/o colectiva y pretende responder a las agresiones inmediatas pero también crear unas mejores circunstancias que sean transformadoras a corto, medio y largo plazo. Así, la ADF es precisamente eso: responder a les agresiones machistas concretas (sean del tipo e intensidad que sean) y cambiar el sistema también. Quiero decir ya en este primer punto, que considerar la ADF como punitivista sería acusar a la AD también de serlo, y esto a mi me da que pensar en que eso significa quitarnos la capacidad de responder y transformar nuestras propias condiciones. Y eso a la práctica significa hacernos la contra.

La lucha feminista ya tiene una tradición de uso de que la AD/ADF, sobretodo dentro de los grupos feministas autónomos, anticapitalistas y anarquistas. Esta tradición es profundamente radical e integral en el sentido de que plantea la ADF como método, como estrategia, como manera de organizarse y como manera de dinamitar el sistema, ya que se basa en cuestionar todo tipo de autoridad. Pero lo que le da más profundidad es que es la manera, la herramienta, para devolvernos aquello de lo que se nos ha desposeído: la capacidad de utilizar todas las herramientas que sean necesarias para cambiar nuestra realidad, partiendo de lo que (y el como) nosotras queremos/deseamos/necesitamos. I aquí quiero hacer otro apunte: presionar para que se descarte la AD/ADF como práctica, método o filosofia, acusandola de punitivismo es, otra vez, hacer la contra, ya que así se bloquea la posibilidad de recuperar nuestras propias capacidades de cambio, de agencia política, social, histórica y personal.

Según mi parecer la ADF tiene mucho que decir y tiene mucho que ver en todo esto del “cómo afrontamos agresiones en nuestros espacios”, simplemente por definición. Sólo mirando cómo funcionan la AD y la ADF lo entenderemos.

El primer pilar es la AUTOORGANIZACIÓN. Una de las bases es que son las personas que sufren una opresión/agresión las que se organizan entre ellas de manera horizontal. Así pues, desde este punto de vista no resulta inadecuada la existencia de grupos no mixtos como tampoco lo es la existencia de herramientas y estrategias pensadas desde las agredidas/oprimidas para confrontar las agresiones. Está claro, clarísimo. Que sé que alguien dirá que los hombres también sufren el patriarcado y que el sistema nos afecta a todas. Pero lo que está en discusión aquí no es eso, que es obvio, si no la posibilidad y necesidad de que las principales y evidentes afectadas por el sistema heteropatriarcal sean sujetos de lucha y se autoorganicen. Esto no es sinónimo de quemar los espacios mixtos, ni de que todas estemos obligadas a estar en espacios no mixtos. Frases así las veo en las argumentaciones contra el feminismo y me parecen demagogia pura que, además, nadie ha sugerido. Lo que sí que además producen esas afirmaciones es que se pone en la picota a muchas compañeras y a los espacios no mixtos.
Volviendo a la cuestión, la Autoorganización pone en cuestión la necesidad de delegación, representación, tutorias o mediación. Y esto es especialmente importante para las que llevamos siglos soportando que se nos quiera someter a tutorías constantemente. La Autoorganización nos reconecta con nosotras mismas y nuestra potencia revolucionaria colectiva porque:

Nos retorna la capacidad de decir en voz alta, hacia adentro y hacia afuera, qué nos pasa, qué nos agrede y cómo queremos responder.

Nos dotamos de significado y credibilidad sin pedir permiso ni aval.

Nos retorna la capacidad de no ser tutorizadas. Que nadie considerado socialmente más creible avale lo que decimos ni lo pase por ningun filtro. Nosotras ya sabemos y lo sabemos hacer.

Nos retorna la capacidad de escojer las herramientas que resulten adecuadas para salir del papel de víctimas quietas y ser activas. Esto nos da la capacidad para descartar el uso obligatorio y continuado de aquellas herramientas que se nos asignan por mandato social como únicas posibles: la paciencia, la pedagogía o el pacifismo.

Todas estas capacidades no es que no las tengamos, es que nos las han expoliado. Es necesario no abandonarlas y luchar por ellas. Y practicarlas.

Bien pues todo esto conduce al segundo pilar: la AUTOGESTIÓN. Aplicada a la cuestión de la respuesta a las agresiones tiene relación directa con el NO fomentar el uso de las herramientas que nos propone el sistema ya sea por maliciosas ya sea por limitadas. La cuestión no es solamente responder a una agresión como si de una anécdota se tratara, también hay que ir poniendo las bases para crear otras maneras de funcionar y de relacionarnos. Entonces sin el trabajo colectivo no hay pasos hacia adelante y sin afrontar de manera colectiva y sin prevención, tampoco. Por desgracia hay herramientas y dinámicas del sistema que se dan y se proponen en nuestros espacios, cosa que nos recuerda que no somos ajenas al sistema ni somos tan fantásticas. Por ejemplo:

Proponer mediaciones en casos de agresiones. Nunca en caso de abuso se puede aplicar una mediación ya que ésta presupone que ambas partes son iguales. En un abuso nunca hay igualdad.

Someter a la agredida a un proceso proto judicial o a interrogatorios dignos de cualquier sala de justícia burguesa.

Suponer que debemos funcionar, nuevamente como la justícia burguesa, con el choque de versiones igualando así la credibilidad de agresor y agredida.

Dudar de lo que dice la agredida. No sé si os habéis dado cuenta que casualmente en nuestros espacios ellas siempre exajeran o se lo inventan. Paraos a pensar en ello, no os recuerda un poco a aquello de las denuncias falsas?

Cuando la agredida guarda el anonimato se la desprecia pero, a la vez, se monta un escándalo si el nombre del agresor es público. Él, pobrecito, ella, sospechosa. A ver, esto es poco… Innovador.

Hacer pasar a la agredida por procesos eternos.

Simplemente no hacer nada.

Destacar el estado de ánimo del agresor después de que éste sea denunciado. Pero nunca pensar en que cuando él agredió no estaba de bajón. Y así se sobrepone el estado del agresor sobre el de la agredida, excusando la agresión o bien tratando de boicotear el proceso de denúncia.

Criticar la Autogestión de casos de agresiones, cosa que resulta por lo menos curiosa cuando se hace desde espacios autogestionados.

Pedir pruebas forenses y denuncias legales para creer a la agredida.

Y un largo etc.

Obviamente la Autogestión no se refiere solo a la manera de afrontar las agresiones, también es un concepto que alcanza todos los aspectos de nuestras vidas pero me he centrado en éste por el carácter del texto. Vuelvo a apuntar: proponer desde los MMSS que la Autogestión oprime y divide a los colectivos, aparte de ser una curiosidad digna de estudio, vuelve a sonar a hacer la contra.

Ha aparecido ya el concepto PEDAGOGÍA. La ADF y por tanto la AD son pedagogía pura precisamente por lo que conlleva de aprendizaje el autoorganizarse. Es el aprender haciendo, creando, conociendo. Pero aun hay más. Por razones que todavía desconozco hay una tendencia, sobretodo cuando se habla de acción feminista, a contraponer ADF y pedagogía como si fueran opuestas y excluyentes. Nada más lejos de la realidad. Cuando hablamos de ADF/AD hablamos de mucho más que propaganda por el hecho y puñetazos. De lo que hablamos es del despliegue de todas las herramientas posibles de cambio radical, desde la pedagogía (si la entendemos como explicar) al puñetazo. El abanico es enorme y no excluyente, plantearlas como excluyentes es jugar con fuego. Por otro lado no entiendo la aversión hacia la propaganda por el hecho, la patada o el empujón, y me parecen muy poco interesantes los argumentos esencialistas que dicen que esto las mujeres ni lo hemos hecho ni lo tenemos que hacer. Pero esto daría contenido para otro texto. Solamente quería decir que cuando de manera pública y explícita se contraponen pedagogía y no pedagogía (categorias normalmente maliciosas y subjetivadas) señalando a las malas feministas poco pedagógicas, lo único que se consigue es ponerlas en la picota y crear malos precedentes (también de cara a posibles futuras agresiones: se fomenta el silencio). Esto es nuevamente hacer la contra.

Ya que la pedagogía despierta tanto interés (retórico, ya que a la práctica a ver quien tiene tal interés en aprender) se debe destacar que la ADF la usa constantemente:

Hacia nosotras mismas explorando, reconstruyendo, destruyendo, proponiendo y creando.

Hacia nuestras iguales compartiendo, explicando, apoyando.

Hacia fuera a todo el mundo.

Ahora bien, como sé que el punto está en cómo nos dirijimos a nuestros compañeros me gustaría invitaros a hacer una lista de todas las charlas, videoforums, talleres, debates, conversaciones de bar etc hemos organizado. A cuantas habéis asistido, cuantas recomendaciones de lectura habéis leído, cuando habéis practicado la escucha activa… Porque el tema está aquí: la pedagogía es buena y efectiva cuando hay feedback y escucha activa. Si la persona que tienes delante, o al lado, no quiere escuchar entonces no es pedagogía. Yo a esta situación la llamo darse cabezazos contra una pared, aunque seguro que tiene otro nombre. La cuestión al final es que tenemos que escojer dónde gastamos energías, en cabezazos o en otros asuntos? Y no tenemos la obligación de rompernos la cabeza a golpes.

La voluntad sistemática de plantear que la ADF no es constructiva es dinamitar, en primer lugar, nuestra historia (como mujeres, como trabajadoras, como anticapitalistas y antifascistas). Y en segundo lugar es dinamitar nuestras posibilidades de cambio social. Es un tiro en el pie del que algunas no tenemos porque participar. De hecho incluso nos planteamos como necesidad el no estar obligadas a usar un solo tipo de herramientas.

Ya que hablamos de herramientas querría hablar un poco sobre los protocolos. Pueden ser una buena herramienta y el hecho de que hablemos de ellos y se hagan protocolos es un paso hacia adelante. Pero tienen unos límites. Según mi parecer son una herramienta más dentro de todo un abanico de propuestas o líneas de actuación más globales. Para mi es más interesante colectivizar que protocolizar ya que podemos caer en pensar que el protocolo nos salva de las agresiones y no, el protocolo responde a las agresiones, no las evita. También me dan que pensar, si son muy rígidos pueden hacer pasar a la agredida por un proceso altamente estresante. O bien pueden crear una separación total del grupo y por tanto hacerlo refexionar poco o nada. Por lo tanto los protocolos no son el objetivo, el objetivo es acabar con las agresiones y para eso hace falta reflexión, sensibilización, prevención, autodefensa y mil herramientas más que tendrían que exponerse de manera horizontal junto al protocolo. También hay que hilar muy fino ya que protocolización sí que puede desembocar en burocracia y punitivismo, así puede ser también una manera de frenar la respuesta directa y la ADF y no queremos cavarnos nuestra propia tumba. Hagamos línias de actuación y reunamos herramientas.

Hasta aquí la segunda parte, en breve abordaré la tercera y última.

Quiero acabar esta defensa de la autodefensa diciendo que es esencial seguir y potenciar esta filosofía ya que dudar de ella, por desgracia, es dudar también de la autodefensa en otras luchas. La autocrítica y la crítica son esenciales y hace años que las practicamos. Pero repetiré lo mismo: que todo aquello de lo que carecemos no nos haga pegarnos un tiro en el pie.

Seguimos.

Defendiendo la Autodefensa (I)

Este texto consta de tres partes. En ésta se incluye la intro y la parte de análisis. Las siguientes hablarán del concepto de autodefensa/acción directa a no confundir con punitivismo ( autogestión, autoorganización, acción contra el sistema, construcción de espacios, que entendemos por pedagogía…); las herramientas que tenemos ( las limitaciones de los protocolos, la colectivización de la responsabilidad, la creación de prevención y educación, líneas de actuación contra la burocratización…); notas sobre los límites del lenguaje no violento, de los conceptos como sororidad o empatía, señalar a las malas feministas…

INTRO

Quería empezar diciendo “de un tiempo a esta parte estamos en una peligrosa, no diré deliberada porque espero que no, confusión entre autodefensa y punitivismo”, pero sobra el “de un tiempo a esta parte”. Desde que tengo memoria los machismos que sufrimos dentro de los MMSS y la manera de afrontarlos es uno de los debates por excelencia. El método de denuncia y la manera de encararlo, si es que se afronta, dentro de nuestros espacios es una discusión central. Paremos. Volvamos a leer la última frase. Si no os habéis dado cuenta de la tristeza que contiene es que efectivamente nos queda mucho por hacer: el debate SIGUE siendo el método de denuncia de las agresiones que se dan en nuestros espacios y no el hecho de que aun se den agresiones y silencios.

Se está poniendo una enorme cantidad de energía negativa en cuestionar los métodos y esto no es nuevo y ocurre cada cierto tiempo, cada cierto tiempo que uno o varios casos de agresiones salen a la palestra y se mantienen ahí ( y no se acaban de resolver ). Quizás alguien dirá que una respuesta agresiva o violenta a una agresión es funcionar como lo hace el patriarcado. Esto me parece bastante esencialista: plantear que el uso de la violencia es solamente una herramienta patriarcal cuando es precisamente la no respuesta habitual lo que reafirma el sistema. Plantear, por ejemplo, que las mujeres no usamos la violencia es directamente mentira, como lo es el decir que los feminismos no las usan ( solamente hace falta ojear la historia de las mujeres obreras, las mujeres antifascistas o las feministas autónomas ). Precisamente el sistema heteropatriarcal nos expropia de muchas herramientas, una de ellas es el uso de la violencia; nos dice que les mujeres debemos ser y somos pacíficas, inactivas, sumisas, pedagógicas, pacientes, sufridoras etc. Entiendo pues que seguir diciendo que el feminismo es igual a usar métodos no violentos, pacíficos y pedagógicos es seguir perpetuando una serie de estereotipos que se supone que queremos cuestionar.

Así también entiendo que las feministas tenemos más de una herramienta, no solamente una, y que cada herramienta es solo eso, una herramienta, no un objetivo. No nos basamos únicamente en la pedagogía y de hecho cuando hablamos de hacer pedagogía nos podríamos preguntar a quien exactamente necesitamos hacer y queremos hacer pedagogía, o sea, con quién queremos gastar más energía para nuestro objetivo que, salvando las múltiples diferencias, entiendo que sería nuestra liberación, dicho rápido y mal. ¿Haremos pedagogía hacia nosotras mismas? ¿Hacia otras mujeres que serian nuestras iguales ( mujeres precarias de clase trabajadora )? ¿Hacia nuestros compañeros y en espacios mixtos?¿Qué cantidad de energías destinaríamos a cada lugar?

Alguien dirá que después de tanto tiempo de proponer denuncias públicas y acción directa  o colectivización si no ha funcionado quizás tendremos que cambiar. Este argumento cae por su propio peso por el simple hecho que estos métodos casi ni se han puesto en práctica y porque las carencias son más profundas, anteriores y globales, y es eso precisamente lo que hay que abordar ( parecerá simple pero acabar con las opresiones será la única manera de evitar la aplicación de cualquier medida ).

Por último pensemos qué supone para las agredidas convivir con los agresores, o qué supone para muchas saber que tal o cual son unos babosos, machistas, etc y siguen en nuestros espacios. ¿Resultará que el hecho que, por ejemplo, en mi caso, cada vez que vaya al barrio de Sants tenga que preocuparme por si tendré síntomas de estrés post traumático es un sacrificio muy feminista para no dañar al agresor o a los colectivos. Ansiedad por la causa, muy bien, muy innovador no? Creo que utilizamos mucho el “cuidémonos” pero que luego no lo aplicamos o lo usamos de arma arrojadiza para, directamente, justificar la falta de responsabilidad colectiva en nuestras maneras de funcionar.

Alguien dirá que necesitamos construir y que por ese motivo las denuncias públicas y el no aceptar a los agresores en nuestros espacios está muy mal, que es punitivismo. Mantener a machistas y al machismo en nuestros espacios no cambia absolutamente nada ni nos diferencia de cómo va el mundo ni hace temblar las bases del sistema. Es más de lo mismo. Ahora bien, quizás el tema está en los ojos que miran: no aceptar machistas ni machismos en nuestros espacios  NO PARTE DE LA FILOSOFÍA DE CASTIGAR SI NO DE LA NECESIDAD DE CREAR ESPACIOS SEGUROS PARA TODAS. O sea que podemos poner el foco en el que siempre es importante, él, y lamentarnos de que se le pida que se vaya, o podemos desviar el foco, innovar por una vez, y considerar lamentable que una o varias compañeras están mal. A ver, ¿cómo miramos? ¿A quién miramos? Me parece mucho más saludable una gestión o mejor dicho un afrontamiento colectivo y me parece que herramientas mucho más veneradas, como los protocolos, fomentan más el punitivismo. ¿Por qué pienso que es más saludable? Porqué el grupo realmente lo trabaja, no se adhiere simplemente a una mecánica, y al trabajar la cuestión se va avanzando hacia la prevención y sensibilización. El objetivo no es protocolo ni es el taller pedagógico, el objetivo es cero agresiones.

Total que al final me he animado a escribir y esta chapa es solamente la primera parte. Antes de seguir solo quiero decir que sí que es cierto que se ha ido avanzando, que en algunos casos se han encarado las cosas con  mucha dignidad y honestidad, pero que la tónica general es una resistencia colectiva tremenda a usar métodos que no sean o bien legalistas o bien pedagógicos ( entendiendo pedagogía como silencio y sacrificio ), y al mismo tiempo, de manera inevitable, un montón de mujeres con un malestar tremendo y miedo a hacer nada público porque ya saben que las criticarán por haberlo hecho público. Houston tenemos un problema.

ANÁLISIS. VIOLENCIAS DE GÉNERO, ESPACIOS SEGUROS, CARENCIAS

Cuando damos propuestas pensadas para afrontar colectivamente las agresiones y los machismos dentro de nuestros espacios es porque estamos asumiendo que estamos espacios que nos parecen especiales. Se supone que son nuestros espacios de confianza y seguridad. Pensemos por un momento qué significa para nosotres emocionalmente nuestra asamblea/militancia. Nos identifica y mucho. Nos identifica porque es un espacio emocional, con relaciones fuertes, es una postura ante la vida, es lo que somos y el cómo somos. Es así porque queremos crear oasis y semillas de transformación pero también, aunque sea tácitamente, son espacios que por definición no deben tener nada que ver con el mundo hostil que nos rodea. Hemos asumido que no somos seres de luz (¿ lo hemos asumido?) y que no son espacios libres de agresiones, pero eso no significa que tengamos que dejar que ocurran o que tengamos que dejarnos llevar por las mismas dinámicas del mundo hostil. Son espacios muy nuestros en los que, no nos engañemos, depositamos grandes dosis de expectativas de que van a ser confiables, seguros, y donde encontraremos apoyo. Una expectativa que dado el discurso que damos hacia afuera debería de poder ser también exigible internamente. Por eso cuando se da una agresión machista es especialmente doloroso para la agredida y para muchas de nosotras, ya aun es más doloroso el hecho que de manera automática se usen todos los mecanismos de negación, juicio, duda etcétera que desembocan en no creer a la agredida, no admitir la respuesta de la agredida, no tomar medidas, o disciplinar continuamente a aquellas que perturban la “paz social”

Entiendo que también es doloroso, por el mismo significado que tiene para nosotras la militancia o el activismo, para el entorno del agresor que se le pida que abandone el espacio, ya que a menudo estos espacios son nuestra vida. Por eso aparece siempre el “pobre, estará excluido o vetado de un espacio que le encanta, qué hará”. Ah pero es que exactamente eso también le pasa a la agredida pero no nos exclamamos igual. Simplemente damos por supuesto que ella aguantará o que al final las mujeres se van, porque claro como hemos crecido en ambientes machistas y no sabemos exactamente cómo afrontar nada, y resulta que no vemos claro que ÉL tenga que marchar, ELLA al final desaparece. Pero claro, no duele igual que ellas abandonen porque no se lo hemos requerido, no nos escandaliza de la misma forma porque nos autoengañamos pensando que no ha formado parte de ninguna decisión. Pero sí que ha formado parte de una decisión, de un posicionamiento, el de no mover, ni remover, ni tomar determinaciones, todo a costa de las agredidas. Dolorosamente prescindibles por el bien de la paz social. No nos hemos tenido que responsabilizar, no hemos encarado ( ni nosotras ni el grupo ).

Al final la emocionalidad de él y de su entorno son lo importante y la emocionalidad de ella la reprobable. Se entra en la perversión de la imposición de emocionalidades ya que la respuesta emocional de ella no es bienvenida pues perjudica la emocionalidad de él. Y volvemos otra vez a tener que parar y reflexionar sobre  dónde ponemos el foco de la culpa, en quien ponemos el foco de la responsabilidad, en quién el de la permisividad, y entonces veremos cómo quizás estamos innovando muy poco. Hay una perversa imposición de emocionalidades, y digo imposición porque la cosa no está solo en que el agresor ha agredido primero y la agredida simplemente responde como cree adecuado. La cuestión está en quién ha perpetrado un abuso y quién no está en disposición de exigir una comprensión exquisita…Apelar a la emocionalidad del agresor post denuncia pública/respuesta como centro del enfoque mientras se desprecia la emocionalidad de la agredida es una imposición. Se sigue planteando que la agredida es cuestionable y el agresor cuidable. Y esto no significa que no haya carencias en, por ejemplo, como plantear el cuidado de las persones que son cercanas al agresor o al machista y lo quieren, y tienen que pasar un mal trago, pero estas carencias solo nos pueden llevar a pensar como las abordamos para poder completar la manera de colectivizar esto, y de ninguna manera nos debe llevar a dejar de usar todos los medios que tenemos a nuestro alcance, incluyendo la acción directa.

Me parece muy osado decir que no se hace suficiente pedagogía y creo que es un autoengaño más. Aquí tenemos que ser muy serias porque llevamos suficiente tiempo ya como para poder hacer un cómputo completo de todas las charlas, debates, talleres, gestalts, batucadas, exposiciones, documentales, cineforums, lecturas, webs, libros, artículos, jornadas, explicaciones, yo que sé que más. Nunca hemos dejado de hacer o de organizar para tratar el tema de los machismos. De todo hemos hecho y hacemos. Y que unas hagan más cosas de un tipo que de otro no es contradictorio, o sea de la misma manera que no se puede obligar a todas a usar la acción o a exponerse, tampoco se puede hacer lo contrario, y si nos toca reaprender a convivir, pues se reaprende. Y a ver, que después de tanta pedagogía, aun sabiendo que hemos avanzado, también sabemos que EL PROBLEMA sigue estando ahí. Lo que nos pasa es que no da una pereza tremenda y comprensible conflictuar hacia adentro.

Esto que nos pasa de que nos preocupa mucho qué será del agresor cuando nos abandone, mucho más de lo que nos preocupa qué será de la agredida, no es cosa exclusiva de los MMSS, pasa en todas partes. No podemos analizarlo como si lo pudiésemos desligar de todas las dinámicas que se dan cada vez que se señala una actitud machista o un agresor. Si lo miramos como algo anecdótico que nos pasa solo a nosotras lo estaremos vaciando de contenido. Resulta más benévolo y cómodo pero no nos saca del atolladero del que se supone que queremos salir.

Para empezar recordemos siempre que las violencias machistas dentro de las relaciones afectivas i/o sexuales tienen la particularidad de que son perversas porque se dan en espacios y momentos de intimidad y confianza. Por eso están más normalizadas e invisiblizadas, pero por eso son más peligrosas y más difíciles de afrontar. No solo se rompe un espacio/momento de confianza plena para cometer un abuso o traspasar de manera flagrante unos límites, sino que el hecho de que se dé en momentos generalmente íntimos nos hace entrar en el fango de “las versiones”. Ya entraré luego pero solo quiero apuntar que pensar en versiones es pensar en los términos de la justicia burguesa, y dudar de lo que dice la agredida es actuar como actúa el sistema entero, pensar en mediaciones cuando hay abuso o agresión significa poner a la misma altura y consideración a la agredida y al agresor, y esto también es lo que hace el sistema entero. Otra vez no innovamos.

Pero es que además cuando esto pasa en nuestro espacio de activismo o militancia son dos confianzas las que se rompen. Si el espacio no responde la ruptura es enorme. Dos pilares de tu vida, la persona en que confiabas y el espacio en el que confiabas, ya no solamente no son sitios donde agarrarte si te caes, es que directamente han traspasado tus límites y no te han apoyado. Eso no supone reparación ninguna. ¿Dónde está la reparación si no hay espacio de confianza? ¿Dónde está la reparación si es el espacio el que te exige a ti? Será quizás el dolor del grupo el que se verá reparado, pero si aun no entendemos que el dolor del grupo no es el único objetivo y nos olvidamos de reparar lo que ella ha pasado significa que tenemos que reflexionar mucho en qué entendemos por reparación. Y la reparación es uno de los pilares esenciales que no excluye otras herramientas como la Acción Directa.

Los mecanismos que se generan en las relaciones de violencia machista, los mecanismos que empapan nuestras actitudes ante las relaciones largas, cortas, casuales, da igual, tiene que ser observados y tenidos en cuenta cuando encaramos una denuncia por agresión dentro de nuestros espacios, si no estaremos fallando en los mismos puntos siempre. Obviamente si fallamos es porque lo intentamos, que ya es. Alguien dirá que por eso aun tenemos que centrarnos en la pedagogía interna. Pero precisamente porque sabemos que nos equivocamos, que no somos seres de luz, entonces tenemos que entender primero, mucho antes de presionar a la compañera que hace demasiado ruido, que no estamos libres de agresores ni de machismos, ni estamos libres de los miedos que nos generan los conflictos, ni estamos libres del miedo que nos hace aguantar para que el colectivo no nos haga el vacío. De lo que sí nos podríamos librar es de cuestionar de manera continuada a las compañeras que usen la Acción Directa y la denuncia pública, en redes, en colectivos mixtos…Y no es porque no se puedan hacer críticas o aportaciones, es porque poner bajo crítica precisamente a las mujeres que hacen acción y denuncia es simplemente ponerlas en la picota y lo sabemos. Los errores humanos no pueden ser siempre el escudo tras el cual nos escondemos y señalamos a las malas feministas, las del ruido, ni tampoco puede ser nunca una estrategia positiva o feminista. Más tarde entraré en los mecanismos que se dan por parte de los colectivos para no responsabilizarse y que acaban siendo armas contra las feministas ruidosas.

Llevamos trabajando el tema desde hace años desgraciadamente, acompañando a muchas en su resignación, miedo y silencio, a otras en total exposición pública. Y eso nos tendría que hacer reflexionar: aun hay agresiones y agresores. Las agredidas se van, enferman, hay literatura y experiencia para afrontar las agresiones que se ha leído o explicado poco, vemos claro lo que hacen en otros lugares ( las zapatistas o las kurdas ) pero no nos lo aplicamos. Seguramente ha habido una mala transmisión, agotamiento y abandono, y muchos dolores como para estar hablando de lo mismo durante años. También sabemos que son temas y literaturas que cuesta hablar colectivamente. Tenemos los mismos puntos muertos: publicar sí o no, anonimato sí o no ( ojo que no se considera igual que salga el nombre del agresor que el de la agredida, si ella no da el nombre se le resta credibilidad, si sale el nombre de él al pobre se le estropea la vida, vayamos con cuidado porque hay que masticar bien lo que nos pasa ), denunciar fuera o no…pero los casos siguen apareciendo. Confundimos sacar a los agresores con ser policías, dudar de la agredida con ser cuidadosas con el agresor y el grupo, confundimos el chantaje emocional con la sororidad y el cuidado de la integridad del grupo, confundimos herramientas con objetivos etc. Y no pasa nada por confundir siempre y cuando no se convierta en un estado permanente para evitar el conflicto. De hecho el conflicto ya existe, la cuestión es encararlo sin excusas.

Toda confusión, dolor o carencia tiene solución y es reparable, pero que ninguna solución pase por cuestionar la autodefensa y los espacios seguros.

Defensant l’autodefensa (I)

 

Aquest text consta de diferents parts. En aquesta només hi ha la intro i part d’anàlisi. Les següents parlaran del concepte d’autodefensa/acció directa a no confondre amb punitivisme ( autogestió, autoorganització, acció contra el sistema, construcció d’espais, què entenem per pedagogia…); les eines que tenim ( els límits dels protocols, la col·lectivització de la responsabilitat, la creació de prevenció i educació, línies d’actuació contra burocratització ); apunts al voltant dels límits del llenguatge no violent, els límits dels conceptes com sororitat o empatia, assenyalar les males feministes.

INTRO

Volia començar amb un “d’un temps ençà estem en una perillosa, no diré deliberada perquè espero que no, confusió entre autodefensa i punitivisme”, però sobra el “d’un temps ençà”. Des de que jo tinc memòria els masclismes que patim dins els MMSS i la manera d’afrontar-los és un dels debats per excel·lència. El mètode de denúncia i la manera d’afrontar-ho, si és que s’afronta, dins els nostres espais són el nus de la discussió. Parem. Tornem a llegir la darrera frase. Si no us heu adonat de la tristesa que conté és que efectivament ens queda molt per fer: el debat CONTINUA essent el mètode de denúncia de les agressions dins els nostres espais i no el fet que encara hi hagi agressions i silencis.

S’està posant una enorme quantitat d’energia negativa en qüestionar els mètodes i això no és nou i passa cada cert temps, cada cert temps que un o diversos casos d’agressions surten i es mantenen a la palestra (i no s’acaben de resoldre). Potser algú dirà que una resposta agressiva o violenta a una agressió és funcionar com el patriarcat. Això em sembla bastant essencialista, plantejar que l’ús de la violència és únicament una eina patriarcal quan resulta que la no resposta en general el que causa és una reafirmació del mateix sistema. Plantejar per exemple que les dones no usem la violència és directament una mentida, igual que ho és dir que els feministes no la usen ( només cal mirar la història de les dones obreres, les dones antifeixistes o les feministes autònomes ). Precisament el sistema heteropatriarcal ens expropia de moltes eines, entre elles l’ús de la violència, ens diu que les dones hem de ser i som pacífiques, inactives, submises, pedagògiques, pacients, patidores etc. Entenc doncs que seguir dient que el feminisme és igual a usar mètodes únicament no violents, pacífics i pedagògics és seguir perpetuant una sèrie d’estereotips que se suposa que volem qüestionar.

Així, també entenc que els feminismes tenim més d’una eina, no només una eina i que cada eina és només això, una eina i no pas un objectiu. No ens basem únicament en la pedagogia i, de fet, quan parlem de fer pedagogia podríem preguntar-nos a qui exactament necessitem i volem fer més pedagogia, o sigui, amb qui volem gastar més energia per al nostre objectiu que, tot i les múltiples diferències, entenc que vindria a ser el nostre alliberament dit ràpid i malament. Farem pedagogia cap a nosaltres mateixes? Cap a les altres dones que serien les nostres iguals ( dones precàries de classe treballadora etc )? Cap als nostres companys i en espais mixtes? O sigui, quines energies destinaríem a cada lloc?

Algú dirà que si després de tant de temps de proposar denúncies públiques i acció directa i col·lectivització, si no ha funcionat potser que canviem. Aquest argument cau pel seu propi pes pel simple fet que aquests mètodes quasi ni s’han posat a la pràctica i perquè les mancances són més profundes, anteriors i conjuntes, i aquestes són precisament el nus a abordar ( semblarà simple, però acabar amb les opressions serà la única manera d’evitar haver d’aplicar cap mesura ). Per últim, parem-nos a pensar què suposa per les agredides conviure amb els agressors, o què suposa per a moltes saber que tals o quals són bavosos, masclistes etc i que segueixen en els nostres espais. Resultarà que el fet que, per exemple, en el meu cas, cada cop que vagi al barri de Sants hagi de témer si tindré símptomes d’estrès post traumàtic, és un sacrifici molt feminista a fer per a no fer mal a l’agressor o als col·lectius. Ansietat per la causa, molt bé, molt innovador oi? Crec que utilitzem molt les expressions com “cuidem-nos”, però que després o no hi pensem o les usem d’arma llancívola per directament justificar la falta de responsabilitat col·lectiva en les nostres maneres de funcionar.

Finalment algú dirà que necessitem construir, i que per això les denúncies públiques i el no acceptar agressors als espais està molt malament, que és punitivisme. Mantenir els masclistes i el masclisme en els nostres espais no canvia absolutament res ni ens diferencia de com està el món ni fa tremolar els fonaments del sistema. És  més del mateix. Ara bé, potser el tema està en els ulls que miren: no acceptar masclistes ni masclismes als nostres espais NO PARTEIX DE LA FILOSOFIA DE CASTIGAR SI NO DE LA NECESSITAT DE CREAR ESPAIS SEGURS PER A TOTES. O sigui que podem posar el focus en que sempre és important, ell, i lamentar-nos de que se li demani que marxi, o podem desviar el focus, innovar per una vegada, i considerar lamentable que una o diverses companyes estiguin malament. O sigui, com mirem? A qui mirem? Trobo una mecànica molt més saludable la gestió col·lectiva o afrontament col·lectiu i trobo que eines massa venerades com els protocols realment fomenten més el punitivisme. Perquè trobo que és més saludable? Perquè el grup realment ho treballa, no s’adhereix simplement a una mecànica, i en treballar el tema avança cap a la prevenció i sensibilització. L’objectiu no és el protocol ni és el taller pedagògic, l’objectiu és zero agressions.

Total, que mira al final m’he animat a escriure i aquesta xapa és només la primera part. Abans de seguir només vull dir que sí que és cert que s’ha anat avançant, que en alguns casos s’han encarat les coses amb molta dignitat i honestedat, però que la tònica general és una resistència col·lectiva tremenda a usar mètodes que no siguin o bé legalistes o bé pedagògics ( entenent pedagogia com a silenci i sacrifici ), i al mateix temps, de manera inevitable, un  munt de dones amb un malestar i amb temors a fer públic el que tal o qual els ha fet perquè saben que les criticaran per haver-ho fet públic. Houston tenim un problema.

ANÀLISI. VIOLÈNCIES DE GÈNERE, ESPAIS SEGURS, MANCANCES

Quan donem propostes per a afrontar col·lectivament les agressions i els masclismes dins dels nostres espais és perquè estem assumint que estem en espais que ens són especials. Se suposa que són els nostres espais de confiança i seguretat. Pensem per un moment sobre què significa per nosaltres emocionalment la nostra assemblea/militància. Ens identifica i molt, ens identifica profundament perquè és un espai emocional, amb relacions fortes, és una postura davant de la vida, és el que som i el com som. És així perquè volem crear oasis i llavors de transformació però també, encara que sigui tàcitament, són espais que, per definició, no han de tenir res a veure amb el món hostil que ens envolta. Hem assumit que no som éssers de llum ( ho hem assumit? ) i que no són espais lliures d’agressions, però això no significa que haguem de deixar que succeeixin o que haguem de deixar-nos endur per les mateixes dinàmiques del món hostil. Són espais molt més nostres en els que, no ens enganyem, dipositem grans dosis d’expectatives de llocs confiables, segurs, on trobarem suport. Un expectativa que donat el discurs que traiem cap enfora hauria de ser també exigible internament. Per això quan s’hi dóna una agressió masclista és especialment dolorós per a l’agredida i per a moltes de nosaltres, encara és més dolorós que de manera automàtica es despleguen tots els mecanismes de negació, judici, dubte etc que desemboquen en no creure a l’agredida, no admetre la resposta de l’agredida, no prendre mesures, disciplinar contínuament aquelles que pertorben la pau social.

Entenc que és també dolorós, pel mateix significat que apuntava que és per nosaltres la nostra militància o activisme, per l’entorn de l’agressor que se li demani que abandoni l’espai, perquè molt sovint aquests espais són la nostra vida. Per això sense excepció apareix el “pobre, serà exclòs o vetat d’un espai que li agrada molt, què farà?”. Ah, però és que això li passa exactament a l’agredida, però no ens exclamem igual, simplement donem per suposat que ella aguantarà o que al final moltes dones marxen, perquè és clar, com que hem crescut en ambients masclistes i com que encara no sabem exactament com afrontar, i no veiem clar que ELL hagi de marxar, ELLA, al final desapareix. Però és clar, no ens fa el mateix mal que elles abandonin perquè no els hi hem requerit, no ens escandalitza de la mateixa manera perquè ens autoenganyem pensant que no ha format part de cap decisió. Però sí que ha format part d’una decisió, d’un posicionament, la de no moure, ni remoure, ni prendre determinacions a costa d’ella/elles. Dolorosament prescindibles pel bé de la pau social. No ens hem hagut de responsabilitzar, ni encarar ( ni amb el grup  ni amb nosaltres ).

Al final l’emocionalitat d’ell i del seu entorn és la important i l’emocionalitat d’ella la reprobable. S’entra en la perversió de la imposició d’emocionalitats, ja que la resposta emocional d’ella no és mai benvinguda ja que perjudica l’emocionalitat d’ell. I tornem altre cop a haver de parar i reflexionar sobre a qui posem el focus de la culpa, a qui posem el focus de la responsabilitat, a qui posem el focus de la permissivitat, i veurem que potser no som tan innovadores. Hi ha una preversa imposició d’emocionalitats,  i dic això d’imposició d’emocionalitats perquè la cosa no està només, que també, en que l’agressor ha agredit primer i l’agredida simplement respon com creu adequat. La qüestió està en qui ha perpetrat un abús i en qui NO està en disposició d’exigir una comprensió exquisita… Apelar a l’emocionalitat de l’agressor post denúncia pública/resposta com a centre de l’enfocament de la gestió, mentre es denosta l’emocionalitat de l’agredida és efectivament una imposició. Es continua plantejant que l’agredida és qüestionable i l’agressor cuidable. I això no significa que no hi hagi mancances, per exemple en com podem plantejar la cura de les persones que estan a prop de l’agressor o el masclisme i se l’estimen, i han de passar també per un mal tràngol, però aquestes mancances només ens poden portar a pensar com les abordem per a poder completar la manera de col·lectivitzar això, i en cap cas ens ha de portar a deixar d’usar totes les eines que tenim a l’abast, inclosa l’acció directa.

Em sembla molt agosarat dir que no es fa prou pedagogia i crec que és un autoengany més. Aquí hem de ser molt serioses ja que portem el temps suficient com per poder fer un còmput complet de totes les xerrades, debats, tallers, teatres, gestalts, batucades, exposicions, documentals, cineforums, lectures, webs, llibres, articles, jornades,explicacions, jo que sé que més ja etc que mai hem deixat de fer o organitzar per a tractar la qüestió dels masclismes. De tot hem fet i fem. I que unes ho facin més que altres no és contradictori, o sigui de la mateixa manera que no es pot obligar a totes a usar l’acció o a exposar-se, tampoc al revés, i si ens toca reaprendre a conviure, ens toca. I després de tant, sabent que sí, que hem avançat, també sabem que EL PROBLEMA, segueix estant aquí. L’únic que potser ens passa és que ens fa una pena i una mandra tremendes, comprensibles, el conflictualitzar cap endins.

Això que ens passa de què ens preocupa molt què serà de l’agressor quan ens abandoni, molt més del que ens preocupa què serà de l’agredida, no és cosa exclusiva nostra, passa arreu. No podem analitzar-ho com si ho puguéssim deslligar de totes les dinàmiques que en general es despleguen cada cop que hi ha una actitud masclista i un agressor assenyalats. Si ho mirem com una mena de cosa anecdòtica que ens passa a nosaltres simplement ho estarem buidant de contingut, que resulta més benèvol i còmode, però no ens treu pas de les zones de les que se suposa que volem sortir.

Per començar, recordem sempre que les violències masclistes dins de les relacions afectives i/o sexuals tenen la particularitat de que són perverses perquè es dónen dins els espais i moments de confiança i intimitat. Per això, per una banda, estan més normalitzades i invisibilitzades, però per això són més perilloses i més difícils d’afrontar. No només es trenca i s’aprofita un espai/moment de confiança plena per a cometre un abús o traspassar de manera flagrant uns límits, si no que el fet que sigui en moments generalment íntims entrem en el fang de “les versions”. Ja hi entraré després, però només apunto que pensar en versions és pensar en termes de justícia burgesa, i dubtar del que diu l’agredida és actuar com tot el sistema actúa, pensar en termes de mediacions quan hi ha abús o agressió vol dir que es posa a la mateixa consideració agressor i agredida, i això novament és el que fa el sistema sencer, per tant, novament no innovem.

Però és que a més a més quan això passa en el nostre espai d’activisme o militància són dos espais de confiança els que es trenquen. I si l’espai no respon, el trencament és enorme. Dos pilars de la teva vida, la persona en la que confiaves i l’espai en el que confiaves, simplement ja no només no són llocs on agafar-te quan caus, és que directament han traspassat els teus límits i no t’han recolzat. Això no és reparació ninguna per ella. On està la reparació si no hi ha espai de confiança? On està la reparació  si a sobre és l’espai el que t’exigeix a tu? Si de cas, serà el dolor del grup el que es veurà reparat, però si encara no entenem que no és l’únic objectiu i ens oblidem de reparar el que ella ha passat, és que hem de pensar molt en què entenem per reparació. I la reparació  és un dels pilars essencials que no exclou altres eines, com l’acció directa.

Els mecanismes que es generen en relacions de violència masclista, els mecanismes que amaren les nostres actituds davant les relacions llargues, curtes, casuals, és igual, han de ser observats i tinguts en compte quan ens encarem a una denúncia d’agressió dins els nostres espais, si no estarem fallant en els mateixos punts sempre. Òbviament si fallem és perquè hi intentem, que ja és. Algú dirà que per això encara hem de centrar-nos en la pedagogia interna. Però precisament perquè sabem que ens equivoquem, que no som éssers de llum, llavors el primer que hem d’entendre, molt abans de pressionar la companya per què fa massa soroll, és que no estem lliures d’agressors ni de masclistes, ni estem lliures de les pors que ens fa el conflicte, ni estem lliures de la por que ens fa aguantar que el col·lectiu ens faci el buit per fer massa soroll. Del que si podríem ser lliures és de qüestionar de manera continuada a les companyes que usen l’acció directa i la denúncia, pública, a xarxes, a col·lectius mixtes. I no és perquè no es puguin fer crítiques o aportacions, és perquè posar sota crítica les dones que fan acció i denúncia és simplement posar-les a la picota i ho sabem. L’errabilitat humana no pot ser sempre un escut rera el qual amagar-nos i l’assenyalar les males feministes, les del soroll, tampoc pot ser mai una estratègia ni positiva ni feminista. Més tard entraré en els mecanismes que ja han estat analitzats que es despleguen per part dels col·lectius per a no responsabilitzar-se i que acaben essent també armes contra les feministes sorolloses.

Portem treballant el tema des de fa anys, malauradament, acompanyant a moltes en resignació, por i silenci, i a altres en total exposició pública. I això ens hauria de fer reflexionar: encara hi ha agressors i agressions, les agredides marxen, emmalalteixen, hi ha literatura i experiències d’enfrontar les agressions que s’han explicat o llegit poc, veiem clar el que fan a altres indrets ( les zapatistes o les kurdes ) però no ens ho apliquem. Segurament hi ha hagut una manca de transmissió d’experiències, un esgotament i abandó, i molts dolors com per estar parlant del mateix durant anys. També sabem que és un tipus de temes i de literatura que costa dins els col·lectius. Tenim els mateixos punts morts de fa temps: publicar sí o no, anonimat sí o no ( ull, no es considera igual que surti el nom de l’agressor que el de l’agredida, si ella fa un manifest anònim no té credibilitat, si surt el nom d’ell, pobret que se li espatlla la vida, parem compte perquè en tots aquests assumptes cal mastegar bé tot el que passa ), fer-lo fora sí o no…però els casos segueixen apareixent. Confonem fer fora agressors amb ser policies, dubtar de l’agredida amb ser curosos amb l’agressor i el grup, confonem el xantatge emocional amb la sororitat i el cuidar el grup i la seva integritat, confonem eines amb objectius etc. I no passa res per confondre, sempre i quan això no sigui un estat permanent per evitar conflictuar. Bé, de fet el conflicte simplement ja hi és, la cosa és encarar sense excuses.

Tota confusió, dolor, mancança, és solucionable i reparable, però que cap solució passi per qüestionar l’autodefensa, els espais segurs.

“La vida continua i s’està governant amb normalitat” Coses sobre l’1Oct que passen ara

Això deia avui el Turull….

Doncs aquí toca plantejar-se molt seriosament si el què volem és que ens governin amb normalitat, o que ens governin, sigui qui sigui. Potser volem autogestionar-nos, passant per sobre de consignes, i s’ha de dir més fort això. I per a això cal parlar de moltes coses que passen i es debaten, que sempre va bé, encara que no agradin gaire.

Resulta insuportable, escandalós i alhora ridícul tot el que està passant, tot el desplegament repressiu de l’estat espanyol entrant fins la cuina de les institucions catalanes. És tant feixista com ja sabíem que era, i la resposta és del tot necessària. Tant repressor com ja sabíem que era i com suposo que ja s’havia contemplat, perquè suposo que d’aquestes coses se’n parla als despatxos diversos: del que pot anar passant i del que es pot anar responent etc. I si no, no sabria dir què és pitjor. La repressió sabem que pot anar a més, a molt més i caldrà saber qui i fins quan aguantarà i respondrà. Ull, que el saber si això estava contemplat o no, qui respondrà i com, o no, és molt important perquè a la picota hi estem totes. Com també és important preguntar-se què es construeix o què passa a partir d’això, perquè jo doncs per suposat que això no es fa sense voluntat de crear quelcom nou. Que potser són detalls sense importància, però per a mi no. Respondre políticament a tot això amb un “votarem” quan estem plenes de guàrdies civils, ho sento però no hi estic feta. Tampoc crec que sigui el moment de ser políticament correcta i diu “ho sento” quan a les tertúlies  a algú se li escapa “feixista” quan parla un desesperat o desesperada del PP o Cs. Això seria aigualir l’impuls antifeixista sota la correcció política de la tertúlia de l’hora del te.

Em resulta insuportable tant d’estat de dret per totes bandes.

Entenc el discurs de la defensa dels drets civils però penso que aquest té un sostre pel que fa a la seva capacitat transformadora. I de fet no estic empatitzant gaire. A mi tot això de les institucions catalanes no em genera empatia ni impuls de cap de les maneres ni vull fer res a l’empara d’aquesta premissa. Que tingui ulls a la cara i vegi el que passa amb fàstic no significa que hagi de fer res per i des de i cap a les institucions catalanes ( o amb l’adjectiu que sigui). De fet ara és moment de tossudesa, de seguir amb orgull les premisses del suport mutu i solidaritat entre iguals ( d’altra manera no el conec perquè no ve de tornada, per tant és mesell i una presa de pèl), de l’autogestió i l’autodefensa etc. No puc ni vull fer les coses d’una altra  manera. I no tinc gaire més a dir.

Espero que no sigui una manera de tibar per a fer campanya, espero que no perquè a mi no m’agrada que em posin entre l’espasa de la guàrdia civil i la paret de les institucions catalanes. I a més provoca aquesta mena de filosofia per la qual acabem assumint que les institucions ens salven, o que unes són millors que les altres o ves a saber. Espero que no sigui cosa de campanya perquè a mi la guàrdia civil no em fa gràcia, la beatificació de la burgesia catalana tampoc, i encara menys l’entrega de clavells. No tinc cap mania a les flors, és que penso que el pacifisme és quelcom molt diferent. I que l’autodefensa està molt bé, és clar.

Jo, la veritat, no sé ben bé què dir sobre les opcions davant el referèndum perquè ni jo mateixa sé què fer. I de fet amb aquest text NO estic demanant una allau d’opinions al respecte ( no ho feu per favor, ja us llegeixo des de fa temps i ja en tinc més que prou). Sé que el “no” no és una opció per mi, la resta de possibilitats ballen al meu cap cada dia de manera desigual i desequilibrada. I tampoc vull que em digueu que em decidiré amb els fets que vagin succeint aquests dies perquè em semblaria massa paternalisme, més del que fa dies ja suporto. Ja sóc prou grandeta i espavilada per a decidir què faré, no us estic demanant encara més campanya. Per tant jo tampoc faré campanya. Confesso que en part no faré la campanya per l’abstenció per certa covardia: vistes les reaccions a les xarxes cap a qui la fa o la insinua no en tinc ganes. Ja és trist que parlar o insinuar l’abstenció per motius polítics, no espanyolistes ni estatistes, hi hagi qui aprofiti per dir coses (aplicades a tothom i totdon com un rodet) com:

  • El clàssic xantatge emocional del flac favor
  • Donar per suposat que no ets prou activista o prou de carrer, que no estàs amb la gent
  • El clàssic “ets espanyolista”
  • O el no estàs prou al cas del què vol la gent.

Jo voldria respirar fons però després penso en com fem sempre al·lusions als anys trenta del segle passat i em pregunto perquè ho fem si després som incapaces de tolerar tot tipus d’opcions a debat, com passava en aquells temps, com també ho és l’abstenció de classe i llibertària. Aquesta opció no és l’enemic, l’enemic és un altre. És clar que en aquell moment no hi havia unes xarxes socials que permeten repetir a cada minut postures i pressions de tot tipus. A mi personalment em sembla que si no podem suportar que es parli d’abstenció amb raons de pes, si no contemplem el dissens com a forma de relacionar-nos i sobre la qual treballar políticament, trobo que comencem malament aquest nou “el que surti” després del dia 1 d’octubre. I ho dic molt sincerament i des de l’interrogant següent: “sobre quines bases estem assentant això?”

Em passa que fa anys que em molesta que em facin tancar files al voltant de processos que no m’acaben de fer el pes. M’irrita que em vulguin forçar a cobrir unes etapes de canvi social que no són les que jo també he pensat o volgut. I és així perquè quan em forcen m’instrumentalitzen i no em tracten d’igual a igual. I em fa posar de cul que donin per fet que per ser solidària he d’estar d’acord amb, o encara pitjor, que sembli que si no estàs d’acord en temes/mètodes/objectius concrets es puguin posar en perill relacions o relats. Escolti, a mi no m’ha de felicitar ningú per ser solidària principalment perquè jo agrairé però no felicitaré. És que ni tant sols hem de combregar religiosament, ja que la solidaritat la pressuposo quan algú es defineix al voltant d’aquesta. Quan em sorprenc és quan no hi és. Agrair sí, deure no. Ull perquè aquestes maneres de relacionar-se poden fer pagar penyora.

Tampoc faré campanya pel sí. És que segueixo pensant que no m’agraden els estats, no em convenç el vot útil ni el de “això és millor que” com si no fóssim capaces de fer o imaginar altres maneres (i mira que recordem altres èpoques però ens subestimem a nosaltres mateixes en aquesta), segueixo sense tenir afecte ni ganes d’estratègia amb part de qui impulsa tot això…És així, no ho puc negar ni ho amagaré. M’és ben igual que us sembli repetitiu perquè diria que repetitives ho som totes ja a aquestes alçades o sigui que no val penjar la llufa de reiteratives a les altres quan, en tot cas, la portem totes. A no ser que pensem que una pesantor agrada més que l’altra, cosa que a mi em resultaria molt revisable com a moviment polític. I de fet em torna a sorgir el “en què estem basant tot això?”

Doncs a mi em resulta molt perillós com s’està validant i revalidant a les institucions catalanes en general. És obvi que per a que un estat funcioni això és necessari, i per tant si estàs d’acord amb un moviment pro-estatista això et semblarà molt bé. Amb matisos, però vaja, que serà el que sembli normal. Doncs jo ho observo i el que em plantejo tristament és com costarà posar-les en qüestió l’endemà de tot. Serem tan ingenus de pensar que primer ho muntem i després ja el qüestionarem o com va això? Això crec que no és un detall qualsevol dins d’unes etapes pensades (o si més no contemplades). Això que dic és un tot en el futur de lluites com la de classes, la de les alternatives socials, l’antirepressiva etc. Trobo que, mira, és normal que es facin planificacions, però el que no m’agrada –perquè m’agrada que em tractin amb respecte també en el camp de l’agència política i social- és que em contemplin com una peça estratègica o un element a qui pressionar. Jo no sóc la burgesia catalana ni fomento tebiors, a mi que no m’encasellin en un tauler estratègic a la mateixa alçada que altres elements que campen, o al menys no em feu sentir com si comptés només per a ocasions concretes que són profitoses. No val veure la lluita de classes com un sector, un camp, un braç, ja que així s’acaba per instrumentalitzar-la.

Em torno a preguntar en què estem assentant això quan hi ha qui a les xarxes se sorprèn o celebra que les anarquistes es posicionin contra la repressió de l’estat espanyol, com si fos nou. Disculpeu, però això és significatiu de com ens infantilitzeu i del paternalisme amb què ens mireu, per no dir que és no voler tenir gaire idea de les anarquistes. Per tant és indicatiu de la relació poc horitzontal que això implica. Amb la d’anys i panys que sabem qui està on ha d’estar….això és molt i molt sobrer i segons el meu parer pot fer pensar que hi ha certa voluntat homogeneïtzadora.

Encara un altre exemple de coses que es diuen, que no tenen perquè dir-se, i que arrosseguen i empenyen a la homogeneïtzació amb poc espai per a la crítica: “com pots dir que això ho porta la burgesia si això ho empeny el poble”. Anem a veure. Anem amb ull. Que jo pugui observar, així a l’atzar, el rèdit que en treu i en traurà la burgesia catalana, la legitimitat que està acumulant, el bonisme que l’està envoltant, els esforços que fa en centralitzar el discurs, el perill que això comporta, la facilitat amb que permea, la manera com això capgira les seves accions… perdoneu, això no és negar que hi hagi molta gent de diversos àmbits que vulgui la independència, això és dir coses que estan passant i que poden passar i estar alerta. Això no vol dir no baixar a la  plaça i no estar al costat del poble, segons el meu parer insistir en l’atenció sobre la burgesia és exactament estar amb el poble, o sigui, no avalar mai a qui de veritat no està al costat del poble. I em sembla de mal pair que hagi d’explicar-ho i em sembla un mal xantatge que no es pugui dir. Seria interessant parlar de “poble”, de qui considerem poble, sota quins paràmetres diem poble, sota paràmetres de “gent”, de nacionalitat, de cultura o de classe? Que igual sembla un detall sense importància, però és que a mi no i per això mastego tant tots els inputs que m’arriben.

Tot això, i coses que em deixo segur, només és una pinzellada al que voldria exposar que té a veure amb tots aquells discursos i bases en les que això es construeix i que em fan pensar en l’abstenció a l’hora del vot i en l’ús de l’acció directa i l’autoorganització com a formes molt més imaginatives de fomentar. I ho complementaré en què penso com a anarcofeminista del discurs al voltant de la república catalana i les dones.

  • Les crides a constituir una república catalana per a que sigui una república antipatriarcal. S’equipara el fet de sortir de l’estat espanyol amb una república antipatriarcal. Això conté un tel una mica perillós: és que el patriarcat és patrimoni d’España? És que ens pensem que per ser catalanes som més progressistes? I, per últim, per a que hi hagi un canvi real qui va davant les lleis noves o les mentalitats? I tot i així el que veig més perillós d’aquest discurs és que atorga un paper/poder de salvació a les institucions que ens infantilitza i ens fa dependents. I com ja he expressat en alguna ocasió a mi em sembla molt més pràctic apostar per l’autodefensa i deixar de banda els supòsits estatistes des del punt de vista anarcofeminista ja que els estats i institucions neixen del patriarca i el patriarcat.
  • L’abric còmode que suposa per a les burgeses aquesta mena d’interclassisme que, com sempre, instrumentalitzen els moviments de dones o els discursos del paper de les dones en el fet nacional i pacífic, per a promoure una pau social que només serveix per a elles. Així mateix confondre la feminització de la política amb calma i pacifisme és una altre reforç més de les institucions que seran les que donin ordres de quan, qui i com sortir al carrer, en quines condicions i amb quins motius.

Així doncs, a l’espera de més esdeveniments i més postures, i seguint amb la lluita quotidiana espero seguir poder escrivint per a que la vida continuï però sense que ens governi ningú. I ningú vol dir ningú més que nosaltres mateixes.