Sobre el libro “Y que hacemos con los violadores?” ( Heura Negra y Descontrol Editorial)

Me leí el libro en pocas horas por varias razones: porque leo rápido porque disfruto de leer tanto como de escribir, porque algunos de los textos ya los había trabajado antes y, la razón más importante, porque por primera vez en mucho tiempo estaba leyendo un documento sobre maneras de ver la autogestión y reparación en casos de agresiones sin que el concepto antipunitivismo se usara para atacar a supervivientes, justificar agresiones y reacciones violentas de los colectivos o para condenar la acción directa.

Mi percepción es que se ha hecho con cariño y con un cuidado que hacía mucho tiempo que no veía, y también que las críticas y autocríticas reflejadas no solamente son constructivas si no que, aun y el debate y las dudas que plantean, nunca traspasan las líneas rojas que deberían ser básicas tales como no jugar al juego de versiones, no reagredir, acompañar y apoyar a las/les supervivientes etc. Esto, que pareciera que tendría que ser lo habitual, nuestras bases, y que incluso es algo de mínimos, no lo es, y si pensamos con honestidad sabemos que la gran mayoría de dolores se generan y magnifican en nuestros espacios porque no se ejercen estas prácticas básicas. Entonces la bola de nieve se nos hace enorme.


Quiero decir que he tardado unos tres días en hacer esta reseña porque cada vez que lo intentaba me venía la llorera. La cantidad de dolor, frustración, rabia y agresiones colaterales que generan la falta de responsabilidad individual y colectivas a algunas de nosotres y nosotras se nos acumula en la piel desde hace años. Tengo en la memoria infinitos artículos, fanzines, recopilatorios y comunicados, que en nombre de vaya usted a saber qué anarquismo o qué antipunitivismo o qué enfant terribilismo se dedican y se dedicaron a reforzar que nombrarse superviviente es victimismo infantil, que hablar de límites es de liberales o que lo libertario es que la voluntad del colectivo pese sobre lo que necesitan las agredidas. La emoción de que eso no fuera lo que conduce este libro y, a la vez, la tristeza se que se haya tardado tanto desde la mixticidad en generar un material que no violente a les supervivientes, se me ha mezclado durante unos días.

Incluso me emociona que se publique en formato libro, con amor, y tomado con seriedad para la reflexión y principio, la defensa de la autodefensa feminista ya que es una postura que habitualmente no se ha tenido en cuenta o se ha cuestionado hasta la saciedad.


Siguiendo ahí, mis pensamientos aun están en tensión, van des de el “me alivia que alguien se lo tome en serio y con honestidad” y el “seguramente, y tristemente, tendrá mejor acogida si estas posturas las publica un colectivo mixto, más si es de referencia, que si los seguimos difundiendo nosotras”. Esto en ningún caso se me ocurre pensarlo como un reproche si no como una fotografía de la realidad que, nuevamente, nos tiene que hacer pensar. ¿A cuántas personas les resultará más amable este recopilatorio que el de las colectivas feministas “x”? ¿A cuántos colectivos se les puede ocurrir tomar como referentes sobre el tema al colectivo que publica y no a las que llevan/mos tiempo? ¿Cuántas personas cogerán el teléfono y llamarán a alguna de las supervivientes o integrantes de grupos de apoyo a las que hayan ignorado o silenciado o directamente acosado para reparar o para dinamizar un debate honesto? Esto claramente no depende de quien publica pero sí que es responsabilidad de todos/as/es que esto se dé de esta manera y es otro elemento de reflexión: no vaya a pasarnos que las de los márgenes sigamos en los márgenes intentando eliminar estos márgenes.


No quiero entrar a fondo en detalles del libro básicamente porque lo que quiero es hacer una propuesta, una propuesta que necesita no desvelar detalles del contenido. El contenido no solamente se debe de leer, hay que trabajarlo individualmente y colectivamente y hay que hacerlo desde la perspectiva que indica la introducción: generar debate, dar herramientas que ayuden, generar materiales y todo esto sabiendo que aun faltan aspectos por profundizar, por parte de todas. Por ejemplo la tensión entre el peso del grupo (¿debe controlar los procesos? ¿Pero si sabemos que no se toman decisiones tremendamente horribles, qué peso debe tener?) y el peso de las necesidades de las supervivientes. O el peso de los dolores que genera en el grupo y el peso de los dolores de les supervivientes sobretodo cuando se usa la autodefensa (¿Por qué la autodefensa feminista nos genera la misma incomodidad que le genera a un ente de poder el uso de la acción directa? Aquí me gustaría recomendar el libro de Elsa Dorlin, Autodefensa una historia de violencia, que nos puede ayudar a entender más qué es y qué nos genera la autodefensa). O qué significan el antipunitivismo, la responsabilización y los cuidados cuando los tenemos que bajar de la teoría y el discurso y se nos interpela a ponerlos en práctica.


Volviendo a la propuesta, creo que hay que hacer un trabajo concienzudo y urgente a partir de la recopilación, incluyendo a personas que puedan dinamizar este trabajo y que lleven tiempo con esto, no solamente una presentación, un trabajo real. Tenemos a muchas compañeras que pueden echar una mano, no dejemos perder esta posibilidad. Que no solo se nos quede en un libro, que ya es mucho, pero no suficiente. Y que el trabajo signifique transformaciones reales, aunque sean o nos parezcan pequeñas. Que sea con un cuidado real, y en eso muchas compañeras también pueden ayudar.


Me gustaría agradecer el hecho de aparecer en la bibliografía, no por una cuestión de emoción personal, si no porque aunque no represento a nadie, la propuesta de la que hablo no es solamente mía ni nueva. Así, resulta por fin completo y sanador que aparezca la autodefensa en toda su globalidad: un abanico de herramientas a escoger que respetan las necesidades de las supervivientes que van des de la acción directa hasta un proceso de reparación colectivo. También volver a agradecer el cariño con el que se ha tratado la cuestión, más allá del estar o no de acuerdo en todo, y agradecer a las compañeras el reconocimiento del dolor y la frustración que generan las agresiones, hay que tener en cuenta que el dolor y la frustración se imprimen de manera concreta en nuestra mente, nuestras emociones y nuestras cuerpas, son algo concreto de lo que hablar y que hay que reconocer.

Para acabar creo imprescindible agradecer a todes y todas las supervivientes y miembras de grupos de apoyo que llevan años poniendo el cuerpo y la salud mental, generando literatura, propuestas y prácticas que nos han llevado hasta aquí.


Sigamos

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