Documents per al debat, masclismes/ Documentos para el debate, machismos

Document en PDF (“Masculinitats, Masclismes i Micromasclismes”)

a través de “Masculinitats, Masclismes i Micromasclismes” — Federació Comarcal CGT Baix Penedès

 

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A la  Federació Comarcal hem fet un recull de documents per a debatre!

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En la Federación Comarcal hemos hecho una recopilación de textos para el debate! En la compilación hay muchos en castellano, cuando podamos traducimos y los colgamos todos en castellano!

 

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Documents per al debat, agressions/ Documentos para el debate, agresiones

Document en PDF (Propostes per afrontar col·lectivament les agressions)

a través de Propostes per afrontar col·lectivament les agressions — Federació Comarcal CGT Baix Penedès

 

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A la Federació Comarcal hem fet un document per a debatre sobre la gestió d’agressions!

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En la Federación Comarcal hemos hecho un documento sobre la gestión de agresiones! Está en catalán aunque hay algun párrafo en castellano, cuando podamos traducimos y lo colgamos en castellano!

Nos matan…

Hoy voy a ser un poco impopular, quiero reflexionar un poco sobre la gran manifestación del pasado sábado 5 de noviembre en Tarragona. Me gustaría no ser sometida a la muleta-chantaje de que nos matan para hacerme sentir culpable o para disuadirme de hablar. Estamos acostumbradas a afrontar y a plantear debates dolorosos y arriesgados o sea que pienso que esto también es necesario. 

Para empezar, y para clarificar las cosas, a mí las grandes manifestaciones me parecen bien, tan bien como cualquier otra herramienta de visibilización o lucha. Quizás puedo considerar que yo personalmente pondría energía en otro tipo de tarea (tarea que muchas mujeres que estaban en la manifestación ya hacen), pero más allá de eso, nada más que decir.

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Des de mi punto de vista el asunto es otro: con quien se hace esta manifestación. A mí me resulta complicado organizar o ir de la mano o considerar hermana de lucha a otras mujeres o grupos de mujeres que no tienen un discurso de clase obrera ni prácticas antiautoritarias. No creo sinceramente que todas seamos iguales, ni que realmente seamos hermanas de lucha. Ni mucho menos sufrimos lo mismo. No es que no sea capaz de ver cómo funciona el patriarcado y no es que quiera que le pase algo a alguien, la cosa es más sencilla: el apoyo y la solidaridad no se crean de la nada, por lo tanto si no importa que a las obreras nos matan (más o menos lentamente) por ser obreras, yo no creo alianzas.

Me parece bastante ahistórico y peligroso diluir la cuestión de la clase hasta dejarla casi invisible ya que bajo una capa de presunta transversalidad del movimiento feminista se esconde la instrumentalización política y electoralista de la cuestión (desde hacerse la foto hasta el querer ser la vanguardia); la progresiva rebaja del discurso y también de la peligrosidad de la idea; el fomentar la dependencia de las mujeres a otras estructuras (puramente heteropatriarcales) como los estados, las administraciones, el sistema judicial, la policía, etc; el reforzar a las que ejercen de explotadoras, o de esquirolas y traidoras; y por supuesto un abandono de la radicalidad. Esta deriva ya parte de finales de la conocida como Segunda Guerra Mundial. La señora Eleanor Roosevelt ya expresó en su discurso en las Naciones Unidas que las mujeres teníamos que ser las garantes de la paz mundial y social vaciando así de contenido de clase la celebración del 8M. A partir de ese momento ha ido cuajando, al menos en el mundo blanco occidental, la idea de la transversalidad y le seguimos dando vueltas aun a los trocitos y las migas del pastel que queda en vez de seguir picando piedra y cambiar la receta.

El movimiento feminista en plural no ha sido históricamente transversal, y era así para delimitar de manera muy acertada el lugar de cada una en este mundo. Las sufragistas existían pidiendo derechos para las mujeres dentro del mismo sistema, pidiendo el voto y derechos legales, pero siempre dentro de este marco, apostando por pactos de país, campañas políticas y electorales que tenían que garantizar no sé qué cambios…No es una filosofía muy distinta a la de muchas demandas actuales. Pero aparte de sufragistas y legalistas que eran burguesas (por no hablar del caso catalán que eran católicas, burguesas y racistas que se autodenominaban feministas) existían las mujeres obreras organizadas y éstas no tenían buenas relaciones con las burguesas. En muchos lugares ni se saludaban. En otros se relacionaban poco y mal, ya que si unas veían el voto como objetivo, las otras lo consideraban una posible herramienta más, pero no perdían la perspectiva de clase obrera y la importancia de la organización de las mujeres trabajadoras. Las otras, las anarquistas, directamente iban a lo suyo. Esto significa que el movimiento feminista será lo que las mujeres quieran que sea y que por supuesto éste no es de manera innata, ni interclasista ni transversal ni vacío de contenido de clase. Tenemos ejemplos a puñados de obreras hartas de oradoras, de trabajadoras de casa sindicadas luchando al lado de las proletarias…y de burguesas intentando aliarse con obreras con el discurso de que todas somos iguales. No digo nada nuevo y eso es lo que duele, que no es nuevo.

Y yo que debo ser de las antiguas aburridas que tienen a flor de piel eso de la lucha de clases porque me la como cada día con patatas, no tengo ganas de dejarme arrastrar por las “necesidades” momentáneas y de última hora de partidos que quieren ser la vanguardia feminista para tener campo/voto/sectorial/referencialidad, o de sindicatos de pacotilla a quienes les importa un bledo que nos quieran domesticar y matar a las mujeres y a la clase trabajadora, ni pienso que sea adecuado gastar energía en conformar un movimiento feminista que venga a ser una especie de frente nacional que muchas veces fomenta la idea absurda de que “allí son más nosequé” como si aquí no lo fueran, ni un largo etc. No creo que sea correcta la idea que necesitamos todo esto y que tenemos que ligarnos a esto para al final ser absorbidas. No creo que sea inevitable. I no creo que sea una manera inclusiva de hacer las cosas, de hecho es profundamente excluyente: se excluye a las obreras.

No creo que haya más opción que la acción directa y la autogestión, y estas ideas no nacen del discurso burgués, ni del vaciado del discurso de clase, ni de la dependencia del sistema. Y eso del apoyo y la sororidad…hilemos fino y no abaratemos la idea, eso se da en relaciones entre iguales.

Mireia Redondo Prat

Ens maten…

Avui seré una mica impopular, vull reflexionar al voltant una mica al voltant de la gran manifestació del passat dissabte 5 de novembre a Tarragona. M’agradaria molt que no se’m sotmetés a la crossa-xantatge de que ens maten per a fer-me sentir culpable o bé per a dissuadir-me de parlar. Bé estem acostumades a afrontar i a plantejar debats dolorosos i arriscats o sigui que penso que això també cal. 

D’inici, per a clarificar les coses, a mi les grans manifestacions em semblen bé, tant bé com qualsevol altra eina de visibilització o lluita. Potser puc considerar que jo personalment posaria energies en una altra mena de tasca (la qual moltes dones que estaven a la manifestació ja fan), però més enllà d’això, res a dir.

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Segons el meu parer l’assumpte a debatre és un altre: amb qui es fa aquesta manifestació. A mi em resulta complicat organitzar o anar de bracet o considerar germana de lluita a altres dones o grups de dones que no tenen discurs de classe obrera ni pràctiques antiautoritàries. No crec sincerament que totes siguem iguals, ni que realment siguem germanes de lluita. Ni molt menys patim el mateix. No és que no sigui capaç de veure com funciona el patriarcat i no és que vulgui que a ningú li passi res, la cosa és més senzilla: el suport i la solidaritat no es creen del no res, per tant si no importa que a les obreres ens maten (més o menys lentament) per ser obreres jo no m’alio.

Em sembla bastant anhistòric i perillós diluir la qüestió de classe fins a deixar-la quasi invisible ja que sota una pàtina de presumpta transversalitat del moviment feminista s’hi amaga la instrumentalització política i electoralista de la qüestió ( des del fer-se la foto al voler ser l’avantguarda); la progressiva rebaixa del discurs i de la perillositat de la idea; el foment de la dependència de les dones d’altres estructures (purament heteropatriarcals) com els estats, les administracions, el sistema judicial, la policia etc; el reforç a les que exerceixen d’explotadores, o bé d’esquiroles i traïdores, i per suposat un abandonament de la radicalitat. Aquesta deriva ja parteix dels finals de la coneguda com a Segona Guerra Mundial. La senyora Eleanor Roosevelt ja va expressar en el seu discurs a les Nacions Unides que les dones havíem de ser les garants de la pau mundial i social tot buidant de contingut de classe la celebració del 8 de març. A partir d’aquest moment ha anat quallant, al menys en el món blanc occidental, la idea de la transversalitat i en comptes de seguir picant pedra per a canviar la recepta del pastís sembla que encara li donem voltes als trossets i les molles del que queda ara.

El moviment feminista en plural no ha sigut històricament transversal, i era així per delimitar de manera molt encertada on estava cada una en aquest món. Les sufragistes existien demanant drets per a les dones dins aquest mateix sistema, demanant el vot i drets legals, però sempre dins aquest marc, apostant per pactes de país, campanyes polítiques i electorals que havien de garantir no sé quins canvis…No és una filosofia gaire diferent a la de moltes demandes actuals. Però és que a part de les sufragistes i legalistes que eren burgeses (per no parlar en el cas català de les catòliques burgeses racistes que s’autoanomenaven feministes) existien les dones obreres organitzades i aquestes tenien no bones relacions amb les burgeses. En molts indrets ni es saludaven. En alguns llocs es relacionaven molt poc i malament ja que si unes veien el vot com a objectiu d’altres el veien com a possible eina més però sense perdre la perspectiva de classe obrera i de la importància de l’organització de les dones obreres. Les altres, les anarquistes, directament anaven a la seva. Això vol dir que el moviment feminista serà el que les dones vulguin que sigui i que per suposat aquest no és de manera innata interclassista ni transversal ni buit de contingut de classe. Tenim exemples històrics a grapats d’obreres fartes d’oradores, de treballadores de casa sindicades i lluitant al costat de les proletàries…i també de burgeses provant d’aliar-se amb les obreres amb el discurs de que totes som iguals. No dic res de nou, i això és el que resulta feridor, que no és nou.

I jo, que dec ser de les avorrides i antigues que tenen a flor de pell això de la lluita de classes (per què me la menjo amb patates cada dia) , no tinc ganes de deixar-me arrossegar per la “necessitats” momentànies i d’última hora de partits que volen ser l’avantguarda feminista per a tenir camp/vot/sectorial/referencialitat, o de sindicats de pa sucat amb oli a qui els importa un rave que ens vulguin domesticar i matar a les dones i a la classe treballadora, ni penso que sigui adient gastar energies en conformar un moviment feminista que vingui a ser una mena de front nacional que sovint fomenta la idea absurda de que “allà són més nosequé” com si aquí no ho fossin, ni un llarg etcètera. No crec que sigui correcte que necessitem tot això i que ens hi quedem lligades per al final ser absorbides. No crec que sigui inevitable. I no crec que sigui una manera de fer inclusiva, de fet és profundament excloent: s’exclou a les obreres.

No crec que hi hagi cap opció més que no siguin l’acció directa i l’autogestió, idees que no neixen pas del discurs burgès, ni del buit de contingut obrer, ni del dependent del mateix sistema. I això del suport, de la sororitat…amb això filem prim i no el fem barat ja que només es dóna en relacions entre iguals. 

Mireia Redondo Prat

La clase también nos atraviesa

Estamos acostumbradas a hablar en términos como que hay diferentes feminismos y no solo uno, que tenemos que saber ver aquello que nos atraviesa (las intersecciones, como por ejemplo la raza), que lo personal es político…Pero yo me pregunto, no será que hay términos que hemos olvidado y que otros se han convertido en mantras o mainstream?

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Parece ser que hablar de clase duele a la vista, hay quien piensa que está pasado de moda. Yo digo, una cosa es que resulte oxidado e incompleto decir que todo se soluciona con la lucha de clases, i la otra es substituir palabras, hablar de desigualdades o precariados, de las injusticias, sin decir las cosas por su nombre. Verdad que da rabia cuando le sacan cafeína a los feminicidios? Mucha. Pues a mí también me duele sacarle contenido a la clase social y teorizar en tal exceso que acabamos aceptando condiciones de vida muy muy esclavas. Y sí, chicas y chicos, la clase nos atraviesa de mala manera. Y no me es posible obviar eso en mi práctica y en la teoría feminista.

Antes de ponerme a teorizar, que no siempre me sale porque con que no pude acabar de pagar los estudios el autodidactismo llega donde puede, y que coño que no tengo ganas, utilizaré esto de que lo personal es político. Y es que no me sale de otra manera:

La señora que se mofaba de mi padre ( ella no sabía que era mi padre) porque él no es tan locuaz como ella en catalán, aunque lo habla mucho con acento andaluz, y también porque fruto de la escasa formación tiene una letra jeroglífica, esta señora clasista, llevaba puesta una chapa contra la violencia de género.

El señor que se reía de mi madre por que hace faltas cuando escribe en catalán porque ella tiene estudios pero no tiene formación super superior ni es de las que ejerció una profesión liberal (él no sabía que ella era mi madre) es de estos progres que te los encuentras en las manis  contra las guerras, contra el racismo y las del 25N en Barcelona.

La señora que me dijo que debía ir al psicólogo por que llevaba cresta, botas y fumaba porros en la puerta del colegio de un barrio de clase media alta que no era mi barrio  (aunque yo tenía una media de notas brutal) era mi tutora y nos enseñaba que las mujeres podíamos hacer lo que quisiéramos, supongo que se refería a las de su barrio, no a las del mío. En esta misma escuela uno de los profesores consideraba que mi barrio era peligroso, un profe que nos enseñaba lo guay que era la economía cooperativa.

Cada día tengo que planchar la ropa a la gente, hombres y mujeres, que son progres, que van a manis, que llevan chapas contra las violencias, contra la penalización del aborto, las guerras etc. I estas mismas me tratan como si fuera la criada a su servicio. Algunas llevan rastas y los pelos a lo progre, la ropa progre, algunas hasta se pasaron por el 15M, o están en movidas vecinales…pero ei, yo tengo que cumplir mi función porque estoy a su servicio.

Dentro de las que trabajamos fuerte, sí, hay niveles. Hay quien no ha vivido tantas y tantas veces como yo el hacer todas fuerza des de pequeñas en casa, mirando ofertas de trabajo en los periódicos ( La Vanguardia, El Segundamano…) porque mi padre, otra vez, había quedado en el paro. Eso sí, he sido muy feliz. O el tener que vivir en 20 metros cuadrados a la fuerza. O en un barrio más abajo en el que la policía no entra y te suben los olores y las cucarachas de los bajantes del edificio cada día. O bien explota el contador del edificio. O cualquier cosa infumable.

Hay quien no ha vivido el discursillo clasista benevolente y piadoso, de quien viene a traerte montañas de ropa, mientras la noche anterior has tenido que hacer guardia porque a una vecina adicta a la cocaína y maltratada le quieren quitar el hijo, o a la otra el ex la amenaza con un hacha, o vienen a buscar a los chavales sin papeles del parque para expulsarlos, o resulta que no tenías dinero para el butano o para la luz y has tenido que tirar cable de la vecina, o pasar un frío del diablo por que justo ese año nieva. Eh y sonríe.

Hay quien no ha pasado meses cenando arroz hervido o pasta sin nada. I mientras, verdad, las señoras con la chapita del símbolo feminista apretando para tener la ropa a punto, o rápido, o perfecta o vaya usted a saber. Ah, sí! y hablándome en castellano.

Hay quien no ha tenido que escuchar el discurso clasista de las encargadas de los presos de la cárcel. Aquella señora tan formada en cosas sociales que me quería hacer pasar por el aro textualmente, y que se pensaba que soy sumisa, tan lista y liberada ella.

I la verdad es que yo sí. Y estoy harta. No son mis compañeras, como tampoco lo son las que están organizadas en espacios donde se le lame el culo al empresario cuando los/las trabajadores/as mueren en las fábricas, o que consideran que un aspirador o una escobilla para el baño es un regalo precioso para las trabajadoras. Ni con las que se piensan que el sistema de turnos que enferma al compañero, a los compañeros, no está tan mal, o aquella que…da igual. Para mí la cosa es fácil, o se desclasa o no hay diálogo, que no. Que no tengo por qué compartir nada con el machista que no quiere dejar de serlo pero tampoco me siento afín para nada con quien ejerce poder de clase. Ya sé que esto me acota mucho el campo de acción y que queda feo decirlo pero es así.

Y es que no le daré más vueltas. Si tenemos que contemplar y señalar todo lo que nos atraviesa no nos olvidemos la clase, que también es vieja, mata y crea sumisiones. La sororidad también la quiero escoger y no bebérmela como un dogma. Llamadme selectiva.

Mireia Redondo Prat

La classe també ens travessa

Estem acostumades a parlar en termes com que hi ha diversos feminisme i no només un, que hem de saber veure tot allò que ens travessa ( les interseccions, com per exemple les de raça), que allò personal és polític… Però jo em pregunto, no serà que hi ha termes que hem oblidat i que d’altres s’han convertit en mantres o mainstream?

 

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Sembla ser que parlar de classe fa mal als ulls, hi ha qui ho troba passat de moda. Jo dic, una cosa és que resulti rovellat i incomplet dir que tot se soluciona amb la lluita de classes, i l’altra és substituir termes, parlar de desigualtats o precariats, de les injustícies, sense dir la cosa pel seu nom. Oi que fa ràbia quan li treuen cafeïna al feminicidis? Molta. Doncs a mi també em dol treure-li contingut a la classe social i teoritzar en tal excés que acabem acceptant condicions de vida molt i molt meselles. I sí, noies i nois, la classe ens travessa de mala manera. I no m’és possible obviar això en la meva pràctica i en la teoria feminista.

Abans de posar-me a teoritzar, que no sempre em surt perquè com que no em vaig poder acabar de pagar els estudis l’autodidactisme arriba on pot, i que coi que no en tinc ganes, faré servir això de que allò personal és polític. I és que no em surt d’una altra manera:

La senyora que se’n fotia del meu pare (ella no sabia que aquell era mon pare) perquè ell no és tant loquaç en català com ella, tot i parlar-lo molt amb accent andalús, i també perquè fruit de l’escassa formació té una lletra jeroglífica, aquesta senyora classista, portava posada una xapa contra la violència de gènere.

El senyor que se’n fotia de ma mare perquè fa faltes quan escriu en català perquè ella té estudis però no té formació super superior ni és de les que va tenir professió liberal (ell no sabia que era ma mare) és d’aquests progres que te’ls trobes a les manis contra les guerres, contra el racisme i les del 25N a Barcelona.

La senyora que em va dir que havia d’anar al psicòleg perquè portava cresta, botes, fumava porros a la porta de l’escola d’un barri de classe mitja alta que no era el meu barri, (tot i tenir jo una mitja de notes brutal) era la meva tutora i ens ensenyava que les dones podíem fer el que volguéssim, suposo que es referia a les del seu barri, no a les del meu. En aquesta mateixa escola un dels professors considerava que el meu barri era perillós, un profe que ens ensenyava que guai era l’economia de cooperació.

Cada dia he de planxar la roba a gent, homes i dones, que són progres, que van a manis, que porten xapes contra les violències, contra la penalització de l’avortament, les guerres etc. I aquestes mateixes em tracten com si fos la minyona al seu servei. Algunes porten rastes i els cabells progres, la roba progre, algunes fins i tot es passaren pel 15M, o estan en mogudes veïnals…però ei, jo he d’acomplir la meva funció doncs estic al seu servei.

Dins de les que treballem fort, sí, hi ha nivells. Hi ha qui no ha viscut tantes i tantes vegades com jo el fer totes pinya, des de menudes, a casa, mirant les ofertes de feina dels diaris ( La Vanguardia, EL Segundamano…) perquè el pare altre cop havia quedat a l’atur. Això sí, he estat molt feliç. O el viure en 20 metres quadrats per força. O en un barri de més avall en el que la policia no hi entra i et pugen les ferums i les cuques dels baixants de l’edifici cada dia. O bé explota el comptador de l’edifici. O bé qualsevol cosa infumable.

Hi ha qui no ha viscut el discurset classista benvolent i pietós, de qui ve a portar-te piles de roba, mentre la nit anterior has hagut de fer guàrdia perquè una veïna addicta a la cocaïna i maltractada li volen prendre el fill, o a l’altra l’ex l’amenaça amb una destral, o venen a buscar els nanos sense papers del parc per expulsar-los, o resulta que no tenies diners pel butà o per la llum i has hagut de tirar cable de la veïna, o passar un fred del dimoni ja que just aquell any neva. Ep i somriu.

Hi ha qui no ha passat mesos sopant arròs bullit o pasta sense res. I mentrestant, oi, les senyores amb la xapeta amb el símbol feminista aprestant per tenir la roba a punt, o ràpid, o perfecte o ves a saber. Ah, sí! i parlant-me en castellà.

Hi ha qui no ha hagut de sentir el discurs classista de les encarregades dels presos de la presó. Aquella senyora tant formada en coses socials que em volia fer passar per l’aro textualment, i que es pensava que sóc submisa, tant llesta i alliberada ella.

I la veritat és que jo sí. I n’estic ben farta. No són les meves companyes, com tampoc ho són les que estan organitzades en llocs on es llepa el cul de l’empresari quan els treballadors moren a les fàbriques, o que consideren que un aspirador o una escombreta pel bany es un regal preciós per a les treballadores. Ni amb les que pensen que el sistema de torns que fa posar malalt al company, als companys, no està tant malament, ni amb aquella que… és igual. Per a mi la cosa és fàcil, o es desclassa o no hi ha diàleg, que no. Que no tinc perquè compartir res amb al masclista que no vol deixar de ser-ho però tampoc em sento gens afí ni agermanada amb qui exerceix poder de classe. Ja sé que això m’acota molt el camp d’acció i que queda lleig dir-ho, però és així.

I és que no li donaré més voltes. Si hem de contemplar i assenyalar tot els que ens travessa no ens oblidem de la classe, que també és vella, mata i crea submissions. La sororitat també la vull escollir jo i no pas beure-me-la com un dogma. Digueu-me selectiva.

Mireia Redondo Prat

Post vacacional: la pedagogia feminista/ Post vacacional: la pedagogía feminista

Aquest és un text inesperat i escrit, com sempre, al tren i sense corrector però amb la ment una mica més clara d’haver fet una mica de repòs. Sorgeix, vaja com molts, dels debats a les xarxes socials i, vaja, que la qüestió és que val més la pena allargar-se una mica.

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El tema és el de la pedagogia feminista i no és una qüestió gens fàcil, al menys per a mi, ja que amaga moltes quimeres. Quan parlem de fer pedagogia ens sembla, en general, per a totes les lluites, molt encertat a totes. Però ens sembla molt positiva, sobretot, quan parlem d’organitzar-nos com a subjectes de lluita. O sigui, la pedagogia de subjecte de lluita a subjecte de lluita per a que cada cop siguem més, més organitzades i més conscients. Òbviament en aquest punt cal anar amb compte i no ratllar el paternalisme de pensar que com que hem llegit uns textos o practiquem unes lluites som la llum al final del túnel. Això seria i és, perquè si ens mirem segur que veurem que ho fem sovint, tractar la gent d’idiota i construir aquesta mena de relacions de poder simbòliques que són la base per a reproduir relacions verticals. Però vaja que en resum així mal fet, la pedagogia seria una bona estratègia i un bon fons, bon contingut i bones formes. D’acord. Jo per exemple considero essencial i molt pedagògic fer tallers sobre com saber dir que no o sobre com definir “violències de gènere”, tallers només de dones en els que les dones definim que ens passa i com responem. També considero essencial i molt pedagògic fer campanyes en les que es mostri recolzament a, per exemple, treballadores i treballadors del sector del comerç o restauració. Potser hi ha eines que tenen a l’abast per a lluitar pels seus drets i no ho sabem com jo tampoc ho sabia. Això és genial i de fet considero que és la feina d’acció directa més antiga i més efectiva i propera. Gastar energia i sola de sabata, parlar amb qui no és al nostre espai de confort, explicar però escoltar (aplicat als dos exemples) etc. O sigui el que els clàssics anarquistes definien com a estratègia anarquista: difondre, explicar, desenvolupar.

Però. El gran però. Que passa amb la pedagogia cap a qui no és el principal subjecte de lluita i amb això, ja que parlem de feminisme, em refereixo a qui no ha de ser a primera fila definint opressions, estratègies o respostes perquè no patim de la mateixa manera l’heteropatriarcal. Aaaamigxxxsss. Aquí ve la cosa que tiba la corda. 

Essent sincera, quan vaig començar a militar (ja en fa anys ostres) era molt d’explicar. I encara explico molt, sinó a que ve tanta xapa escrita. Però m’ha anat passant que amb el pas del temps se m’ha fet una muntanya molt gran ocupar-me de mi i d’organitzar-me amb altres dones, sanar-me/nos de la porqueria que ens tiren a sobre cada dia, i a la vegada ocupar-me dels homes mentre novament a la vegada he hagut de viure i veure les negligències i els abusos de molts (i no és agradable dir molts) d’ells. Resulta mentalment i emocional molt esgotador. I a més molt sovint ha acabat restant forces al propi camí de grups feministes. I sabeu què? És que és etern. Fa anys i panys que expliquem. I oi que és mooolt pesat haver de repetir les coses un i altre cop? Per a nosaltres també, sobretot quan del que parlem és de que ens els nostres espais, que haurien de ser de molta seguretat (més segur que altres espais poc segurs com la feina o el món en general), no trobem tal seguretat. Més enllà encara. És terrible, i això és una de les bases per entendre les VdG, la lluita quan estem parlant de relacions de confiança (en les que el mecanisme de la dominació és més pervers i escapar d’ella és més complex) i de temes tant dolorosos com els cossos, les emocions etc. Això cal pensar-ho bé. No és i no ha de ser bonic ni heroic en aquestes condicions haver d’escollir entre les meves ferides i ganes d’organitzar-me i o la necessitat (lògica) de saber o debatre.

Però. Un altre però, el gran però. El debat que puguem tenir sobre quin nivell de pedagogia hem de tenir amb els companys de lluita i les ganes que puguem tenir de debatre o explicar van acompanyades de molt. I és que no partim del mateix lloc. Amb això no només vull dir que no patim igual aquest sistema de merda. Que també i és quelcom que s’hauria de tractar de comprendre molt i molt. Amb això el que vull dir és que les nostres quotidianitats dins (també fora però això ens és més fàcil d’assumir) dels MMSS són desgraciadament diferents. Dic desgraciadament perquè el nostre dia a dia sou vosaltres també i no un sistema abstracte i contra el que pot ser emocionalment, conceptualment i mentalment menys complex en atacar. No és bonic ni fàcil ni just estar 24 hores del dia lluitant. I encara menys just és que se’ns demani que ho fem des d’un punt que, agradi o no, és un estereotip patriarcal: la paciència, la comprensió, l’explicació, la pedagogia. No és just sobretot perquè crec que som conscients que no s’ha fet ni s’està fent una feina antipatriarcal en espais mixtes i, parlant clar, per part de molts homes militants. I no es fa la feina per falta de ganes, perquè és que fa molts anys que parlem del tema. Molts. Llavors, penso que el fet de mirar la qüestió des de postures diferents ens porta a debatre i enfilar-nos: no és una bona d’afrontar la cosa fent el que sempre es fa amb nosaltres, que seria carregar-nos amb la responsabilitat de les nostres coses i les dels altres. Aquest és el nus del debat. Responsabilitzar-se encara que no resulti confortable. Però no carregar-nos de tot a nosaltres, tant d’ensenyar com de les conseqüències de no fer-ho. Sabem que en aquest tema, i en molts altres, pensar que no som el sistema ens fa anar malament. Val. Doncs treballar-ho implica responsabilitzar-se del que cada un pot estar fent o ometent. I no sempre resulta trencador, de fet no ho és pas, per difícil que se’ns faci, tenir un paper passiu: el que ve a ser  un “ensenya’m” etern.

Òbviament hi ha menys generalitats de les que estic utilitzant. Si qui tens al davant no envaeix l’espai, escolta o s’informa etc, no fa mal explicar o tenir debats. Però tot el dit anteriorment resulta crucial quan les nostres quotidianitats poden ser i són patriarcals dins els nostres espais. No en faré enumeracions però mencionaré allò que fa una mica de sang: com es gestionen i s’han gestionat els casos de VdG dins els MMSS? Fatal i ho sabem. Doncs no és ni anecdòtic ni perquè sí. I això ens empapa, no s’oblida perquè no es tanca. És impossible oblidar el suport zero o el trencament de la imatge d’estar en un espai de confi que ara resulta que ja no ho és. Per tant poc a poc amb les demandes. No estem en el mateix punt.

No som els bons. No podem partir de que som els bons perquè llavors la caguem. La cosa és que volem fer les coses millor.

Malauradament he de parar aquí. En breu la segona part…en la que suposo que parlaré de la nostra ira i de l’imaginari social al voltant d’aquesta. Va!

Mireia Redondo Prat

……

Este texto es inesperado, escrito como siempre en el tren y sin corrector pero con la mente algo más clara después de haber descansado un poco. Surje, en fin como muchos otros, de los debates en las redes sociales y la cuestión valdria al pena que se alargase más.

pissarra

El tema es el de la pedagogía feminista y no es una cuestión nada fácil para mí ya que esconde muchas quimeras. Cuando hablamos de hacer pedagogía nos parece, en general, para todas las luchas, algo muy acertado. Pero nos parece muy positiva sobre todo cuando hablamos de organizarnos como sujetos de lucha. O sea, la pedagogía de sujeto de lucha a sujeto de lucha para que cada vez seamos más, más organizadas y más conscientes. Obviamente en este punto hay que ir con mucho cuidado para no rallar el paternalismo al pensar  que con que hemos leído muchos textos o con que practicamos unas luchas concretas, somos la luz al final del túnel. Esto sería y es, porque si nos paramos a mirar seguro que lo hacemos muchas veces, tratar a la gente de idiota. Construir este tipo de relaciones de poder simbólicas es poner la base de la reproducción de las relaciones verticales. Pero vaya, en resumen, que la pedagogía sería una buena estrategia y un buen fondo, un buen contenido y una buena forma.

De acuerdo. YO, por ejemplo considero esencial y muy pedagógico hacer talleres sobre cómo saber decir que no o sobre cómo definir “violencias de género”, talleres solo de mujeres en les que las mujeres definimos lo que nos pasa y cómo respondemos. También considero esencial y muy pedagógico hacer campañas en las que se muestre apoyo a, por ejemplo, trabajadores y trabajadoras del sector de hostelería o comercio. A lo mejor hay herramientas que tiene a su alcance para luchar por sus condiciones de trabajo que no saben que existen, igual que yo tampoco lo sabía. Esto es genial y de hecho lo considero la tarea de acción directa más antigua y más efectiva y cercana. Gastar energía y la suela de los zapatos, hablar con quien no está dentro de nuestro espacio de confort, explicar pero escuchar (aplicado a los dos ejemplos) etc. O sea lo que los clásicos anarquistas definían como estrategia anarquista: difundir, explicar, desarrollar.

Pero. El gran pero. Que pasa con la pedagogía hacia quien no es el principal sujeto de lucha y con esto, ya que hablamos de feminismo, me refiero a quien no tiene que estar en la primera fila definiendo las opresiones, estrategias o respuestas porque no sufrimos de la misma manera el heteropatriarcado. Aaaaamigxxxss, Aquí viene el asunto peludo.

Siendo sincera cuando empecé a militar (hace unos añitos ya) explicaba mucho. Bueno y aun explico mucho, si no a qué viene tanta chapa escrita. Pero me ha ido pasando que con el paso del tiempo de me ha hecho un mundo el ocuparme de mi y organizarme con otras mujeres, sanarme/nos de la mierda que nos tiran encima cada día, y a la vez ocuparme de los hombres mientras, nuevamente, a la vez, he tenido que vivir y ver las negligencias y abusos de muchos de ellos (y no resulta agradable decirlo). Resulta mentalmente y emocionalmente muy agotador. Y además muchas veces se le ha acabado restando fuerza al caminito de los grupos feministas. ¿Y sabéis que? Es que es eterno. Hace años ya que lo explicamos. Y ¿verdad que resulta muy pesado tener que repetir las cosas una y otra vez? Pues para nosotras también, sobre todo cuando de lo que hablamos es de que en nuestros espacios, que deberían de ser de mucha seguridad (más seguros que otros espacios poco seguros como el trabajo o el mundo en general), no encontramos tal seguridad. Más aún. Es terrible, y ésta es una de las bases para entender las VdG, la lucha cuando estamos hablando de relaciones de confianza (en las que el mecanismo de dominación es más perverso y escapar de ella es más complejo) y de temas tan dolorosos como los cuerpos, las emociones etc. Hay que pensar mucho en ello. No es ni tiene que ser bonito o heroico, en estas condiciones, tener que escoger entre mis heridas y ganas de organizarme o la necesidad de saber y debatir.

Pero. Otro pero, un gran pero. El debate que podamos tener sobre cuál es el nivel de pedagogía que tenemos que tener con los compañeros de lucha y las ganas que podamos tener de debatir o explicar van acompañados de mucho. Y es que no partimos del mismo lugar. Con eso solo quiero decir que sufrimos igual a este sistema de mierda. Que esto es algo que se debería de tratar y comprender muy mucho. Con esto lo que quiero decir  es que nuestras cotidianidades dentro (también fuera pero esto nos es más fácil de asumir) de los MMSS son desgraciadamente diferentes. Digo desgraciadamente porque nuestro día a día sois vosotros también y no un sistema abstracto contra el que puedes ser emocionalmente, conceptualmente y mentalmente menos complejo atacar. NO es bonito ni fácil ni justo estar 24 horas al día luchando. Y aun es menos justo que e nos pida que lo hagamos des de un punto que, guste o no, es un estereotipo patriarcal: la paciencia, la comprensión, La explicación, la pedagogía. No es justo porque creo que somos conscientes que no se ha hecho ni se hace una tarea antipatriacal en los espacios mixtos y, hablando claro, por parte de muchos hombres militantes. Y no se hace por falta de ganas, porque del tema llevamos hablando años. Muchos. Entonces pienso que el hecho de mirar el tema des de posturas diferentes nos lleva a debatir y a enroques: no es una buena manera de enfocar la cosa haciendo lo que siempre se hace con nosotras, que es cargarnos con la responsabilidad de lo nuestro y de lo vuestro. Este es el nudo real del debate. El responsabilizarse aunque no resulte confortable. Pero no nos carguéis con todo a nosotras: las de enseñar y las que las consecuencias de no enseñar. Sabemos que en este tema, como en muchos otros, pensar que no somos sistema nos hace ir mal. Ok. Pues trabajar eso implica responsabilizarse de lo que cada uno puede estar haciendo u omitiendo. Y no resulta nada rompedor, por mucho que nos escueza, tener un papel pasivo: lo que viene a ser un “enséñame” eterno.

Naturalmente hay menos generalidades de las que estoy utilizando. Si quien tienes delante no invade espacio, escucha, se informa etc no duele tener debates o explicar. Pero todo lo dicho antes resulta crucial cuando nuestras cotidianidades pueden ser y son patriarcales en nuestros espacios. No haré enumeraciones pero mencionaré aquello que hace un poco de daño: como se gestionan y se han gestionado los casos de VdG dentro de los MMSS? Fatal y lo sabemos. Pues no es ni anecdótico ni porque sí. Esto nos empapa y no se olvida porque no se cierra. Es imposible olvidar el apoyo cero o el destrozarse la idea de que un supuesto espacio de confianza, que ya no lo es. Por lo tanto, poco a poco con las demandas. No estamos en el mismo punto.

No somos los buenos y buenas. No podemos partir de ahí porque entonces la cagamos. Queremos que la cosa vaya mejor.

Tengo que parar aquí. En breve la segunda parte…en la que supongo que hablaré de nuestra ira y del imaginario social alrededor de ésta. ¡Va!

Mireia Redondo Prat