DEFENSANT L’AUTODEFENSA EN LIBRO!

Bien pues, los tres artículos de Defensant l’Autodefensa ( DEFENDIENDO LA AUTODEFENSA) están recopilados en un librito, editado por Descontrol Editorial y que ya ha empezado a viajar un poco (Terrassa i Castelló)!!

Disponible de momento en catalán!

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DEFENSANT L’AUTODEFENSA, EN LLIBRE

Bé doncs, els tres articles de Defensant l’Autodefensa estan compilats en un llibret, editat per Descontrol Editorial i que ja ha començat a viatjar una mica (Terrassa i Castelló)!!

Disponible de moment en català!

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Una superviviente cualquiera contra la Academia. De víctimas y justícia restaurativa

Mirad, yo no tengo formación académica en cuestiones de género, de atención a víctimas o cosas por el estilo. Tampoco tengo formación académica en derechos laborales o economía pero no por eso no tengo la capacidad para discernir si sufro o no discriminaciones laborales, explotación o acoso. Sé que soy una trabajadora y que vivo en condiciones concretas por esta razón, bien y porque ya sabéis, la lucha de clases que ahora no hace falta que os cuente.
Si por ejemplo sufro acoso sexual laboral me reconozco como víctima de este acoso. Las consecuencias de tal acoso pueden llevarme a enfermar, perder el trabajo y un largo etcétera. Y mi lucha, en caso de tener energías, no siempre tengo que hacerla desde el papel de la vikinga a la que nada afecta ni desde el quiebre total. Porque depende del momento, de la persona y de mil factores más el cómo se afronta este acoso. Hay personas que necesitan más o menos tiempo de recuperación, si es que se recuperan del todo, que necesitan más o menos acompañamiento, que aceptan o no que han sido víctimas y que son supervivientes… La cuestión es que yo sé, sin formación alguna, que contra estas situaciones me puedo organizar para evitar ser víctima de discriminaciones y condiciones terribles en el trabajo y para facilitar el no verme sola.

 

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¿Qué quiero decir con todo esto? Que me pasa lo mismo con lo que decía al inicio, con las cuestiones de género, las agresiones, el machismo. Sé perfectamente que he sido víctima y soy superviviente. De hecho uso los dos conceptos indistintamente y no siempre los vivo de la misma manera, para mi no son estáticos. Me explico: no estoy siempre igual con mi mochila y con esto no me refiero a que sea un alma en pena sino que a veces me dan energía, a veces me definen, a veces no, pero nunca lo siento como un peso porque no los vivo mal, o sea, el agresor es el responsable ni me siento culpable ni nada parecido. No ha sido siempre así, he pasado por momentos mierdosos por largo tiempo. Era exactamente el tiempo que necesitaba, guste o no guste. Ahora bien, yo lo que no haré es aplicar mi manera de procesar, digerir, mis tiempos, mis comportamientos, a todas las víctimas y supervivientes como si una sola manera de afrontar fuera el absoluto. Y esto sí que es cierto que solamente lo entiendes cuando basas el acompañar en la escucha activa, en una parte más de una lucha, en un apoyo lleno de contenido y en una propuesta que nace de la autoorganización y no desde las academias, la falsa neutralidad de las grandes teorías y el confundir el “yo” con el “nosotros”.
Tenemos la manía de pensar que la formación académica y la titulación son garantía de algo pero los diplomas sin conciencia o sin perspectiva quedan vacíos, y no hace falta tener títulos para actuar con conciencia y perspectiva. Pero seguimos actuando desde la visión de que alguien con títulos tiene más peso. Una contradicción más. La cuestión es que de la misma manera que no podemos decir que un sindicalista liberado, profesionalizado, viva el trabajo como el currante que ahí se queda, que está ahí día tras día y que sufre, o que alguien formado del relaciones laborales pueda defender los intereses de las trabajadoras, en cuestiones de género podríamos abrir el mismo debate, sería interesante. No porque piense que desde la academia o la profesionalización no se sufran violencias machistas sino porque ninguna de las dos condiciones o maneras de hacer o herramientas tienen porque ser honestas ni tienen porque sentar cátedra.
De la misma manera que podemos encontrar profesionales de la atención fantásticas, nos podemos encontrar profesionales que digan a una víctima que se está haciendo la víctima.
Bien, para no enredarme aquí, sigo. Una de las cuestiones que me tenía atrapada estos días es la imagen y el papel de “víctima”. Creo que últimamente se está utilizando desde diversos sectores la imagen de las víctimas y las víctimas mismas como una tribuna desde la cual tener razón y referenciarse. Esto que muchas veces se acompaña de un llamamiento al “feminismo responsable” es peligroso por varios motivos:
-En un afán por definir una sola imagen de víctima, una víctima tipo, se descarta precisamente la estructuralidad de la violencia machista. Plantear, además, que hay mejores o peores formas de vivir y afrontar psíquicamente y emocionalmente las agresiones no solamente es altamente impositivo, supone una colaboración directa con todo el discurso de deslegitimación de las víctimas. Esto es una irresponsabilidad absoluta.
-Percibo cierta aversión hacia las víctimas a las que les cuesta más tiempo superar ciertas situaciones, o hacia las que no se muestran fuertes y sanadas. Yo lo que veo es aversión hacia la vulnerabilidad y hacia la tan denostada debilidad.
-El hecho de que a alguien le suponga una molestia la vulnerabilidad para elaborar su hipótesis me hace pensar que la neutralidad ni es real ni es positiva, que aparcar todo lo que se refiere a la vulnerabilidad cuando hablamos de agresiones y abusos es altamente irresponsable y altamente sistémico. Y que si la causa (teórica) descarta el dolor y el acompañar, entonces no es una causa válida.

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-La confusión, no sé si deliberada, entre ser víctima/superviviente y victimizarse no sólo es ofensiva (que no es lo mismo que provocadora), también es altamente irresponsable. Escrito más bonito: saberse víctima de una opresión/agresión no es sinónimo de “hacerse la víctima”, ese mecanismo que por cierto usan muchos agresores para justificar su falta de responsabilización. Verbalizar que eres o has sido víctima y expresar qué es lo que necesitas para sanar y reparar es sano, no es victimizarse. De hecho cada vez que alguien supone que por estar dolida, jodida o identificarte como víctima, no piensas con claridad, pides demasiado, exageras o vaya usted a saber, lo único que hace es infantilizarnos y repetir el esquema heteropatriarcal según el cual somos demasiado emocionales, demasiado infantiles, demasiado histéricas, poco racionales y necesitamos tutoría y conducción. Y es altamente irresponsable. Que además sea precisamente en las violencias machistas donde más se repita este discurso de que las víctimas no pensamos claro y nos revictimizamos me lleva a pensar en el alto componente misógino del tema.
-Todas sabemos que los medios, el sistema judicial, el sistema legal y el sistema político ni son la solución ni tienen interés en transmitir una imagen de las víctimas que no sea la de la absoluta dependencia del sistema. Sabemos que se usa y se usará el feminismo como un lavado de cara y un caballo de batalla electoral. Que se apropiarán de lemas. De luchas. Sabemos que siempre estamos en estos debates sobre qué hacemos y cómo cuando una lucha se convierte en masiva, qué tiene de positivo, qué peligros entraña. Sabemos que el sistema marca una agenda. Y que hay colectivos que lo consideran importante. Pero esto, según mi parecer, no nos tiene que llevar a pensar que lemas como “nos están matando” son hacerse la víctima. Que nosotras tengamos debates y carencias, que nos cueste tejer, hacer contradiscurso o llegar, que el sistema sea una basura, no son argumentos para dejar a las víctimas colgadas o dejar de lado reivindicaciones y luchas reales.
-Que se nos encorseta en el papel de dóciles, víctimas dependientes e impotentes, lo tenemos claro desde hace ya tiempo. Que de ahí deduzcamos que entonces lo que hay que hacer es dejar de visualizar las violencias que recibimos me parece irresponsable. Como alternativa tenemos la autodefensa y la colectivización de la gestión de las agresiones, que por cierto tiene muchas denominaciones como justicia restaurativa de la que luego hablaré. Por otra parte si hay víctimas que viven el proceso desde la visión sistémica de lo que debe hacer una víctima quizás es una mejor alternativa acompañar y dar herramientas más que reprocharle que se comporta como una víctima dependiente.
A veces pienso que la aversión hacia hablar y mirar a la cara a las víctimas y agredidas, sobre todo a las que no se muestran asépticas o super sanadas, también tiene que ver con la aversión a ver y mirar a la cara a victimarios y agresores, sobre todo en nuestros espacios. Que no digo que sea fácil si el agresor es nuestro amigo/hijo/hermano/compañero, pero esto no justifica cargar contra las víctimas, la autodefensa y otros principios. Ciertamente es una de las grandes carencias: cargar contra la agredida para proteger al compañero, caer en querer imponer el ritmo y el dolor del entorno a la víctima, no saber acompañar colectivamente (porque no lo tiene que hacer la agredida ni su grupo de apoyo) al entorno, y, para mi la más perversa, no querer hacer hacer un debate colectivo. ¿Pero desde cuando las carencias nos llevan a la renuncia? Y esto me conecta con el tema de siempre: desresponsabilizar a agresores y colectivos para responsabilizar a las víctimas por partida doble.
Seguro que me dejo muchas aristas y algunos puntos no los desarrollo más porque en otros textos los he tratado.
La manera de construir o imponer una manera de ser o nombrarse víctima juega un papel tan importante como, por ejemplo, la manera de delimitar lo que es una agresión, a la hora de ver como afrontamos las agresiones ya que son los primeros pasos. Si estos pasos fallan, falla la manera de afrontar por mucho que las herramientas sean consideradas alternativas. Por ejemplo no se puede considerar gestión colectiva si el colectivo no lo considera agresión. Así debemos poner sobre la mesa, para empezar, el peso del “nosotras” y ser muy muy honestas. Sabemos, porque no somos nuevas, que si la asamblea o colectivo decide que eso no es agresión, no lo será ya que lo que no se nombra no existe (bueno, no existe a corto plazo, sabemos que nos estamos haciendo trampas al solitario). Entonces no podemos confiar en que el nosotros sea honesto, no se equivoque, o no se autoengañe. Tampoco podemos hablar de justicia restaurativa o feminista o no punitiva si no empezamos admitiendo la ofensa/agresión, sin reconocer las agresiones usar estas herramientas es una quimera y una trampa. ¿Por qué?
-La justicia restaurativa efectivamente no se basa en el castigo ni en el sistema judicial/legal que es profundamente patriarcal. También hay de decir que no excluye que la agredida utilice el sistema de manera simultánea. Pero la primera base para que se pueda aplicar es que al agresor admita que ha agredido y quiera reparar.
-La justicia restaurativa requiere también una consciencia colectiva de reparación y el colectivo tiene que aportar en positivo.
-No se presiona a la agredida para que tenga prisa en “perdonar” ni siquiera en que lo haga.
Y se le pregunta qué necesita y se actúa según ese criterio.
-Se parte de la voluntad de sanar a las agredidas (sabiendo que no siempre será posible sanar del todo) y hacer avanzar el colectivo hacia la prevención y sensibilización.
-Se trabaja con el agresor pero no como centro. Y el trabajo no se basa en justificar sino en responsabilizarse, haciendo pedagogía pero de verdad, no pasando un texto para leer ni dando una palmadita en la espalda.
-No es una mediación,no funciona como tal. Se descarta la mediación ya que en casos de abusos no se puede aplicar una mediación, sería vaciar de contenido absolutamente todo.
Esta propuesta no está lejos de lo que se hace desde la Autodefensa Feminista (acompañarla a ella, reconocimiento de la agresión, no usar mediaciones, hacer debate colectivo, reparación, no imponer tiempos a la agredida, hacer un grupo que lo trabaje con el agresor si hace falta…). Entonces no acabo de entender por qué perseguir o atacar a la ADF poniendo como excusa y escudo la justicia restaurativa, que son clavaditas y más cuando quien lo hace no reconoce las agresiones!!
El antipunitivismo no es “vamos a convivir con agresores, no reconocemos las agresiones ya que los agresores sufren… “. El antipunitivismo parte justamente del reconocimiento y la necesidad de reparación y responsabilización no solamente de la víctima. Tenemos que ser muy serias y no usar el comodín del antipunitivismo para evitar hacer el trabajo colectivo y evitar mirar a la situación cara a cara.
En fin, voy acabando que ya estamos a julio y la cabeza me funciona a ratos. Pienso que cuando se abren estos debates hay que hilar fino, estar todas e ir con cuidado. Y sobre todo no perder de vista que la consecución de un mundo mejor no se hace desde grandes hipótesis sino desde nosotras y nuestras cotidianidades. Así, como lema, que no nos deshagamos nosotras de las herramientas de la Autodefensa Feminista.
Feliz verano!

Defendiendo la Autodefensa ( y III)

Bien, pues empiezo ya la última parte de esta defensa de la Autodefensa y abordaje de toda la parte de mecanismos, herramientas y dinámicas que desplegamos y/o podríamos poner en práctica que me queda por asaltar.
Una de las bases de la AD/ADF sería el Apoyo Mútuo o Sororidad y entiendo que debería ser la primera herramienta a poner en práctica cuando nos llegan noticias de agresiones. Lo entiendo como indiscutible como entiendo que es indiscutible el Apoyo concreto y real en, por ejemplo, casos de despido, huelgas, deshaucios etc. ¿Por qué tengo que poner en duda a la agredida, negarle mi apoyo, dárselo solamente de boquilla o en petit comité? ¿Podemos apagar los mecanismos misóginos que se nos despiertan cada vez que sale un caso a la luz y darle la calidez y el ruido que hacen falta?

Según mi parecer la Sororidad es un concepto plenamente político y su sentido no varía en función de si la agredida me cae bien o mal. Ni siquiera depende de si yo hubiera hecho las cosas de otro modo. El apoyo se practica y punto, ya que sin éste es imposible construir nada nuevo. ¿Realmente a alguien se le ocurre construir sin las agredidas, sin dar ese apoyo necesario? ¿Es constructivo e innovador condicionar el apoyo al hecho de que ellas se “porten bien”? Ni es constructivo ni aporta nada nuevo, y de hecho no se sale de los cánones que nos imponen. Sólo existen ciertos supuestos en los que no damos apoyo y son supuestos básicos como no dar apoyo a fascistas, clasistas, racistas, transfóbicas, homófobas, explotadoras y toda aquella que no sea nuestra igual y que plantee una sociedad vertical. Es así porque el Apoyo Mútuo y la Sororidad se dan entre iguales y nunca deben ser una excusa para apuntalar a quien explota o agrede. Por lo demás el Apoyo se practica y si no lo haces simplemente te estás posicionando… por omisión. La Sororidad no es romántica, no es ser amigas y principalmente no es una excusa para no afrontar las agresiones colectivamente. Y seguimos teniendo problemas con esto.

sororidad

El primer problema, últimamente habitual y justificado con vueltas teóricas, es poner en duda a las mujeres que denuncian públicamente esgrimiendo argumentos ya gastados. Por muchas palabras bonitas y bien sonantes que le pongamos, señalar públicamente a las mujeres que denuncian agresiones es reforzar el ya conocido “los trapos sucios se lavan en casa” o el “no digas nada por el bien de la familia y del qué dirán”. Esto no solamente no tiene nada de sororo sino que además tiene un alto componemte represivo ejemplificante: si haces pública la agresión el grupo te aísla o te difama o te monta una contracampaña. Y ésto naturalmente es un castigo a una que persuade a la demás que puedan estar pensando en publicar algo o mostrar su apoyo incondicional.

Un castigo es punitivo, pongamos las cosas en su lugar ahora que tanto suena esta palabra. ¿El mecanismo del castigo al hacer pública la agresión es nuevo? No. ¿Es una muestra de apoyo? No. Es una manera más de bloquear y anular cualquier iniciativa de encarar la gestión que no sea la que el colectivo quiere y, en los casos en los que se presiona a la agredida, el colectivo lo que quiere es el silencio de la agredida y procurar que el agresor esté bien. No sólo se impone la emocionalidad post denuncia del agresor, no sólo el grupo no se lo trabaja, lo que resulta inquietante es que el grupo ve a la agredida como un problema y no al agresor, no ve grave que a una compañera no se le haya proporcionado Apoyo y seguridad. Y en vez de parar la castigan a ella.

Cada vez que leo artículos, comunicados y tesis señalando compañeras que optan por hacer denuncia pública (cosa que nos tiene que hacer reflexionar sobre la cantidad de compañeras que lo sufren en silencio por miedo a lo que se exponen si lo hacen público) pienso que eso es carnaza y la carnaza no construye, destruye. Destruye porque lejos de crear debates donde se puedan compartir (que no digo imponer, ni unificar) estrategias lo que se hace es invalidar las que no resultan cómodas. Destruye porque resulta altamente competitivo y sistémico erigirse como buena feminista que no cuestiona las dinámicas. De hecho destruye porque usa la misma semántica patriarcal y cristiana de las buenas y malas mujeres. Y hacerlo públicamente puede ser utilizado, esperemos que no, para ser la o las vanguardias de vete a saber qué.

Si el feminismo está para cambiar desde la raíz, que sea real. Es obvio que la sororidad no es frenar debates incómodos dentro de los colectivos por miedo a ser cuestionada yo también. Y es obvio que la sororidad no es evitar debates estratégicos pero entiendo que plantear los debates no es sinónimo de exponer a las demás ni pisarlas y menos aún de renunciar a principios básicos como el Apoyo o la Acción Directa en toda su amplitud. Los debates se hacen para tejer redes y crear, no para pisar o erigirse.

Para seguir avanzando, querría hablar un poco del ya mítico “cuidémonos” y del lenguaje no violento entre nosotras. Me parecen dos conceptos geniales, pero también me parece que se usan constantemente como coartada para no afrontar debates y directamente para justificar agresiones y agredir. Cuidar no significa ser la esclava que reparte empatía y comprensión a tope sin plantear los propios límites. Cuidar no significa dejar de decir lo que me molesta. Cuidar nunca significa soportar y nunca significa silencio, a no ser que estemos plenamente de acuerdo con lo que nos dicen los anuncios de El Corte Inglés. Si no podemos debatir nunca sobre las agresiones ni decir quién agrede porque el colectivo sufre no nos estamos cuidando, estamos acumulando heridas. Si no quieres entender y respetar mis límites es que el problema que tienes es enorme. Y si como grupo no nos escandaliza es que consentimos a pequeños dictadores en lugar de crear espacios seguros y abrir debates importantes.

Cuidarnos es luchar y hacer ruido porque no decir nada y no hacer nada es seguir sin movernos del lugar en el que estamos. Y para cuidarnos a veces hay que ser valiente y posicionarse.

¿Que tenemos que buscar la manera de hacer mejor las cosas? Sin duda. ¿Que esto no tiene por qué significar dejar de cuidar a las agredidas ni renunciar a lo básico? También. Cuando la propuesta es no cuidar a las agredidas y no hacer de nuestros espacios unos lugares seguros, estamos renunciando a todo, incluso a poner la vida en el centro. Que yo sepa como feministas a lo primero que renunciamos es a aguantar nada por mandato social sobre todo si es con paciencia cristiana y mariana hasta enfermar, pue no tiene sentido aguantar renuncias en nuestra casa. Pedir paciencia y compartir espacios con según quien sí que es un castigo divino.

Y qué podemos decir del hablarnos bien o mal. Poca cosa excepto la base:
Existen mecanismos pasivos de sobra conocidos por nosotras que sirven para agredir con total impunidad en la intimidad y hacer que la otra sea la “rabiosa”. Son los mismos mecanismos que se pueden aplicar a cualquier comunicado y texto bien escrito y lleno de flores y tecnicismos que acaban haciendo lo mismo: bloquear y difamar las respuestas a las agresiones.
Se pueden aplicar chantajes emocionales, presiones, luz de gas, menosprecio, amenazas de suicidio y una infinidad de mecanismos con un lenguaje de salón de te que asusta, y esto es de primer curso de violencias. Así que sí cuidémonos y hablemos bien, pero que nadie nos tome el pelo. Una buena respuesta a tiempo en el tono que sea nos salva de meses y años de enfermedad.
Usar conceptos que asusten a nuestra coherencia libertaria y feminista (de querer cambiar el mundo y explicar) puede impresionar al inicio, pero una vez hemos salido del escándalo lo podemos pensar mejor. Esto nos pasa con la palabra punitivismo, que dicen que ha venido para quedarse. Pues le damos la bienvenida. Qué es punitivo?
Empecemos la lista. Punitivo es:

Castigar a la agredida por hacer denuncia pública
Jugar al juego de las versiones
Someter a la agredida y al grupo de apoyo a un juicio digno de la justicia burguesa y punitiva
Negar las agresiones y de paso difamar a las agredidas para que el resto las aíslen
Negar la posibilidad de autogestión en casos de agresiones
Negar la cantidad de pedagogía que se hace desde hace años y pintar a la ADF como la enemiga
Y podríamos seguir, verdad. Usar la palabra punitivismo para calificar la AD no sólo es confuso, también es deliberadamente irreal y seguramente no lo consentiríamos, ni un poco, en otras luchas. Básicamente porque afrontar se afronta poco y porque no aceptar agresores y agresiones es un mínimo vital muy mínimo. Desde cuando vamos a mínimos tan mínimos y lo llamamos punitivismo? Primera noticia.

No me quiero extender mucho más porque en las dos partes anteriores ya he apuntado lo que me parecen muchos aspectos de todo el tema de las agresiones. Solo quiero insistir en la idea a de que proponer dejar a un lado la única herramienta que tenemos, la AD/ADF es revisionismo puro y duro y es dejarnos totalmente desnudas y expuestas, por tanto más que una propuesta es una condena. Plantear debates sobre la premisa que el error son las respuestas y no las agresiones es más de lo mismo. Aprovechar las agresiones y el afrontamiento erróneo para cargar contra la ADF tiene un nombre que ya encontraréis vosotras mismas. Las propuestas concretas sobre cómo afrontar las carencias son tan necesarias como el no hacer de nuestra lucha una mera performance, un lema o una lucha de vanguardias.
Hemos abierto muchos debates y hemos pasado, por ejemplo, de hablar de consentimiento a plantear también la cuestión del deseo sin que esto nos haya movido ni un palmo ni nos haya obligado a renunciar a nada. Así pues el resto de los debates los podemos afrontar exactamente igual, sin ceder un palmo de lo básico, y exactamente este es el nudo del debate.

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Todo el texto de defensa de la ADF es una propuesta concreta, por tanto volver a repetir lo mismo sería cansado. He hecho un repaso sobre la no necesidad de fomentar la presencia de agresores en nuestros espacios, sobre como usar protocolos o sobre como mirar los mecanismos que desplegamos. Concretar más a nivel individual cuando somos muchas las que lo hablamos, debatimos y practicamos sería poco realista. Espero que este texto sea una herramienta más de las muchas que hay, ni que sea para debatir. Pero sobre todo, espero que de la misma manera que muchas hemos aprendido y seguido con la AD y la ADF, lo hagáis muchas, cada vez más, avanzando juntas para acabar con el capitalismo y el heteropatriarcado por todos los medios que sean posibles y necesarios!!

Contra toda autoridad Acción Directa y Autodefensa Feminista!!

Una supervivent qualsevol contra l’Acadèmia. De víctimes i justícia restaurativa

Mireu, jo no tinc formació acadèmica en qüestions de gènere, d’atenció a víctimes o coses per l’estil. Tampoc tinc formació acadèmica en drets laborals o economia i no per això no tinc capacitat per discernir si pateixo o no discriminacions laborals, explotació o assetjament. Sé que sóc una treballadora i que visc en condicions concretes per aquest motiu, bé i perquè ja sabeu, la lluita de classes que ara no cal que us expliqui.
Si per exemple pateixo assetjament sexual laboral, em reconec víctima d’assetjament. Les conseqüències de tal assetjament poden portar-me a emmalaltir, perdre la feina i un llarg etc. I la meva lluita, en cas de que tingui energies, no sempre he de fer-la des del paper de la viquinga a qui res l’afecta ni des de la total rompuda. Perquè depèn del moment, de la persona i de mil factors més el com s’encara aquest assetjament. Hi ha persones que necessiten més o menys temps de recuperació, si és que es recuperen del tot, que necessiten més o menys acompanyament, que accepten o no que han estat víctimes i que són supervivents… La qüestió és que jo sé, sense formació ninguna, que contra aquestes situacions em puc organitzar per evitar ser víctima de discriminacions i condicions terribles a la feina i per facilitar el no veure’m sola.

sola

Què vull dir amb tot això? Que em passa el mateix amb el que deia a l’inici, les qüestions de gènere, les agressions, el masclisme. Sé perfectament que he sigut víctima i sóc supervivent. De fet utilitzo els dos termes indistintament i no sempre els visc de la mateixa manera, per mi no són estàtics. M’explico: no estic sempre igual respecte la meva motxilla i amb això no em refereixo a que sigui una ànima en pena si no que de vegades em donen energies, de vegades em defineixen, de vegades no, però mai ho sento com un pes perquè no els visc malament, o sigui, l’agressor és el responsable i no em sento ni culpable ni res semblant. Tampoc ha estat sempre així, he passat per moments molt merdosos per períodes llargs. Era exactament el temps que necessitava, agradi o no. Ara, jo el que no faré és aplicar la meva manera de processar, de pair, els meus temps, els meus comportaments a totes les víctimes i supervivents com si una sola manera d’afrontar fos un absolut. I això sí que és cert que només ho entens quan bases l’acompanyament en escolta activa, en una part més d’una lluita, en un suport ple de contingut i en una proposta que neix de l’autoorganització i no des de les acadèmies, la falsa neutralitat de les grans teories i el confondre el “jo” amb el “nosaltres”.
Tenim la mania de pensar que la formació acadèmica i la titulació són garantia d’alguna cosa però els diplomes sense consciència o sense perspectiva estàn buits, i no cal tenir títols per actuar amb consciència i perspectiva. Però seguim actuant des de la perspectiva que algú amb títols té més pes. Una contradicció més. La qüestió és que de la mateixa manera que no podem dir que un sindicalista alliberat, professionalitzat, visqui la feina com un treballador que no en surt, que hi és dia a dia i que pateix, o que algú format en relacions laborals pugui defensar els interessos de les treballadores, en qüestions de gènere podríem obrir el mateix debat, seria interessant. No perquè pensi que des de l’acadèmia o la professionalització no es pateixin violències masclistes si no perquè cap de les dues condicions o maneres de fer o eines té perquè ser honesta ni té perquè pontificar. De la mateixa manera que podem trobar professionals de l’atenció fantàstiques, ens podem trobar professionals que diguin a una víctima que s’està fent la víctima.
Bé, per no enredar-me aquí, segueixo. Una de les qüestions que em tenia atrapada aquests dies és la imatge i el paper de la víctima. Penso que darrerament s’està utilitzant des de diversos sectors a la imatge de les víctimes i les víctimes com una tribuna des de la qual tenir raó i referenciar-se. Això, que a més sovint s’acompanya de la crida al feminisme responsable, és perillós per diversos motius:
-En l’afany per definir una sola imatge de víctima, una víctima tipus, es descarta precisament l’estructuralitat de la violència masclista. Plantejar, a més, que hi ha formes millors o pitjors de viure i afrontar psíquicament i emocional les agressions no només és altament impositiu, suposa una col·laboració directa en tot el discurs de deslegitimació de les víctimes. Això és una irresponsabilitat absoluta.
-Percebo una certa aversió a les víctimes a les que els hi costa superar més temps certes situacions, o que no es mostren fortes i sanades. Jo el que veig és aversió a la vulnerabilitat i a aquella debilitat tan denostada. El fet que a algú li suposi una molèstia, la vulnerabilitat, per a elaborar la seva hipòtesi em porta a pensar que la neutralitat ni és real ni és positiva, que aparcar tot el que fa referència a la vulnerabilitat quan parlem d’agressions i abusos és altament irresponsable i altament sistèmic, i que si la causa (teòrica) descarta el dolor i l’acompanyament no és una causa vàlida.

lisbeth

-La confusió, no sé si deliberada, entre ser víctima/supervivent i victimitzar-se no només és ofensiva (que no és el mateix que provocadora), també és altament irresponsable. Posat més bonic: saber-se víctima d’una agressió/opressió no és sinònim de “fer-se la víctima”, aquell mecanisme que per cert utilitzen molts agressors per justificar la seva falta de responsabilització. Verbalitzar que ets o has sigut víctima i expressar què necessites per a sanar i reparar, és sa, no és victimitzar-se. De fet cada cop que algú suposa que per estar dolguda, fotuda o identificar-te com a víctima, no penses amb claredat, demanes massa, exageres o ves a saber, l’únic que fa és infantilitzar-nos i repetir l’esquema heteropatriarcal segons el qual som massa emocionals, massa infantils, massa histèriques, poc racionals i necessitem tutoria i conducció. I és altament irresponsable. Que a més sigui precisament en les violències masclistes on més es repeteixi el discurs de que les víctimes no pensem clar i ens revictimitzem em fa pensar en l’alt component misògin del tema.
-Totes sabem que els mitjans, el sistema judicial, el sistema legal i el sistema polític ni són la solució ni tenen interès en transmetre una imatge de les víctimes fora de l’absoluta dependència al sistema. Sabem que es fa i es farà servir el feminisme com a rentat de cara i cavall de batalla electoral. Que s’apropiaran de lemes. De lluites. Sabem que sempre estem en aquests debats sobre què fem i com fem quan una lluita esdevé massiva, què té de positiu, quins perills hi ha. Sabem que el sistema marca una agenda. I que hi ha col·lectius que consideren que això és important. Però això segons el meu parer no hauria de portar a concloure que lemes com “ens estan matant” és fer-se la víctima. Que nosaltres tinguem debats i mancances, que ens costi teixir, fer contradiscurs o arribar, que el sistema sigui una deixalla no són arguments per deixar les víctimes penjades o per deixar de banda reivindicacions i lluites reals.
-Que se’ns entafora amb calçador en el paper de dòcils, víctimes dependents i impotents, ho tenim clar des de fa temps. Que d’això en deduïm que llavors el que cal és deixar de visualitzar les violències que rebem em sembla irresponsable. Com a alternativa tenim l’autodefensa i la col·lectivització de l’afrontament de les agressions, que per cert té moltes denominacions, per exemple justícia restaurativa i que més tard en parlaré. I que d’altra banda si hi ha víctimes que viuen el procés des de la visió sistèmica del que ha de ser una víctima potser resulta millor alternativa acompanyar i donar altres eines que no pas retreure-li que es comporta com una víctima dependent.
-De vegades penso que la aversió a parlar i mirar a la cara a les víctimes i agredides, sobretot a les que no es mostren asèptiques o bé super sanades aviat, també té a veure amb l’aversió a veure i mirar a la cara a victimaris i agressors, sobretot en els nostres espais, cosa que no dic que sigui fàcil si l’agressor és el nostre amic/fill/germà/company, però això no és justificació per carregar contra víctimes, autodefensa i altres principis. Certament és una de les grans mancances: carregar contra l’agredida per protegir el company, caure en voler imposar el ritme i el dolor de l’entorn a la víctima, no saber acompanyar col·lectivament (perquè no ho ha de fer l’agredida ni el seu grup de suport) a l’entorn, i, per mi la més perversa, no voler fer un debat col·lectiu. Però des de quan les mancances ens mouen a renunciar? I això em connecta amb el tema de sempre: desresponsabilitzar agressors i col·lectius i responsabilitzar per partida doble a les víctimes.
Segur que em deixo moltes arestes, i alguns punts no els desenvolupo més perquè en altres textos n’he parlat.
La manera de construir o imposar una manera de ser o dir-se víctima juga un paper tant important com, per exemple, la manera de delimitar el que és una agressió, alhora de veure com afrontem les agressions ja que són els primers passos. Si aquests passos fallen, falla la manera d’afrontar per molt que les eines siguin considerades alternatives. Per exemple no es pot considerar encarament col·lectiu si no es considera agressió. Així, hem de posar sobre la taula, per començar, el pes del “nosaltres” i ser molt i molt honestes. Sabem, perquè no som noves ni nous, que si l’assemblea o el col·lectiu decideix que allò no és agressió, no ho serà, perquè el que no s’anomena no existeix (bé, no existeix a curt termini, sabem que ens fem trampes al solitari). Llavors, no podem confiar en què el nosaltres sigui honest, no s’equivoqui o no s’autoenganyi. Tampoc podem parlar de justícia restaurativa, o feminista o no punitiva si no comencem admetent la ofensa/agressió, sense reconèixer les agressions usar aquestes eines és una quimera i una trampa. Per què?
-La justícia restaurativa efectivament no es basa en el càstig ni en el sistema judicial/legal, que és profundament patriarcal. També cal dir que no exclou que l’agredida usi el sistema de manera simultània. Però la primera base per a que es pugui aplicar és que l’agressor admet que ha agredit i que vol reparar la situació.
-La justícia restaurativa requereix també una consciència col·lectiva de l’agressió i de la reparació. I el col·lectiu ha d’aportar en positiu.
-No es pressiona a l’agredida per a que tingui pressa en “perdonar” ni tant sols en que ho faci. I se li pregunta què necessita i s’actua segons aquest criteri.
-Es parteix de voluntat de sanar a les agredides (sabent que no sempre serà possible sanar el 100%) i de fer avançar el col·lectiu cap a la prevenció i sensibilització
-Es treballa amb l’agressor, però no com a centre. I el treball no es basa en justificar, si no en responsabilitzar-se, fent pedagogia però de veritat, no passant un text per llegir ni donant un copet a l’espatlla.
-No és una mediació, no funciona com a tal. Es descarta la mediació ja que en casos d’abusos no es pot aplicar una mediació, seria buidar de contingut absolutament tot.
Aquesta proposta no és gens lluny de la que es fa des de l’Autodefensa Feminista (acompanyament per ella, reconeixement de l’agressió, no usar mediacions, fer debat col·lectiu, reparació, no imposar tempos a l’agredida, fer un grup que ho treballi si cal amb l’agressor…). Llavors no acabo d’entendre perquè perseguir o atacar l’Autodefensa posant com a excusa i escut la justícia restaurativa, quan són clavadetes i quan, a més, ho fa qui sovint no reconeix les agressions!!
L’antipunitivisme no és “anem a conviure amb agressors, no reconèixer agressions perquè els agressors pateixen… “. L’antipunitivisme parteix just del reconeixement i la necessitat de reparació i la responsabilització no només de la víctima. Hem de ser molt serioses i no agafar el comodí de l’antipunitivisme per evitar fer tota la feina en conjunt i evitar mirar la situació cara a cara.
En fi, vaig acabant que ja estem a juliol i el cap em funciona a estones. Penso que quan s’obren aquests debats s’ha de filar prim, ser-hi totes i anar amb cura. I sobretot no perdre de vista que la consecució del món millor no es fa de les grans hipòtesis si no des de nosaltres i les quotidianitats. Així, com a lema, que no ens desfem nosaltres d’eines com l’Autodefensa Feminista.
Bon estiu!

Defendiendo la Autodefensa (II)

Acabé la primera parte diciendo que abandonar la Acción Directa es un error. Creo que en las argumentaciones contrarias a afrontar colectivamente las agresiones se tiende a crear cierta confusión con los conceptos Acción Directa y Autodefensa Feminista. Y de esto va esta segunda parte. Tengo que decir antes de seguir que esto también pasa en otras luchas, no solamente en la lucha feminista, pero creo que en ésta la voluntad de confundir parece mayor y la resistencia a usar todas las herramientas que tenemos a nuestro alcance y la resistencia a realizar cambios colectivos conscientes, parecen mayores también. Y la situación se alarga en el tiempo.

Entiendo la Autodefensa Feminista (ADF) como un reflejo igual y concreto de la Acción Directa (AD). Y entiendo la AD como todo el conjunto de acciones y estrategias que de manera autoorganizada realizan las personas que sufren una situación de discriminación/opresión y la quieren cambiar. La AD puede ser individual y/o colectiva y pretende responder a las agresiones inmediatas pero también crear unas mejores circunstancias que sean transformadoras a corto, medio y largo plazo. Así, la ADF es precisamente eso: responder a les agresiones machistas concretas (sean del tipo e intensidad que sean) y cambiar el sistema también. Quiero decir ya en este primer punto, que considerar la ADF como punitivista sería acusar a la AD también de serlo, y esto a mi me da que pensar en que eso significa quitarnos la capacidad de responder y transformar nuestras propias condiciones. Y eso a la práctica significa hacernos la contra.

punki

La lucha feminista ya tiene una tradición de uso de que la AD/ADF, sobretodo dentro de los grupos feministas autónomos, anticapitalistas y anarquistas. Esta tradición es profundamente radical e integral en el sentido de que plantea la ADF como método, como estrategia, como manera de organizarse y como manera de dinamitar el sistema, ya que se basa en cuestionar todo tipo de autoridad. Pero lo que le da más profundidad es que es la manera, la herramienta, para devolvernos aquello de lo que se nos ha desposeído: la capacidad de utilizar todas las herramientas que sean necesarias para cambiar nuestra realidad, partiendo de lo que (y el como) nosotras queremos/deseamos/necesitamos. I aquí quiero hacer otro apunte: presionar para que se descarte la AD/ADF como práctica, método o filosofia, acusándola de punitivismo es, otra vez, hacer la contra, ya que así se bloquea la posibilidad de recuperar nuestras propias capacidades de cambio, de agencia política, social, histórica y personal.

Según mi parecer la ADF tiene mucho que decir y tiene mucho que ver en todo esto del “cómo afrontamos agresiones en nuestros espacios”, simplemente por definición. Sólo mirando cómo funcionan la AD y la ADF lo entenderemos.

El primer pilar es la AUTOORGANIZACIÓN. Una de las bases es que son las personas que sufren una opresión/agresión las que se organizan entre ellas de manera horizontal. Así pues, desde este punto de vista no resulta inadecuada la existencia de grupos no mixtos como tampoco lo es la existencia de herramientas y estrategias pensadas desde las agredidas/oprimidas para confrontar las agresiones. Está claro, clarísimo. Que sé que alguien dirá que los hombres también sufren el patriarcado y que el sistema nos afecta a todas. Pero lo que está en discusión aquí no es eso, que es obvio, si no la posibilidad y necesidad de que las principales y evidentes afectadas por el sistema heteropatriarcal sean sujetos de lucha y se autoorganicen. Esto no es sinónimo de quemar los espacios mixtos, ni de que todas estemos obligadas a estar en espacios no mixtos. Frases así las veo en las argumentaciones contra el feminismo y me parecen demagogia pura que, además, nadie ha sugerido. Lo que sí que además producen esas afirmaciones es que se pone en la picota a muchas compañeras y a los espacios no mixtos.
Volviendo a la cuestión, la Autoorganización pone en cuestión la necesidad de delegación, representación, tutorías o mediación. Y esto es especialmente importante para las que llevamos siglos soportando que se nos quiera someter a tutorías constantemente. La Autoorganización nos reconecta con nosotras mismas y nuestra potencia revolucionaria colectiva porque:

Nos retorna la capacidad de decir en voz alta, hacia adentro y hacia afuera, qué nos pasa, qué nos agrede y cómo queremos responder.

Nos dotamos de significado y credibilidad sin pedir permiso ni aval.

Nos retorna la capacidad de no ser tutorizadas. Que nadie considerado socialmente más creíble avale lo que decimos ni lo pase por ningún filtro. Nosotras ya sabemos y lo sabemos hacer.

Nos retorna la capacidad de escoger las herramientas que resulten adecuadas para salir del papel de víctimas quietas y ser activas. Esto nos da la capacidad para descartar el uso obligatorio y continuado de aquellas herramientas que se nos asignan por mandato social como únicas posibles: la paciencia, la pedagogía o el pacifismo.

Todas estas capacidades no es que no las tengamos, es que nos las han expoliado. Es necesario no abandonarlas y luchar por ellas. Y practicarlas.

Bien pues todo esto conduce al segundo pilar: la AUTOGESTIÓN. Aplicada a la cuestión de la respuesta a las agresiones tiene relación directa con el NO fomentar el uso de las herramientas que nos propone el sistema ya sea por maliciosas ya sea por limitadas. La cuestión no es solamente responder a una agresión como si de una anécdota se tratara, también hay que ir poniendo las bases para crear otras maneras de funcionar y de relacionarnos. Entonces sin el trabajo colectivo no hay pasos hacia adelante y sin afrontar de manera colectiva y sin prevención, tampoco. Por desgracia hay herramientas y dinámicas del sistema que se dan y se proponen en nuestros espacios, cosa que nos recuerda que no somos ajenas al sistema ni somos tan fantásticas. Por ejemplo:

Proponer mediaciones en casos de agresiones. Nunca en caso de abuso se puede aplicar una mediación ya que ésta presupone que ambas partes son iguales. En un abuso nunca hay igualdad.

Someter a la agredida a un proceso proto judicial o a interrogatorios dignos de cualquier sala de justicia burguesa.

Suponer que debemos funcionar, nuevamente como la justicia burguesa, con el choque de versiones igualando así la credibilidad de agresor y agredida.

Dudar de lo que dice la agredida. No sé si os habéis dado cuenta que casualmente en nuestros espacios ellas siempre exageran o se lo inventan. Paraos a pensar en ello, no os recuerda un poco a aquello de las denuncias falsas?

Cuando la agredida guarda el anonimato se la desprecia pero, a la vez, se monta un escándalo si el nombre del agresor es público. Él, pobrecito, ella, sospechosa. A ver, esto es poco… Innovador.

Hacer pasar a la agredida por procesos eternos.

Simplemente no hacer nada.

Destacar el estado de ánimo del agresor después de que éste sea denunciado. Pero nunca pensar en que cuando él agredió no estaba de bajón. Y así se sobrepone el estado del agresor sobre el de la agredida, excusando la agresión o bien tratando de boicotear el proceso de denuncia.

Criticar la Autogestión de casos de agresiones, cosa que resulta por lo menos curiosa cuando se hace desde espacios autogestionados.

Pedir pruebas forenses y denuncias legales para creer a la agredida.

Y un largo etc.

Obviamente la Autogestión no se refiere solo a la manera de afrontar las agresiones, también es un concepto que alcanza todos los aspectos de nuestras vidas pero me he centrado en éste por el carácter del texto. Vuelvo a apuntar: proponer desde los MMSS que la Autogestión oprime y divide a los colectivos, aparte de ser una curiosidad digna de estudio, vuelve a sonar a hacer la contra.

 

utogestión

 

Ha aparecido ya el concepto PEDAGOGÍA. La ADF y por tanto la AD son pedagogía pura precisamente por lo que conlleva de aprendizaje el autoorganizarse. Es el aprender haciendo, creando, conociendo. Pero aun hay más. Por razones que todavía desconozco hay una tendencia, sobretodo cuando se habla de acción feminista, a contraponer ADF y pedagogía como si fueran opuestas y excluyentes. Nada más lejos de la realidad. Cuando hablamos de ADF/AD hablamos de mucho más que propaganda por el hecho y puñetazos. De lo que hablamos es del despliegue de todas las herramientas posibles de cambio radical, desde la pedagogía (si la entendemos como explicar) al puñetazo. El abanico es enorme y no excluyente, plantearlas como excluyentes es jugar con fuego. Por otro lado no entiendo la aversión hacia la propaganda por el hecho, la patada o el empujón, y me parecen muy poco interesantes los argumentos esencialistas que dicen que esto las mujeres ni lo hemos hecho ni lo tenemos que hacer. Pero esto daría contenido para otro texto. Solamente quería decir que cuando de manera pública y explícita se contraponen pedagogía y no pedagogía (categorías normalmente maliciosas y subjetivadas) señalando a las malas feministas poco pedagógicas, lo único que se consigue es ponerlas en la picota y crear malos precedentes (también de cara a posibles futuras agresiones: se fomenta el silencio). Esto es nuevamente hacer la contra.

Ya que la pedagogía despierta tanto interés (retórico, ya que a la práctica a ver quien tiene tal interés en aprender) se debe destacar que la ADF la usa constantemente:

Hacia nosotras mismas explorando, reconstruyendo, destruyendo, proponiendo y creando.

Hacia nuestras iguales compartiendo, explicando, apoyando.

Hacia fuera a todo el mundo.

Ahora bien, como sé que el punto está en cómo nos dirigimos a nuestros compañeros me gustaría invitaros a hacer una lista de todas las charlas, videoforums, talleres, debates, conversaciones de bar etc, hemos organizado. A cuantas habéis asistido, cuantas recomendaciones de lectura habéis leído, cuando habéis practicado la escucha activa… Porque el tema está aquí: la pedagogía es buena y efectiva cuando hay feedback y escucha activa. Si la persona que tienes delante, o al lado, no quiere escuchar entonces no es pedagogía. Yo a esta situación la llamo darse cabezazos contra una pared, aunque seguro que tiene otro nombre. La cuestión al final es que tenemos que escoger dónde gastamos energías, en cabezazos o en otros asuntos? Y no tenemos la obligación de rompernos la cabeza a golpes.

La voluntad sistemática de plantear que la ADF no es constructiva es dinamitar, en primer lugar, nuestra historia (como mujeres, como trabajadoras, como anticapitalistas y antifascistas). Y en segundo lugar es dinamitar nuestras posibilidades de cambio social. Es un tiro en el pie del que algunas no tenemos porque participar. De hecho incluso nos planteamos como necesidad el no estar obligadas a usar un solo tipo de herramientas.

Ya que hablamos de herramientas querría hablar un poco sobre los protocolos. Pueden ser una buena herramienta y el hecho de que hablemos de ellos y se hagan protocolos es un paso hacia adelante. Pero tienen unos límites. Según mi parecer son una herramienta más dentro de todo un abanico de propuestas o líneas de actuación más globales. Para mi es más interesante colectivizar que protocolizar ya que podemos caer en pensar que el protocolo nos salva de las agresiones y no, el protocolo responde a las agresiones, no las evita. También me dan que pensar, si son muy rígidos pueden hacer pasar a la agredida por un proceso altamente estresante. O bien pueden crear una separación total del grupo y por tanto hacerlo refexionar poco o nada. Por lo tanto los protocolos no son el objetivo, el objetivo es acabar con las agresiones y para eso hace falta reflexión, sensibilización, prevención, autodefensa y mil herramientas más que tendrían que exponerse de manera horizontal junto al protocolo. También hay que hilar muy fino ya que protocolización sí que puede desembocar en burocracia y punitivismo, así puede ser también una manera de frenar la respuesta directa y la ADF y no queremos cavarnos nuestra propia tumba. Hagamos líneas de actuación y reunamos herramientas.

Hasta aquí la segunda parte, en breve abordaré la tercera y última.

Quiero acabar esta defensa de la autodefensa diciendo que es esencial seguir y potenciar esta filosofía ya que dudar de ella, por desgracia, es dudar también de la autodefensa en otras luchas. La autocrítica y la crítica son esenciales y hace años que las practicamos. Pero repetiré lo mismo: que todo aquello de lo que carecemos no nos haga pegarnos un tiro en el pie.

Seguimos.

Alerta feminista: Gerard Sesplugues maltractador perillós

Alerta feminista: Gerard Sesplugues maltractador perillós

Arrel d’un fil de tuiter en el que, novament, parlava del Gerard i que ha tingut molta més difusió del que pensava m’he decidit a escriure aquest comunicat. Val a dir que tenir dones meravelloses i companys que sé que em recolzen i cuiden ja m’anima més del que ho estava en el seu moment. També vull especificar que mai he amagat el maltractament al que em va sotmetre i de fet en parlo obertament, dient el seu nom, a tallers, xerrades i a xarxes. La qüestió és que aquest cop ha tingut més difusió i que ha arribat a moltes persones del barri que no ho sabien.
La meva relació amb el Gerard deuria durar uns dos anys, part d’aquests en convivència. Ens vam conèixer a Sants quan jo hi vaig anar a viure. Compartíem espais: Endavant, Casal Independentista, Can Vies, però ell també estava a d’altres als que jo no hi era (Negres Tempestes, Catarko i el KOP del Prat). Jo també estava en altres espais on ell no hi era (Assemblea de Joves i grups feministes i autodefensa). Bé la qüestió és que estàvem tot el dia per tots els locals “del rotllo” del barri, hi teníem amistats i companyes en comú i també espais propis. La relació ràpidament va ser de maltractament amb un nivell de violència altíssim. Estem parlant de violència psicològica, ambiental i sexual. Física en dues ocasions. Per posar exemples de situacions:
-Tenia un costum molt de les forces repressives quan torturen. Es quedava mirant internet per les nits, sovint bevent. Jo dormia. I llavors de cop irrompia obrint la porta i les llums, despertant-me i parlant-me de coses com per exemple el que a ell li produïa que jo hagués tingut tal o qual relació sexual (abans d’estar amb ell). Així repetidament durant tota la nit. I diverses nits seguides.
-Es va trencar ossos de la mà perquè va donar un cop de puny a la paret de l’habitació quan li vaig “confirmar” que abans d’estar amb ell jo havia estat enrotllada amb homes de Sants i que a més ell considerava que no estaven a l’alçada d’ell.
-En una de les moltes vegades que m’hi vaig encarar es va asseure a la finestra amenaçant de saltar.
-Una nit de les tantes que vam sortir amb la seva gent una companya i jo ens vam quedar força estona xerrant tranquil·lament a un pub de la Plaça Osca i quan vam anar on eren ell i la resta de la colla ell es va mostrar irat i agressiu i va marxar a casa indignat. Quan jo hi vaig arribar havia llençat la meva roba i altres coses personals al replà de l’escala.
– En una de les seves escenificacions de terror va entrar a l’habitació mentre jo era al llit mirant la televisió. Hi va entrar amb un ganivet gran a les mans i va dirigir-se a mi tranquil·lament. Fins a seure a la vora del llit, al meu costat. Jo vaig pensar que moriria així. Després de la tortura de l’escena silenciosa em va dir que agafés el ganivet i el matés.
-El dia abans del funeral del Marc de l’Assemblea de Joves em va agafar pel coll des de darrera, ni el vaig veure venir, després de molt discutir ja que ell considerava que llegir un text en memòria del meu amic Marc era cridar l’atenció com, segons ell, ho era cada cop que em visualitzava en alguna acció, assemblea o xerrada.
Amb aquestes dades us podeu fer a la idea del règim del terror al que em sotmetia el Gerard de manera quotidiana. La qüestió que em resulta més dolorosa ara mateix és que aquestes escenes i altres les vaig explicar a persones concretes del nostre entorn i que no vaig rebre ajuda. De fet sovint rebia silencis o expressions com “com pot ser que et passi això a tu, amb el caràcter que tens, tan forta i feminista”. Al final, doncs, estava sola davant el Gerard sense tenir res on agafar-me, ni espais segurs ni de confiança, encara menys, doncs, tenia ànims per a denunciar res. Amb el pas dels anys i després de : teràpia, estar en meravellosos grups feministes i autodefensa que em van ajudar molt, haver de marxar de Sants amb una mà al davant i l’altra al darrera i al final marxar de Barcelona, essent conscient que el Gerard és un perill he procurat dir el seu nom arreu per alertar com sigui.
Ara que s’ha difós més la cosa i que em consta que hi ha dones que no en sabien res i que com és normal estan alertades crec que cal aplicar totes les maneres d’afrontar que porto proposant i aplicant en totes les agressions on faig de persona de suport. Com sempre i sense variar una coma segons la meva manera d’entendre l’autodefensa feminista i l’acció directa:
-El Gerard Sesplugues Berengué ha de quedar fora de tots els espais i col·lectius no només per mi i per la meva seguretat i salut mental cada cop que vagi a Barcelona si no per totes i cada una dones que estan en aquests espais on ell pot militar o simplement estar. Entenc que volem espais segurs per a totes, espais de confiança on no hi siguin benvingudes les actituds autoritàries i l’abús.
-Penso que no només es trata de deixar el Gerard fora de Sants o de Barcelona, també cal alertar a totes les companyes que sigui possible ja que l’objectiu no és que ens el traguem de sobre sinó que no torni a agredir a cap dona. Per tant, difusió al màxim pels mitjans que siguin necessaris.
-Qualsevol acció o campanya contra el Gerard i la seva presència són maneres d’exercir el suport mutu i la sorortitat o sigui que segons el meu parer són benvingudes totes. És més, ell no va tenir miraments amb mi, així doncs ni m’importa com està, ni si ha millorat la seva actitud ni res. Cap mirament amb els maltractadors.
-En el mateix sentit voldria que es respectessin a totes i cada una de les companyes que proposin debatre la qüestió dins els seus col·lectius. I que aquests no imposin els seus temps o males dinàmiques a l’autodefensa i la sororitat.
-No vull ser arrossegada per tempos que no siguin els meus o per protocols (altra cosa és que cada col·lectiu vulgui aplicar-lo internament). Les meves postures davant els agressors sempre han sigut clares i ara no varien: fora agressors dels nostres espais. En aquest sentit tota conversa encarada al suport mutu i a ajudar-nos entre nosaltres sempre serà benvinguda (i així ja ho he expressat)
-M’agradaria emplaçar a la reflexió a totes aquelles persones i col·lectius que sabien dels episodis concrets o bé del maltractament i fugida del barri i no només no hi van fer res sinó que mai m’han preguntat com estic. I de pas extrapolar a la resta de col·lectius en cas que en casos d’agressions hagin reaccionat igual o pitjor. Esteu col·laborant a que les agressions es repeteixin.
-M’agradaria apuntar que no es tracta de rebre disculpes, o no només, i parlar de culpes valgui la redundància. No perquè no resulti terapèutic un “ho sento” sinó perquè la culpa no ens mou, el que ens mou a canviar les situacions és l’assumpció de responsabilitats.
-I de pas ja que hi sóc i sent conscient que això va passar en un moment en que no teníem tantes eines, cosa que explica però no justifica res, voldria fer una aposta clara i pública que espero que sigui una aposta de totes, per l’autodefensa feminista i l’acció directa com a eines de transformació real, des de l’autonomia, sense representacions, ni delegacions ni mediacions, i decidint nosaltres mateixes quan i com volem respondre. Al cap i a la fi se’ns ha espoliat la capacitat de definir el nostre present i el nostre futur i només des de l’autoorganització i l’acció directa ho recuperem.
Acabar dient que tot boicot al Gerard i a qui l’encobreixi és benvingut naturalment, com diem en altres lluites: per tots els mitjans que siguin necessaris!!
Visca l’Autodefensa Feminista!
A l’agressor, ni oblit ni perdó!

Mireia Redondo Prat  (molt ben acompanyada)